PETERETE Y RITUAL ELÉCTRICO XIII: «EL PATRIMONIO ESTÁ EN LO FAMILIAR»
Cargando
Escrito por: Equipo SO

Por Claudio Miranda

En la hoy profunda cartelera de música independiente en el circuito nacional, hay un evento que llama la atención por las diferencias que marca respecto a otros escenarios. Se trata de Ritual Eléctrico, un festival de rock subterráneo que congrega a diversos exponentes del circuito, en especial a aquellos relacionados con el doom metal, el stoner y otros estilos de similar índole. El distintivo está en la originalidad de cada propuesta y, sobretodo, en la atmósfera de comunidad. Una dualidad que pocas veces ha logrado darle equilibrio a la balanza en instancias de festival.

El principio básico de Ritual Eléctrico está en el arraigo hacia el lugar de donde viene la verdadera música pesada: un lugar bien abajo. La misión es congregar expresiones con el foco en la identidad por sobre el mercadeo desmesurado y las tendencias impuestas a la fuerza. El doom, el stoner y el sludge tienen su espacio asegurado, pero es la diferencia, lo que no entra a la vista o es imposible de traducir a palabras exactas, lo que el evento prioriza como requisito. De ahí el atractivo para los seguidores del underground y las bandas que asisten al llamado, donde la autogestión y la difusión boca-en-boca resumen la esencia de las formas.

La edición XIII de Ritual Eléctrico se llevará a cabo el próximo sábado 3 de octubre, en Almirante Simpson. Los canadienses de Tekarra y los peruanos de Satánicos Marihuanos conforman el cartel internacional. La armada chilena incluye en su nómina a Dejalosangrar, DAAM, Asedio y Arteaga, esta última la banda anfitriona. Por eso fuimos a hablar con Francisco ‘Peterete’ González, bajista-voz y fundador de Arteaga, e impulsor de una iniciativa que nació de la urgencia y hoy se corona como el festival más prestigioso del circuito subterráneo local, hoy concentrando la atención de todo un continente y más allá.

¿Cómo están los ánimos, Peterete? Antes que todo, agradecerte por concedernos un tiempo para hablar sobre el festival.

Muchas gracias a ti, por tomarte el tiempo para saber un poco más de esto. Y se agradece, por supuesto, el espacio y la difusión.

Hablemos del nacimiento de la iniciativa de Ritual Eléctrico y cómo desemboca en lo que sería su edición inaugural (2017).

Lo que le pasa a todas las bandas en el inicio, el problema es buscar un lugar donde tocar y mostrar tu arte. Y si eres una banda nueva, no te cotizan en ningún lado. Tocamos distintas puertas en lugares mucho más consolidados, nunca nos tomaron en cuenta porque no entendíamos la dinámica del negocio. Si no te conocen, no puedes vender tragos. Tienes que entrar a tocar con una banda más conocida, y nosotros no conocíamos a nadie. Lo que nosotros (Arteaga) estábamos haciendo, era demasiado distinto a la tradición del stoner-doom. Y si bien hay bandas con más tradición y recorrido, también vimos que el movimiento estaba como muy incipiente. Entonces la falta de espacios nos obligó a movernos y darnos cuenta de que si no nos dan la mano, debemos intentarlo y hacer autogestión. En los inicios fue primordial la ayuda de Rodrigo Robles (Dejalosangrar), el padrino de todo esto. Déjalosangrar fue la primera banda importante, lo es para esta escena del rock subterráneo y la cultura underground. Nos acogieron en su sala, nos prestaron equipos, nos recomendaban cosas. Ellos contaban con toneladas de equipo y nosotros, ya empezábamos a contar con nuestro propio equipamiento. Ahí acordamos gestionar una fecha juntos.

El primer Ritual Eléctrico se concreta en el Cine Arte Alameda, en el segundo piso. Llegaron cinco personas, todas ‘voladas’. Dos de ellas mirando y el resto con la tele apagada en un sillón (risas).

Petete y Oriana en 2017

Es notable que, llegando a la edición XIII del festival, hay una evolución en términos de arrastre y, sobretodo, atmósfera. A la vez, llegar a concretar 13 ediciones es algo inusual si hablamos de convicción. ¿Cómo ven ustedes en retrospectiva lo que se ha vuelto Ritual Eléctrico en aspectos de ecosistema, bandas y cartel?

