Samuel Maquieira: “El rock tiene que ser medio peligroso”
espera un momento...

Samuel Maquieira: “El rock tiene que ser medio peligroso”

Samuel Maquieira: “El rock tiene que ser medio peligroso”

miércoles 03 de mayo, 2017

Este artículo ha sido visitado 862 veces, de las cuales 1 han sido hoy

Escrito por: Matías Burgos

Desde 1993, la guitarra de Sam ha sonado en algunas de las bandas más reconocidas del rock chileno del último tiempo. Ya sea tocando pesados y humeantes riffs con Yajaira, melodías viajeras con The Ganjas o desgarrando las cuerdas con furia en Wild Parade, el músico de 40 años no ha dejado de componer y experimentar con los diversos sonidos que le apasionan. Aquí, Sam habla sobre su nuevo disco en solitario, los proyectos que se vienen con sus bandas y de cómo fue abrir para Guns N’ Roses y Black Sabbath en menos de un mes, además de dar su mirada sobre el pasado y presente del rocanrol en nuestro país.

 Acabas de lanzar “Lost Songs Vol. I”, tu primer trabajo solista después de 24 años tocando en bandas. ¿Cómo surgió la idea de hacer este trabajo?

Este es un proyecto que nació como iniciativa de Álvaro Daguer, director del sello ETCS Records. No fue concebido como un disco solista exactamente, este volumen 1 consiste en una selección de caleta de hueás que he grabado a lo largo de los años, a modo de demo, para que no se me olviden las ideas. Son canciones que registré a cuatro pistas en cassette, entre el 2003 y 2005 más o menos, que rescatamos con Álvaro para publicarlas en ese mismo formato. No las editamos ni nada, por eso tiene un sonido lo fi y hay temas que suenan como bosquejos, algunos son imposibles de tocar exactamente igual en vivo ya que tienen afinaciones raras de las que ni me acuerdo, ja, ja, ja. También se va a lanzar en Perú por Necio Records y vamos a sacar el volumen 3, ya que el dos está perdido en alguna parte, que cubre el período después del 2005.

 ¿Qué te pareció interesante de desempolvar estas canciones después de tanto tiempo?

Hubo interés en editarlo y para mí fue la raja hacerlo. Tiene la gracia de que es un formato más demo, no tan pensado como disco estrictamente, entonces le da un valor recopilatorio que es cubrir un período interesante personalmente. Hay gente que le gusta porque tiene de todo: hay temas acústicos que surgieron de tomar la guitarra de palo en un momento y capturar una idea espontánea, buscando riffs. Algunos después quedaron como temas de The Ganjas, Yajaira y The Versions. Yo grabo mucho porque no sé escribir música y es la única manera de acordarse de las hueás, sobre todo después de fumarse un tronchazo y tocar lo que se te ocurre, ja, ja, ja. Un computador, un teléfono, una cassettera, todo sirve para hacerla. A veces ocupé algunas bases que armé en una batería electrónica prestada.

 ¿Vas a tocar estos temas en vivo?

Lo hice una vez en el patio de la Universidad de Las Américas, invitado por el Álvaro, donde toqué algunas de estas canciones y otras improvisados en guitarra acústica. No consiste en presentarlo formalmente, sino que en pasarlo bien un rato haciendo algo nuevo. Es como lo hicimos al principio en The Versions, que tocábamos en formato acústico, ahí puede haber un nexo sonoro con este trabajo ya que usé la misma guitarra de doce cuerdas.

 WILD PARADE: UNA VORÁGINE DE RIFFS

 Aunque llevan poco tiempo, Wild Parade ya ha editado tres discos y tocan harto en el circuito santiaguino. ¿Cómo ha ido tomando vuelo la banda?

Se dio de manera muy natural cuando la formamos con el Antaños (bajo). Yo andaba hace rato con la vena de hacer algo más heavy, thrashero y rápido, entonces él fue el perfecto partner para realizarlo. En un principio tocamos con Iván Molina en la batería, pero por hueás de tiempo tuvo que salir y ahí entro el Nes, en ese momento se afianzó perfectamente la banda. Empezamos a tocar y todo fluyó rapidísimo, en un ensayo hacíamos dos o tres temas de una. Hubo una vorágine de riffs que concluyó en lo que es Wild Parade hasta ahora y ya estamos pensando en grabar el cuarto álbum. Nuestros discos no son muy largos, tienen cinco o seis temas porque nuestra música es tan agresiva que con una media hora sonando ya logramos la idea.

