Ozzy Osbourne: La carretera sin fin (Parte 2)
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Ozzy Osbourne: La carretera sin fin (Parte 2)

Ozzy Osbourne: La carretera sin fin (Parte 2)

domingo 17 de octubre, 2021

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Escrito por: Francisco Quevedo

“Un tipo de fortaleza muy especial que es más grande que King Kong y Godzilla combinados…en serio, ¡es duro como las uñas, hombre!”

Zakk Wylde

Después de quedar a la deriva y fuera de la maquinaria de Black Sabbath, Osbourne estuvo tres meses encerrado drogándose y emborrachándose sin motivo alguno. Es en este momento de su vida en que la figura de Don Arden se hizo más paternal que nunca. El entonces manager de Black Sabbath creía ciegamente que Ozzy podía entregar más y grabar nuevo material.

Con esa idea entre ceja y ceja, Arden envío a su hija, Sharon, futura mediática señora de Osbourne a acompañar al vocalista a Los Ángeles. En las tratativas, Don Arden le propuso que formara un grupo llamado “Son of Sabbath”, opción que Ozzy desechó de inmediato. En paralelo, Sharon trataba de que formase un supergrupo con, entre otros, el guitarrista Gary Moore. Sin embargo, Moore descartó la oferta.

El despegue

Todo se encaminó en el año 1979 al formarse el grupo “Blizzard of Ozz”, nombre que surgió de una antigua sugerencia de su padre. La primera formación incluyó a Lee Kerslake en las baquetas, Bob Daisley en el bajo, al tecladista Don Airey y al guitarrista Randy Rhoads, piedra angular de esta etapa en la carrera solista de Osbourne. El disco debut, titulado simplemente “Blizzard of Ozz” fue un éxito inmediato, tanto en ventas como en críticas. Ozzy había despegado nuevamente.

Luego vendría la segunda placa, “Diary of a Madman”, sindicado por muchos como el mejor disco de la carrera de Osbourne. De hecho, la canción Flying High and Again es la favorita de Ozzy, según reveló en su autobiografía. Pese a todo, el año 1982 marcó un punto de inflexión en la vida de Ozzy. En marzo de ese año y en medio de la gira para promocionar el disco, se produjo un accidente aéreo en Florida, Estados Unidos, que le costó la vida a Randy Rhoads. Esta tragedia causó un fuerte efecto en Osbourne, cayendo en una depresión profunda y que, de paso, obligó a cancelar el tour.

Sin embargo, cual fénix, Ozzy y su gira volvieron en abril de ese mismo año. Todo este periplo culminó con la publicación de un disco en vivo titulado “Speak of the Devil”. Un año después, con una nueva formación, grabó el disco “Bark at the Moon”, álbum que también fue un éxito. La carrera de Ozzy se mantenía en el carril correcto.

Luego vendrían “The Ultimate Sin” (1986), disco que lo mantuvo en la cima, y “No Rest for the Wicked” de 1988 (y primero con Zakk Wylde en la guitarra). Todo sucedía mientras Ozzy abusaba de las drogas y el alcohol en un espiral destructivo, en el que llegó a declarar que “la puta sobriedad apestaba”. Su carrera estaba en la cresta de la ola.

La maquinaria Osbourne crece y crece

El éxito cosechado durante los ochenta sustentó la carrera de Osbourne hasta niveles insospechados. Tanto, que los noventas comenzaron con el mega ventas “No More Tears” del año 1991. Este álbum encumbró la exposición mediática de Osbourne. No obstante, cansado ya del circo del espectáculo en torno a su figura, Ozzy decidió abandonar los tours una vez que terminara la gira de ese álbum bautizándola irónicamente “No More Tours”. Todas estas presentaciones quedaron registradas en el disco Live & Loud de 1993.