La primera edición fue un desastre y, como se suele decir, uno piensa en que hay que tirar la toalla. Cada vez que Arteaga toca, no quiero tocar nunca más (risas). Fue un desastre, pero igual dijimos «nos gusta esto y sería bonito que no sean siempre fechas de dos bandas». No hay más festivales que congreguen más bandas asociadas a este tipo de música under. Ahí se toma la decisión, teníamos los equipos y ahí empezamos a buscar lugares con onda, con el fin de ampliar esto e invitar a más bandas. Siempre con la óptica de bandas de nuestro gusto. Si la banda no nos gusta, aunque suene muy pesado, no toca en Ritual. Y esto es porque las bandas que han tocado en el festival -algunas se separaron, otras siguen activas-, siempre les vimos un ‘no se qué’. Y eso es más importante que invertir plata en bandas más famosas. La idea era armar algo under. Y ese es el gran patrimonio de Ritual; las bandas que tocan son muy auténticas, se eligen con pinzas. Siempre buscando un lugar que tenga mucha onda. Y así surge la segunda edición.

En esta segunda versión, aprovechando nuestro tema con South American Sludge Records, el sello de Sergio Chotsourian -Los Natas, Ararat-, empezamos a tener visibilidad en Argentina. Ahí nos contactan las bandas Neuron y Beduino, querían venir a Chile. Hubo buena onda y había que encontrar un lugar especial. Entonces nuestro amigo Rodrigo Robles nos dice: «hay un local en calle 10 de Julio, es un clandestino». Una tienda donde hacen llaves, tú tocas el portón, pasas por donde hacen las llaves y te conduce a un subterráneo -un garage antiguo-, y tienes un buen espacio para hacer una fecha. El local más sórdido del universo, hecho para torturar gente. Ahí dijimos: «¡es acá!». Ya teníamos a las bandas argentinas, otras de Rancagua, y Dejalosangrar como la más renombrada del circuito. Ahí se hizo Ritual II y se llenó. Llegó mucha gente, como que se dateó. No sabemos porqué, pero como que a la gente le gustó esto de pasar por este clandestino, donde se hacían llaves y tenías que decir una clave, pasar un subterráneo. Fue un éxito, local repleto. Ahí nos propusimos seguir haciéndolo.

Había que generar un vínculo con Sudamérica. Nosotros empezamos a escuchar bandas muy interesantes de Perú y Argentina, las de México. Había que hacer algo para que vinieran a Chile, por lo complicado que es salir a otro lado para nosotros, si vivimos a la mierda. Ahí la gente se empezó a interesar en el festival. Nos escribían, nos pedían tocar. Y ahí nos lanzamos con la tercera edición. Ver qué hacemos, a quién traemos, cómo movemos esto. Y nos encontramos con que no teníamos local. No había cómo hacerlo, hasta que nos contacta Roberto Fuentes -Red House-, quien nos cuenta que venía un lote de bandas argentinas y peruanas con parada en Woodstaco. No tenían fecha en Santiago, y Roberto nos pregunta si podíamos hacer una edición de Ritual Eléctrico para estas bandas. Nosotros aceptamos encantados, pero (Roberto) nos dijo que lo hiciéramos en un local del barrio Bellavista, un lugar que no nos gustó para nada en cuanto a lo que requería hacer un Ritual Eléctrico. Hubo algunos roces por esto, y nosotros, ante la nula disponibilidad de locales aptos, recibimos el dato de unas fiestas electrónicas en un antiguo cine porno -Galería Epicentro, ex Espacio del Ángel-. Era un teatro antiguo, una bajada con escaleras de mano. La primera vez que se tocaba música en vivo ahí. Un infierno, tocaban demasiadas bandas, y había que subir y bajar los equipos por las escaleras. Se llenó, fue una locura, había demasiada gente.