 Tus letras en esta banda hablan de un futuro apocalíptico, tocando temas políticos y sociales que no habías cubierto anteriormente. ¿Qué te motivó a escribir sobre eso?

Es un poco de protesta por lo que está pasando en este mundo medio futurístico en el que  vivimos ahora. Para cantar y gritas estas hueás es bueno tener letras “fuck off” y calzan con como creo que tiene que sonar la banda. Me vacilo todo eso ya que soy muy fanático de los comics, rayo con estas temáticas y también con lo que está pasando: el control que tienen las autoridades, que saben todo lo que haces por medio de los computadores, los drones. Es un tipo de futuro que para mí, de niño, era algo impensable y ahora es una realidad. Es bien culiao vivir en este escenario y de eso surgen varias letras que sirven para estos riffs psicóticos.

 Su sonido se aleja bastante de lo que son los proyectos paralelos de cada integrante: Antaños con Suum, Nes con Hell Gang/Chicos de Nazca y tú, con The Ganjas y Yajaira, entre otros. De texturas más melódicas y tranquilas, pasan a este sonido crudo y rápido. ¿Es una especie de desquite, de liberación de energías?

Sí po, para mí es como volver a la esencia. Jusolis, mi primera banda, era bastante agresivo porque en esa época escuchábamos puro thrash y lo que era el principio de la era noventera con el grunge. Eso fue lo que me tocó en la adolescencia y jamás me ha dejado de gustar. De ahí viene el espíritu de Wild Parade, con riffs pesados, rápidos y muy violentos.

 En los inicios de Yajaira y The Ganjas, pasaste por todo tipo de antros y bares de mierda para llegar a tocar en escenarios más favorables. Ahora con Wild Parade te toca de nuevo desde abajo. ¿Fue como volver a esos tiempos más duros?

Claro que sí, es divertido igual porque me gusta esa hueá. Tocamos con grupos nuevos y se produce una onda bien chacal con esta banda, es otra energía y es algo más visceral, lo pasamos la raja. El fin de Wild Parade es ese, vacilar el metal y pese a que los tres escuchamos de todo, nos encontramos en este sonido violento que produce que la gente lo pase bien con nosotros en las tocatas. Eso se agradece en estos tiempos en los que hay demasiadas banditas pop, claro que el rock se mantiene en su nicho pero siempre es bueno renovarlo con algo fresco. El rock tiene que ser medio peligroso, si no no calza mucho la hueá.

 Sin duda, un momento importante para ustedes el año pasado fue cuando telonearon a Guns N’ Roses en el Estadio Nacional. ¿Se esperaban tan buena recepción de un público reconocido por ser exigente?

Fue heavy, abrir para Guns es algo que jamás hubiese pensado hacer en la vida. Con cuea nos conocía el 1% de los 60 mil hueones que habían, cuando nos subimos ya estaba casi lleno. Teníamos que dar la vida, si estay tocando en el Estadio Nacional no puede ser de otra forma y por suerte sonó bien, la gente apañó con todo. Esto no era un Lollapalooza en el que va todo tipo de personas, sino que era un concierto netamente rockero y salimos ultra felices de que haya habido feedback con esta banda X que nadie cachaba. Hubo conexión con el público, mucha energía y eso fue impagable. El escenario era kilométrico para los tres y tuvimos que tocar con “in ears”, un sistema de retornos que se usa en estadios grandes y que es incómodo para los que somos nuevos. Los teloneros nunca tienen tiempo de probar sonido y hay que ir a la pelea nomás, no se escuchaba perfecto desde arriba pero algo sonaba y salió la raja al final.

 Desde hace un tiempo que en Chile hay un interés especial por tocar y escuchar sonidos psicodélicos, desde el stoner a bandas más experimentales que han destacado aquí y en el extranjero. ¿Por qué crees que se da esto?

