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Sitio Eriazo – Quemar las naves (2016)
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Sitio Eriazo – Quemar las naves (2016)

Jueves 20 de Abril, 2017

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Escrito por: Diego Rosas

Un baño de tinta que se convierte en el trazo… el ruidoso trazo que compone una críptica figura. Ésa es la imagen de la portada de Quemar las naves, disco que en sus casi 60 minutos de duración, desemboca canciones capaces de diluirse en varias direcciones. Sitio Eriazo, con la intención que reúne a sus miebros, nos brindan a través de su lenguaje musical, algo más inclinado hacia lo visual, y apoyándose en múltiples fuentes de inspiración, nos proponen abocarnos a la imaginación.

Un bajo recalcitrante cronometra el minutero. Moribundas notas comienzan a colgarse en compañía de la taciturna voz de Camilo Becerra. Así se da inicio con Acostumbrémonos a bailar en las llamas, que con un sonido de reclusión, deja entrar las sombras. “Bailemos al son de las llamas”. Su puente con los siguientes temas como Caminos de pólvora, definen un sonido más funerario, con obituarios y pantanos donde los ancestros del doom y dark ambient deambulan, en contraste con una salvaje en percusión, “hoy más que nunca quisiera desenterrar a mis muertos para abrazarlos con fuerza”.  Le sigue Cuando todos se van, con punteo de guitarra asfixiante y deprimente, es el reflejo de un deslucido espejo. Aparecen muestras de noise y el escenario se transforma en un cementerio de semáforos, una vía de “luces apagándose”.

Mañana me levanto tributa la placa de la banda, con audios domésticos y arpegios lentos que pasan al riff hardcore y nos recuerdan al post-rock de la primera ola. Esta vertiginosa pieza, nos trae el extremo vivencial de lo cotidiano, el mañana trasgresor del ahora. Los próximos temas como Paracaidistas, Jugando con cuchillos y Lagarto, recalcan lo aislado y lo ajeno lo social. Se unen voces anónimas, algunos motoriks y guitarras empujando hacia lo agresivo, apoyado en líneas de bajo distorsionadas y superposiciones de diálogos.

Avanzando, Atardece (Y nos cortaron la luz), nos hace saborear lo tedioso, nos obliga a contemplar el viejo tapiz de muralla, a pararte frente al pórtico para absorberte por la neblina. La Fábrica continúa el aire de pesadumbre, haciéndonos llegar hasta el terreno baldío, donde la locura toma cuerpo, para que luego Estatua, canción propia de un astillero, cierre con su oda a la competencia y la avaricia.

Nos dejamos inocular por este adjetivo de muerte calmada. Siendo atractivo y cuidadoso en ciertos arreglos de composición, la “repetición” no es problema para este trabajo. Con títulos y letras atractivas, puede resultar complejo y algo solemne en su deleite, pero no del todo cuando se reconocen sus desquites e ironías. Quemar las naves es así, una creciente camanchaca en la esfera de la otra música; la música del fotograma en escala de grises y copiosa de narrativos repliegues.

 

Sitio Eriazo – Quemar las naves (Inglés)

An ink bath that makes the blow … the noise blow that constitutes a critical figure. That is the cover image of Quemar las naves, a disc that in 60 minutes, contains songs able to dilute in several directions. Sitio Eriazo, with the intention of its members, offer us through a musical language, something more inclined towards the visual, and supporting in multiple sources of inspiration, they propose to us focus on the imagination.

A recalcitrant low watches the minute hand. Moribund notes begin to hang in the company of the taciturn voice of Camilo Becerra. Thus begins with Acostumbrémonos a bailar en las llamas, which with a sound of seclusion, let the shadows enter. “Bailemos al son de las llamas”. His bridge with the following themes as Caminos de Pólvora, define a more funerary sound, with obituaries and swamp, where the ancestors of doom and dark ambient wander, in contrast to a wild percussion, “hoy más que nunca quisiera desenterrar a mis muertos para abrazarlos con fuerza”. It follows Cuando todos se van, with stifling and depressing guitar score, it is the reflection of a dingy mirror. Noise samples appear and the stage is transformed into a traffic light graveyard with “luces apagándose”.

Mañana me levanto tribute to the band’s plate, with domestic audios and slow arpeggios that pass to the hardcore riff and remind us of the post-rock of the first wave. This vertiginous piece, brings us the experiential extreme of the daily, the transgressor tomorrow of the now. The next songs as Paracaidistas, Jugando con cuchillos and Lagarto, emphasize the isolated and the distant to the social. Anonymous voices are joined, some motoriks and guitars pushing towards the aggressive, leaning on distorted basslines and dialog overlays.

Moving on, Atardece (Y nos cortaron la luz), makes us savor the tedious, forces us to contemplate the old wall tapestry, to stand in front of the portico to absorb you in the fog. La Fábrica continues the air of regret, making us reach the vacant lot, where madness takes shape, so that Estatua, a shipyard’s own song, closes with its ode to competition and greed.

We let ourselves be inoculated by this adjective of calm death. Being attractive and careful in certain composition arrangements, “repetition” is no problem for this work. With attractive titles and letters, it can be complex and somewhat solemn in its delight, but not at all when its recklessness and ironies are recognized. Quemar las naves is like that, a growing camanchaca in the sphere of the other music; The music of the frame in grayscale and copious of narrative folds

Diego Rosas
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