Una anécdota bien sabrosa. Como hicimos un aviso publicitario en Facebook, llegaron unas mujeres onda ‘techno’. «¿Acá hacen el Ritual Eléctrico?», nos dicen. «¿Qué DJ toca?». Nosotros; «esto es música de rock pesado», y ellas habían comprado su entrada. «Ah, ¿no es electrónica?» (risas). Entraron igual. Teníamos gente de la electrónica, hippies drogados en ácido, metaleros, había extranjeros… Como organización, salió perfecta. Las bandas sonaban increíble. Teníamos proyecciones, el tema del cine proyectando películas de terror. Fue muy bonito. Y ahí nos propusimos mantener el vínculo con la gente de afuera, pero había que pegarse un saltito.

En medio de toda esta locura, Vicente Zamorano empieza a meterse un poquito en el tema de Ritual. Iba siempre con merch de su sello Golden Dawn Recordings. Me muestra bandas, y ahí me habla de Mephistofeles. Me dice que ellos tienen interés en venir, y ellos eran ‘niños’. Trajimos a la banda, pero nos clausuraron el local para tocatas. Terminamos matando el local (risas). Ahí hicimos el festival con Mephistofeles, Muertos por Nacer, Dejalosangrar y nosotros. Lo de Mephistofeles fue juntarse con una aplanadora musical.

Tanto como la atmósfera y la formación de comunidad, Ritual Eléctrico ha destacado por su alcance hacia otros latitudes sin salir del subsuelo. Da la impresión de que desde México o Argentina, se respiraran los mismos humos que acá. ¿Cuál es ese atractivo que el festival posee ante la falta de una descripción precisa?

Principalmente, no es un festival con fines comerciales. No buscamos ganar plata con esto. Cuando vienen las bandas, se genera un muy buen boca-en-boca. Vimos que realmente hay comunidad. Oriana (Portus) y yo somos mega-anfitriones, nos gusta tener a la gente regalona. La banda que viene, y lo sabemos por experiencia, hace un esfuerzo gigante en viajar. Y que vengan a Chile, un país perdido en el culo del mundo, implica atenderlos como reyes. No en el sentido de ‘ven y te pagamos un hostal’. Es venir a Santiago y comer con nosotros.

Tenemos un backstage de locos, y es lo que más ha generado el ‘boca-en-boca’ para las bandas. Es un festival muy ‘cheek to cheek’. Nosotros tuvimos la suerte de tocar en festivales en Europa. Es súper frío. Y el backstage de un festival es más frío. Los latinos somos mucho más buenos para el hueveo (sic), nos sobreestimulamos. Hay gente que va a vernos y se saben las canciones. Nos compran merch. Se volvió un polo muy atractivo, porque es un festival de familia. Hubo una ocasión en que teníamos gente muerta en el piso, y yo dándole mandarinas para ver si revivían (risas). Y es eso, lo que ha pasado de boca en boca, lo que define nuestro patrimonio. Al no ser comercial lo hacemos todo muy casero. muy ‘do it yourself’. Nosotros somos quienes agarramos los equipos. Con Oriana hacemos los panes para que coman en el backstage. Nos preocupamos del sonido y la gente. Aunque estemos hasta el pico en nuestras vidas, sacamos a pasear a las bandas. Como una especie de turismo-aventura para las bandas.

No sabemos ni entendemos porqué la visualización está más allá de Sudamérica. Pero todos están pendientes de Ritual. Tu sabes que lo están viendo en EE.UU. y en Europa. Conocen Ritual afuera. Y eso nos llegó hasta Japón. Bandas japonesas que te escriben «quiero tocar en Ritual». Tú dices ‘¡hueón, no te puedo traer de Japón!», porque es un festival que armamos a pulso. «Quiero tocar en Ritual». Sin cuestionar nada. «¿Cómo hago para poder tocar en Ritual?». Que una banda japonesa te escriba eso, tú respondes como «¿a qué mierda vení a Chile?» (risas). Y tú puedes tener interés como banda, que te miren para fuera. Pero que de afuera miren Ritual Eléctrico, eso todavía no lo logro entender. Pero sí, el patrimonio radica en lo familiar. Lo hacemos con mucho amor. Sin un foco de dinero adelante. Siempre perdemos (risas).