Pero Ozzy es incombustible. La intención de no girar más le duró menos de dos años. Ya en 1995 volvió a los estudios y grabó “Ozzmosis”, álbum en que su compañero de siempre, Geezer Butler, las ofició de bajista y quién ya lo había apoyado durante la gira del disco “No Rest for the Wicked” a fines de los ochenta. En la gira, Ozzy nuevamente jugó con el retiro titulándola “The Retirement Sucks Tour”. Esta gira lo trajo por primera vez a Chile. En un colmado Teatro Monumental (hoy Caupolicán), Ozzy despachó un setlist que combinó hits de su carrera solista e himnos de Black Sabbath. Sería la primera de varias visitas a estos terruños.

En paralelo, la industria alrededor de Ozzy crecía y crecía. Ozzfest fue el mayor hito de esta etapa y le generó cuantiosas sumas de dinero a su cuenta bancaria. Toda esta maquinaria era administrada por Sharon, especialista en multiplicar los dólares que producía Ozzy. Esta plataforma musical fue el trampolín para muchas bandas que nacieron en aquella la época (y no tanto también). Osbourne fue cabeza de cartel del festival hasta el año 2005, cuando anunció que no volvería, pero, como ha sido una constante en la vida del brummie, en 2006 volvió a encabezarlo. Finalmente, Ozzy tocó por última vez en Ozzfest en 2010, junto a Mötley Crüe y Halford, banda del vocalista de Judas Priest, Rob Halford.

Junto al desarrollo de estas actividades, Ozzy continuó lanzando álbumes en la década del 2000: “Down to Earth” (2001) y “Black Rain” de 2007. El primero tuvo éxito y remató con una recordada presentación en Budokan, Japón, que se lanzó como disco. El segundo mostró una faceta más serena, más veterana y más reposada de Ozzy. Las críticas fueron de dulce y agraz.

Durante esa década, la vida de Ozzy dejó algunos capítulos memorables. Su accidente en el año 2003 en que se quebró la clavícula, una vértebra y ocho costillas, por poco lo mata. Además, tuvo que lidiar con algunos problemas relacionados con la memoria a corto plazo. Pero eso no fue suficiente para acabar con Ozzy. Volvió y encabezó el festival Ozzfest.

Los registros que dejó el reality “The Osbournes” dieron para todo. Se mostraba a un Ozzy paseando perros chihuahuas y parecía más ido que nunca. Una escena previa a un concierto en que se quejaba porque lanzaban burbujas en un ensayo es tragicómica. “No se pueden lanzar burbujas, soy el maldito “Príncipe de las Tinieblas””, reclamaba Ozzy.

En el año 2009 se acabó su sociedad musical con Zakk Wylde, que a esas alturas ya tenía su carrera solidificada liderando Black Label Society. Esto no impidió que, en la última década, Ozzy siguiera dando que hablar con su música. “Scream” (2010) y “Ordinary Man” (2020) han sido los últimos misiles. Ambos tienen momentos destacables, pero no gozan de la solidez de antaño. En 2018, inició una nueva gira titulada “No More Tours II” declarando que esta si era su gira final. Puede que así sea, pero con Osbourne nunca se sabe.

Como si todo esto fuera poco, salió de gira reunión con Black Sabbath y grabó un disco (“13”, 2013, el primero inédito en 35 años). El loco periplo llegó a su fin en la natal Birmingham en febrero del año 2017. Estos shows fueron registrados en un disco llamado “The End”. En esta etapa visitó Chile en dos ocasiones (2013, estadio Monumental y 2016, estadio Nacional).

A estas alturas del camino, a Ozzy ya no se le pude pedir más. Hijo ilustre de Birmingham, primera estrella del paseo de la fama de su ciudad, miembro del salón de la Fama junto a sus amigos de Black Sabbath, dos matrimonios, padre de cinco hijos, múltiples visitas a doctores por las más variadas razones, giras que anuncia que serán su última y sigue y sigue, controversias por canciones, acusaciones de satanismo y de incentivo al suicidio, anécdotas que involucran palomas y murciélagos, arrestos y escándalos públicos, montañas de droga, fiestas interminables y mucho desenfreno han marcado su vida. Si bien la carretera tiene baches en el pavimento, aún no muestra ninguna señalética que indique el fin. Al parecer, Ozzy no conoce el significado de la palabra final.

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