SpaceTrip Festival: El primer despegue
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SpaceTrip Festival: El primer despegue

SpaceTrip Festival: El primer despegue

sábado 04 de mayo, 2019

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Escrito por: Matías Burgos

Hace poco más de un mes, con Alásido nos invitaron a tocar en un concierto autogestionado que se iba a hacer en una parcela con harto pasto y sombra, ubicada en Lonquén. Con su nombre, Spacetrip Festival, ya me imaginaba cómo iba a estar la cosa, pero fue cuando vi el cartel que supe que sería una jornada potente e interesante. Una lista que incluyó a Yajaira, Vago Sagrado, Travis Moreno, Vorágine, Los Tábanos Experience, Pies De Plomo, Cola De Zorro, Odio Sensible, Maff y Psychotropics, en casi 14 horas dedicadas a invocar a todos los espectros que compartieron el ímpetu de hacer un viaje sonoro.

El lugar estaba inserto en un pueblo rural, al fondo de un pasaje rodeado de vegetación, pero también cercano a algunas casas que más tarde lamentarían nuestra presencia. El patio de la propiedad, que tenía una casa en medio, estaba parcelado en una cancha donde se instaló el escenario, junto a otro sector en el que había juegos infantiles de madera. Ahí se puso un punto de venta de hand rolls, la barra y un food truck de comida chatarra. El sol de un cielo despejado nos dio una agradable bienvenida y calor para absorber, antes de que cayera la noche donde solo quedaba abrigarse por dentro.

Con algo de retrasos esperados para una primera versión, hubo tiempo para saludar a las bandas que habían llegado y se atendían con relajo, compartiendo cervezas heladas junto a los cuetes que sacaban orgullosos los cosechadores. A eso de las 5, tras una introducción sonora del guitarrista de Maff que entretejió sonidos interestelares con sus efectos, comenzó Odio Sensible, enchufando inmediatamente la mente en disonancia de pantanoso punk pesado. Tomando ese impulso subió Vorágine, que puso el escenario más hacia el lado del rock marihuano y riffero, bien acompañado de la pilsen con la energía de la luz de día.

Los Tábanos Experience son, a estas alturas, un ensamble de improvisación a tres guitarras (con la reciente incorporación de Tostao, quien también toca en Nébula y ese día celebró su cumpleaños), más la voz de la frontwoman de Psychotropics. Fueron tomando vuelo de a poco, alcanzando altos puntos furiosos y otros luminosos, reflejando lo bien que lo pasan todos juntos en el escenario. A momentos, se sentía como si nos incluyeran a todos en el rumbo que tomaba la música.

Con Alásido subimos, instalamos, seteamos los amplificadores, afinamos los instrumentos y, mientras miraba desde el escenario como caía la noche y subían las estrellas, una luz roja e intermitente en el horizonte me hizo bajar la vista. Los pacos, en la puerta, pedían explicaciones sobre qué estaba pasando que hay tanto ruido. Así pasaron algo así como 10 minutos que se sintieron como 500, hasta que al fin pudimos comenzar. Desde mi lugar, con un Roland JC 90 en la oreja proyectando la guitarra del Nico hasta el infinito, la verdad no escuché mucho cómo salió. Pero el consenso posterior fue que puta que lo pasamos bien.

Acomodados con chaquetas para no perder calor, vimos brillar a Travis Moreno, una banda que mejora con el tiempo y en vivo se asegura de sonar sólida. Algo así como un virtuosismo desinteresado, combinando ritmos y tonos que cambian de color a cada momento, es lo que suena de fondo mientras su vocalista semidesnudo se pasea ansioso por el escenario, buscando y encontrando inspiración. Maff, la banda donde el anfitrión de la fiesta toca el bajo y quien se veía cansadísimo pero en su salsa (un sentimiento que comparto, no sabes cuánto), calmó un poco las cosas dentro del vaivén alucinógeno que goteaba en las cabezas a esa hora, agradable para matizar.

Cuando tocó el recambio de músicos, uno no bajó del escenario y sólo se movió hacia el otro extremo. El organizador, ya con más vuelo, se puso una guitarra y marcó los acordes mientras la vocalista de Psychotropics cantaba con intensidad letras en inglés, una apuesta pop dentro del line up que estuvo precisa. Después, todo cayó como un martillo con el golpe de Pies de Plomo, moviendo el suelo bajo nuestros pies con blues monolítico, preparando la pista para lo que vendría después.

 

Ver a la formación original de Yajaira, con Sebastián “Flecha” Arce de vuelta en la batería, fue emocionante más que todo por la potencia renovada que trajo el reencuentro. La gente, por fin agolpada delante del escenario, no permitió que las nuevas dos visitas que la policía hizo en medio del set pararan esta celebración. El bajo de Comegato, junto con los lisérgicos riffs, me hicieron pensar en Cream y lo que deben haber sentido los que presenciaron su reunión en 2005. Lo creo igual de trascendental, igual de increíble.

Quizás lo único criticable, fue que el espacio de electrónica sonaba demasiado fuerte mientras tocaban las bandas, molestando demasiado entre canciones y bajando un poco el espíritu. Sin embargo, los músicos fueron más y Cola De Zorro supo superarlo, con la destreza de su intrincado rock progresivo en los espectros de la madrugada. The Slow Voyage, los primeros en llegar al alba del día anterior, fueron los penúltimos en tomarse la tarima. Su bajista, puesta al medio y siempre dando la espalda, mantuvo un tempo perfecto mientras todo flotaba y se revolvía a su alrededor, en un acto colectivo de resistencia y aguante.

4 de la mañana y Vago Sagrado, el trío que supo mantenerse en pie hasta esa hora, subió para presentarse ante los que aguantamos hasta esa hora. Después de tropezar un poco con “Hermanos”, debido a problemas de sonido, se lanzaron a la inmensidad con un set que tuvo los mejores temas de su nueva producción, “Vol. III”. El festival tuvo el final que se merecía, con la euforia de las cuerdas golpeando el aire y los gritos de catarsis que derramó Parra, entre vítores de nuestras revitalizadas manos.

Lo que vino después fue un amanecer de risas, bastante sinsentido pero mucha sana diversión. No hubo peleas ni discusiones, nadie tirado en el suelo inconsciente, nadie molestando a los demás, solo una comunión en tonos azules y amarillos de la amanecida. Vi muchos abrazos, expresiones de amor y de auténtico aprecio por el arte del resto, además de alguien que enseñaba a fumar sin papeles ni pipas, directo del puño cerrado.

En su primera versión, obviando las descoordinaciones y las visitas de los pacos que parece no tenían otra emoción esa noche, Spacetrip demostró que existe lo más valioso para hacer que algo así perdure y avance: la gente, las ganas, una curatoría alucinante y bandas para amanecerse disfrutando de la naturaleza.

Fotos: Rodrigo Damiani

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Matías Burgos
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