Campanario: La vuelta desde el sarcófago
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Campanario: La vuelta desde el sarcófago

Campanario: La vuelta desde el sarcófago

jueves 13 de junio, 2019

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Escrito por: Matías Burgos

Para los arqueólogos de bandas chilenas perdidas en el tiempo, dedicados a navegar a través de los blogs buscando links de descarga, la historia de Campanario aparece incompleta y con un final incomprensible. Diez canciones, todas grabadas de conciertos en la mitad de los años ochenta, arman un compilado pirata que une las vertientes del jazz, el folclore y el rock progresivo, tocadas de forma excepcional y con gran energía. Ninguna llegó a ser parte de un disco, hasta ahora.

Impulsados por las puras ganas de hacer música, los tres miembros originales del conjunto, más un baterista amigo, decidieron juntarse para cerrar el ciclo inconcluso. Ayudados por el productor musical de 31 años, Danilo Font, “Desde El Sarcófago” fue grabado un soleado día de octubre de 2017 en la Plaza de Rodeo Municipal de Maipú, su comuna de origen, donde todos juntos al aire libre registraron temas viejos y nuevos.

Representando al conjunto formado por Francisco Provoste en guitara y voz, Heraldo Barahona en el bajo, Alexis Rivera en la batería y Patricio Jáuregui en las teclas, este último conversó con Sonidos Ocultos sobre las lagunas del pasado, el sonido del presente y el futuro incierto de Campanario.

Sonidos Ocultos: Podríamos partir por relatar un poco la historia, que pocos conocen.

Pato Jáuregui: Nosotros empezamos el año 81 y tocamos hasta el 86. Recorrimos hartos escenarios, pero no viajamos por todo Chile ya que eran tiempos complicados en plena dictadura y nuestro canto, aunque no era revolucionario, sí tenía letras y música “encubierta”. Tenemos un tema que dice “Arranca, arranca, que vienen tirando agua”, pero como no sonaba a Quilapayún, no era tan evidente para ellos.

SO: ¿Dónde fueron los primeros ensayos y creaciones?

PJ: Empezamos aquí, en Maipú, porque tenía una sala donde podíamos ensayar en mi casa. Yo tenía como 18 o 19 años y salí tarde del colegio, me echaron de uno y de otro porque me dedicaba solo a la música, me gustaba esta hueá como desde los 11. Ya componía mis propios temas y los juntamos con los del Pancho, que estaba armando esta banda.

SO: ¿Qué estaban escuchando en ese tiempo?

PJ: Chucha, a ver… No soy muy rockero de gustos, escuchaba Congreso, Los Jaivas, de hecho, mi piano es jaivesco en parte porque me críe escuchando esas hueás, Quilapayún, todo eso. Nosotros éramos de izquierda, vengo de ahí, pero también escuchaba músicos clásicos chilenos, como Guillermo Rifo, que tiene toda esa mezcla con el jazz y el folclor. Es un poco lo que nosotros hacemos después, nos vamos para ese lado.

Pancho estaba bien influenciado por el rock argentino de Charly García y Spinetta, eso quedó en los primeros temas pero un poco más desquiciados, porque nos desquiciamos más. No los dejamos tan bonitos, piensa que partimos con piano de palo que le digo yo al de cola, una guitarra acústica de 12 cuerdas a la que le pusimos una cápsula, batería y bajo, algo más orgánico.

SO: No pasaron por esa etapa de hacer covers, se lanzaron con lo propio al toque

PJ: Puta, yo mismo me hice covers. Éramos exactamente lo contrario, desde el principio tuvimos temas.

SO: Al final la banda, aunque no era de izquierda o politizada, ¿estaba enmarcada en ese sector, o no?

PJ: Iba por el lado de la solidaridad, de que en este país fuera mejor la repartija, más bien por eso. Pero nadie de nosotros estuvo adscrito a un partido político, aunque yo sí trabajé un tiempo para la Comisión de Derechos Humanos. De hecho, tocamos en la recepción cuando vino en 1986 el senador estadounidense, Ted Kennedy, para apoyar la democracia y que Pinochet saliera de una vez.

SO: Eso fue en las últimas de Campanario…

PJ: Sí, en esas.