La cagó que es verdad y es algo relativamente reciente, que lleva unos siete años. Aparte de que aquí los hueones son buenos pa’ quemar, el internet abrió la posibilidad de que escucharan esta música aunque no suene ni en la radio ni en la tele, donde no pasan a Sleep, Kyuss, Electric Wizard o Fu Manchu. Además, es fácil tocar en esta onda porque es lento, no como el metal que es más técnico y no podí tocarlo tan volao, ja, ja, ja. Es una hueá gozadora que salió del chileno y que aprendió a apreciar este sonido. Cuando la juventud descubre la marihuana y la música pesada, es algo que no falla. Y ahora todos tienen acceso a buenos equipos de sonido, ver un amplificador Orange a tubos no es tan raro, antes conseguiai un Marshall Valvestate de 15 watts y era la cagá. Hoy estamos llenos de hierba y fumando mejor, por ahí quizás va la cosa.

 THE GANJAS Y YAJAIRA: VOLVIENDO AL RUEDO

 Después de un tiempo, están volviendo a sonar con The Ganjas. ¿En qué andan actualmente?

Volvimos con nuevo batero, el Nes, quien nos acompaña desde el año pasado y que calzó muy bien porque cacha mejor que nosotros los temas. Estamos componiendo y preparando un disco nuevo que ojalá salga antes de que se acabe el año, además de armar algunas fechas en vivo. Volviendo al ruedo pero tranquilos, ya que principalmente queremos armar el álbum.

 Tu segunda visita al Estadio Nacional en menos de un mes fue con Yajaira, abriendo para Black Sabbath. Muchos celebramos la noticia ya que parecía lo más apropiado para la ocasión, como máximos exponentes chilenos de ese sonido pesado.

Esa fue una oportunidad que nos cayó del cielo o del infierno. Nos calzó perfecto, Yajaira teloneando a Sabbath era como un sueño eterno hecho realidad y una locura compartir escenario con los masters. Caía de cajón la banda ya que somos los hueones que llevamos más tiempo curtiendo el estilo, somos hijos de Sabbath, ja, ja, ja. Fue un honor haber alcanzado justo a tocar con los tatas, aunque no los pudimos conocer ya que el sistema de seguridad es brutal. El telonero entra por un lado y la banda principal por el otro, todos los accesos divididos. Los vi de lejos y les grité un “wena, Ozzy!”, pero nada más. No existe eso de compartir camarines y compartir una chela con ellos.

 Hace poco publicaron unas fotos en las que se les veía grabando en el estudio. ¿En qué anda la banda en estos días?

Estamos haciendo un disco nuevo. En verano grabamos unas canciones con el productor Jack Endino en Estudios Lautaro y nos falta registrar sólo dos temas más. No quiero ponerle fecha porque es peluo cumplir, pero a fin de año debería estar ya que tenemos el 70% listo. Los temas nuevos están la raja, va a ser un disco de ocho tracks y algunos ya los estamos probando en vivo: hay canciones hippies-voladas a la antigua, otras más metal doomeras, mucha variedad.

 Su último EP fue “Antiguos Demonios”, donde incluyeron un cover de “Nirmanakaya”, canción de la banda argentina Orion’s Beethoven. ¿Cómo se les ocurrió hacer una versión de este tema?

Siempre nos gustó y la vacilábamos caleta. El Comegato tenía el track, que salía en una película de rock argentino, “Rock Hasta Que Se Ponga El Sol”. Encontrábamos chacal ese sonido, nos salía bastante bien en los ensayos e hicimos una versión obviamente más pesada y menos progresiva que la original. Pero la esencia de la canción era como la nuestra y ahora siempre la tocamos en vivo.

 “SI ERES BANDA NUEVA, TE TIRAN A CAGAR”

 Como músico y guitarrista, en tus proyectos has incursionado en varios sonidos: desde lo melódico y suave hasta lo más pesado y siniestro, pasando por riffs veloces y violentos pero siempre sumergido en algo de psicodelia. ¿Cómo has forjado tu forma de tocar?