Hoy está tapado en productoras con agencias de Booking. Se pierde, por ende, la calidez de la experiencia hacia las bandas. En Europa, como ustedes afirman, la frialdad es una constante. Ritual Eléctrico genera algo más humano, una cercanía que en Europa se siente extraña. Hay un horario, una programación a cumplir. Ustedes, como festival, enfatizan la experiencia. Meritorio con bandas que no buscan satisfacer la curiosidad ajena, precisamente.

Exacto. Y la gente que va a Ritual también vive esa experiencia. Como si formaran parte de las bandas en el escenario. No sabemos si se da en otros festivales, donde tienes una barrera adelante y los tiempos cronometrados. Acá puedes conversar con la gente de las bandas, compartir y pasear con ellos. Y la gente que va desde las primeras ediciones, sabe que se van a mandar una tarde de locura. Tienes desde hippies, metaleros, un público muy variado. Ahí empezamos a ver que no podíamos quedarnos varados en el rollo del stoner y el doom. Había que abrirnos hacia otras propuestas más interesantes, siempre pensando en el rock pesado.

Nosotros pensamos que el sonido pesado no es gritar más o mandarse el solo más pirotécnico de guitarra. Hay bandas que son livianitas, pero son pesadas. Ahora empezamos a abrir un poco más el espectro. Heavy metal, indie, propuestas instrumentales. Es como el nuevo paso de Ritual. Incluir todos los proyectos interesantes, aunque los escuche una sola persona en Spotify. Si es interesante y vemos que tiene algo, aunque la banda siga o no siga, nosotros les pedimos: «por favor, vivan la experiencia».

De lleno en la edición XIII, notamos nombres tanto locales como desde Canadá y Perú. ¿Qué nos trae Ritual Eléctrico en esta versión?

Empezando por los créditos nacionales, tenemos a Asedio. Los fuimos a ver a La Comarca, por recomendación de Christopher Falk -Armoured Knight, Deathsvn-, quién me regaló el CD. Los fuimos a ver y es una aplanadora. De las bandas de heavy metal que he visto, ellos están llevando el estilo hacia otro lado, como lo que hizo Demoniac.Los vimos con Oriana y ahí dijimos «tienen que tocar en Ritual». Ahí hablamos con el vocalista -Nicolás Young-, quien al principio fue un poco reacio por ser de otra onda. Les hicimos la invitación y accedieron. Para nosotros, es de las cartas fuertes del festival. Tenemos a la banda DAAM. Los vimos en MiBar y nos impresionó el doom que hacen. Tienen una cantante -Valentina Aguirre- que no es la voz típica de doom metal. Ellos hacen otra cosa. Tienen una identidad y nos gusta que vengan bandas de regiones.

De las cartas internacionales, venía Satánico Pandemonium (México). Amigos de la vida, vinieron a la décima edición de Ritual. Teníamos todo organizado, pero el bajista -Daniel García- estaba con una lesión en la espalda y tuvo que operarse. Cultivan un sonido sludge al estilo de NOLA, con riffs bien pegados y densos. Ante la urgencia, queríamos de vuelta a los Satánicos Mariguanos (Perú). Ellos hacen un stoner muy distinto a la tradición del rock peruano. Ellos hacen algo muy diferente, sin desmerecer la calidad de otras bandas peruanas, todas muy buenas. Encontramos muy atractiva la nueva propuesta de SM ahora. es una banda en constante evolución, no se queda atrapada en un lugar común. Y la evolución de esta banda ha sido como vino. Se va añejando de manera perfecta.

Desde Canadá, tenemos a Tekarra. Nosotros tocamos con ellos en México, allá por 2019. Una propuesta inclinada al post-metal, con un show impresionante. Una banda realmente pesada y contundente. Ellos nos contactan, como nos pasó con los japoneses, y nosotros: «¡tení que venir po’, hueón!» (risas). Nos encargamos de la estadía, les pasamos lucas (sic). «No podemos cubrir pasajes, pero te armamos una gira acá», y dénle. Tekarra es un punto muy fuerte.