SO: Dijiste que tocaron en varios lados. ¿Dónde recuerdas que se presentaron?

PJ: Pasamos por el Court Central del Estadio Nacional, el Teatro Grand Palace, el Casino de Viña Del Mar, el Manuel Plaza. Y también concursamos en el programa de televisión, “Magnetoscopio Musical”, donde salimos segundos en una competencia de cantautores, aunque tuvimos que cambiarle el nombre al tema, “En los Desórdenes de Junio”, porque en ese mes había quedado la cagá con protestas acá en Santiago. Le pusimos “Desconocidos Sustrajeron” y más encima era instrumental, pero nos fue bien igual.

La vez del Court, en el festival 6 Horas de Rock, compartimos escenario con Congreso, recuerdo que yo era pendejo y toqué con el piano de ellos. Años después, terminé haciendo el video original de “En Todas Las Esquinas”

SO: Todo iba la raja, entonces. Tocaban bien, con presentaciones destacadas y contaban con mucho repertorio. ¿Qué pasó que no se grabó un disco y se separaron?

PJ: Tuvimos conversaciones con sellos, no me acuerdo cómo se llamaban, eran grandes en Chile. Pero yo me empecé a trabajar en lo audiovisual en un tiempo en el que había que mover la banda, pero nadie la movió. Se estancó y ahí quedó.

SO: Llegaron las propuestas y quizás los demás también estaban en otra.

PJ: Sí, tomaron una micro más propia. Estábamos en la edad en que todos teníamos que trabajar.

SO: Eso explica el fin de Campanario en los ochentas, entonces. Cambiaron las prioridades

PJ: En simple, para no dar más explicaciones, sí.

SO: Y en el correr de los años, ¿siguieron viéndose?

PJ: Cada uno hizo música a nivel personal. Yo me dediqué a lo audiovisual, pero también hice un disco con Tito Escárate. Con Pancho siempre seguimos en contacto, nunca hablamos de armar el cuento de nuevo. Después, él, Barahona y Rivera tenían una banda, hasta que me dijeron “oye, hagamos Campanario otra vez”.

Los primeros ensayos fueron bien extraños, porque sumamos un charanguista en una onda más bien hippie, además de una chica que hacia los coros. La cosa decantó, empezamos a pelar el choclo y quedamos los cuatro, nomás.

SO: Además, sumaron a Dani Font en la producción, lo que ayudó en el proceso…

PJ: Estábamos buscando a alguien y conocimos al Dani. Él tenia equipos en su casa, algo cachaba de música y se subió al tren súper bien, de forma profesional.

Hicimos primero una grabación en su estudio, por pistas, con los instrumentos separados. Pero hay una diferencia tan orgánica entre eso y en vivo, la fuerza, todo eso que se perdía. Después probamos una canción en el patio de mi casa, a la primera y de una, lo que nos dio la idea.

Grabamos acá en la medialuna de Maipú, por un tema histórico, fue un centro de detención y tortura, un lugar con todo un cuento. Estuvo bueno, pero nos pusimos una tirada muy grande porque quisimos grabar 11 temas en un día, lo que conseguimos al final.

SO: ¿Cómo describirías el álbum?

PJ: Los temas, nuevos y viejos, tienen los arreglos compactos de lo que queremos mostrar en vivo, ya que para nosotros es importante sonar igual. Hay algunas cosas con efectos que lo modernizan un poco, pero yo diría que seguimos una misma línea, se nota que somos los mismos hueones tocando.

Creo que para la gente todavía es extraña esta música, no es tan simple de digerir. No lo veo para un público masivo.

SO: ¿Tienen planes de tocar más en vivo, entrar al circuito con bandas más jóvenes?

PJ: En los bares vamos a probar, pero no es la idea quedarnos en esos lugares donde siempre es “a veces bien, a veces mal”. No tenemos ese ímpetu de ir a tocar donde sea, vamos a ver la fortaleza de la banda, no es tan fácil, se me están poniendo viejos los jugadores, ja, ja, ja. Ya cumplimos la etapa de sacar el disco, ahora yo creo que nos tenemos que sentar a ver de qué se va a tratar esto. Vamos a ver para dónde vamos y qué tiempo tenemos.

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Matías Burgos
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