Yo creo que a estas alturas es algo involuntario, es lo que me sale y tiene que ver totalmente con las influencias y majamama de discos que tengo en la cabeza. Eso parte desde niño gracias a mi viejo que escuchaba harto rock, siempre vacilé discos de Pink Floyd, los Rolling Stones, Van Morrison, podría decirse que esos son los inicios “psicodélicos”. A los trece años empecé a escuchar metal de todo tipo y llegó la yerba a mi vida junto con el grunge que surgía en esa época, me gustaron mucho los Screaming Trees. Los primeros discos de The Verve también, que es desde donde sale la onda de los Ganjas. Al final todo se va mezclando, incluso el reggae que me gusta. Es una suma de música distinta que se traduce en mi sonido y por suerte pude armar varias bandas para cubrir todos estos gustos: puedo hacer temas acústicos, reggae, doom, más punk y thrash. Me he entretenido tocando las hueás que me encantan nomás, nunca he dicho: “así va a ser el sonido”.

 Entonces nunca tomaste lecciones para aprender a tocar ni nada parecido…

Las clases de guitarra nunca me interesaron y tampoco sé leer música, aprendí más tocando con amigos. El que me enseñó los mejores trucos fue el Yanko Tolic, guitarrista de Massacre, él me mostró la escala pentatónica y cómo hacer riffs. Cuando era pendejo quería tocar puro Metallica y él me dijo: “no podí hacerlo de una, parte por cosas más simples”, así que escuchando Deep Purple saqué las primeras ideas. Después caché que nunca iba a ser un guitarrista virtuoso, pero que sí era bueno para hacer riffs así que hacía canciones. Más que tocar técnicamente y hacer barridos, yo me defendí de esa forma. Así me di cuenta que podía componer, con mi estilo y la técnica que tengo inventada por mí mismo que es muy instintiva.

 Como músico activo en locales y bares, ¿cómo ves las condiciones en las que trabajan bandas y otros artistas, considerando que muchas veces es difícil obtener fechas y hacer buenos tratos con los dueños?

Puta, siempre ha sido así y nunca hemos estado sobrados de locales donde hayan las condiciones o buen sonido al menos. Ha habido algunos pocos lugares que han salvado, como el Bar de Rene que está apañando mucho y es un lugar que suena rico, un bar rockero de verdad que se siente como en casa. El Bar Loreto también es la raja, pero es más discotheque y no es para quedarse chupando escuchando rock and roll, como era antes el Club Mist que cubrió todo ese período a principios de los 2000. Para la cantidad de bandas que hay ahora faltan lugares, deben ser como cinco con cuea que son más amigables y el resto son como La Batuta que es una mierda, casi pura banda tributo pese a que el local es bacán.

 Hoy en día se entiende cada vez más que hay que tratar dignamente al músico, atenderlo con algo para tomar y comer, es casi un gesto en realidad y es mínimo. Si eres banda nueva te tiran a cagar, con Yajaira pasaron años antes de que nos pagaran por tocar y lo hacíamos por amor al arte nada más. Hay que imponerse y hacerse respetar, ser cargante y tocar mucho para hacerse valer con eso.

 ¿Cómo ves en la actualidad el rock nacional, comparado a cuando empezaste?

En los noventas todo era más chico, menos difusión y menos bandas. Nos rotábamos entre diez grupos que tocábamos en Bellavista, muchas veces te daban un día miércoles y te hacían salir como a las dos de la mañana, pero igual llegaban piños de gente a verte. Era más extrema la huea, muy under y casi siempre llegaban puros hombres, ahora van minas a las tocatas que en los noventas no pasaba mucho. Antes pegabas afiches en la calle y era la única manera de difundir, tenemos suerte de tener internet donde al que le interesa algo se entera y tiene acceso a más música. Hay cada vez más bandas pero eso no se traduce con que salgan grupos mejores, los buenas destacan entre medio. Ahora he estado escuchando mucho a La Hell Gang, Lagunas Mentales, L.O.G., Icarus Gasoline, Vorágine. Más que tener los medios amplificadores y sonar muy pesados, lo que hace perdurar a una banda son las buenas canciones, esa es la clave y lo importante al fin

Este artículo ha sido visitado 862 veces, de las cuales 1 han sido hoy