Cerrando el cartel, los regalones de Dejalosangrar. Nosotros insistiendo, ellos respondiendo que no y que no. Les hinché tanto las pelotas, los huevié tanto que, al final, dijeron que sí. Ellos aburridos: «vamos a tocar para que te dejí de hueviar, ctm!» (risas). A Dejalosangrar los vi por última vez cuando tocaron con Amenra -2023, Sala Metrónomo-. Por lejos, la banda más potente que he visto en mi vida. Le gana a Windhand, Electric Wizard, Uncle Acid & the Deabeats, todas las bandas que he visto afuera. Los pones en un escenario como Freak Valley o cualquier festival demasiado potente, ellos lo vuelan. Y con eso tenemos un cartel redondo y variado.

Nosotros, como Arteaga, los anfitriones, estaremos presentando material nuevo. Como dueños de casa, ahí estaremos haciéndolas todas. Haciendo los panes, limpiando los baños, sirviendo las piscolas, tocando. Es parte del festival y la gente que nos ve queda con la impresión de «están todos los organizadores agarrando la pala». Es un cartel potente. Lo vamos a hacer en Almirante Simpson, nuestra casa. Ahí regaloneamos con la ubicación. Es un festival súper barato. $12.000 para la cantidad de bandas que van a tocar, el día en la puerta son $15. Es un festival pensado en la gente que no tiene tantas lucas. Hay bandas que cobran $15 lucas por ‘tirarse el peo’ en un bar conocido. Nosotros vamos a tener un lote de bandas que suenan a todo trapo, sin tantas escuchas en Spotify pero con mucha onda. Y en eso siempre nos vamos a mantener con precios accesibles. No es un festival donde vas a botar la plata, tampoco de caras famosas. Y el que quiera tocar ahí, bienvenido.

Repasando uno de los nombres nacionales, Asedio viene en un gran momento. Hace un tiempo tocaron en el festival Keep it True -abril de este año- . ¿Cómo dimensionan ustedes el hecho de que una banda nacional hicieran el enlace desde un festival europeo hacia Ritual Eléctrico en el Sur del Mundo? Sumando que es el número heavy metal en un festival marcado por una sonoridad específica.

Me sorprendió, de partida, que ellos aceptaran (la invitación a Ritual). Lo sentimos como un trofeíto (sic). Viniendo de una banda así, podría haberte mandado a la mierda. Porque, de pronto, te toca alguien más pelotudo y que sea más ‘true’. Que no va a tocar otra cosa si no es heavy metal. Si no es Keep It True esta hueá (risas). Para nosotros es un misterio que dijeran sí, honestamente. Pero nos deja bien felices. Para decir que, en realidad, es un festival que tiene un nombre.

Ellos saben que somos gente transparente, que lo hacemos con mucho cariño, y que habrá una preocupación por sonar potente. Y será la oportunidad para que te vea un público distinto. Tratar de diluir estas diferencias por cómo te vistes, lo que escuchas. En Ritual Eléctrico, cuando tú entras, no existe eso. Toda la gente entra en sintonía, todos carretean juntos. Todos lo pasan bien y entran en una catarsis. Si te gusta el rock, es Ritual Eléctrico. Y es la gente que le gusta el rock, sin apellidos ni prejuicios. Gente que quiere ver y escuchar buen rock. Y saben que tocan buenas bandas en Ritual y que no va a defraudar el sonido ni los horarios. Es un festival con mucho cariño y se nota. Igual la gente tiene que haber preguntado «oye, ¿qué onda Ritual?». La gente averigua y ve que vale la pena. Así que felices con Asedio, uno de mis favoritos en el cartel.

El foco en la diversidad es una de las características en Ritual. La edición anterior (2023, Espacio Ruidos), tuvo en el cartel el post-punk de Dalias. Ahora la inclusión del heavy metal de Asedio confirma la apertura hacia otros géneros. ¿Han pensado la posibilidad de incluir ramas extremas como el death metal y similares?

Mil por ciento. Las próximas ediciones tienen que incluir una banda de death metal, sí o sí. También hemos pensado industrial, o algo gótico. Totalmente, queremos abrir todos los caminos. Pero siempre que tenga algo interesante, que no sea una banda de covers con temas propios. Eso no lo escogemos. Hay bandas que suenan increíble, pero es más de lo mismo. ‘Tocái la raja, te sale súper bien el cover con otra letra, cambiaste la progresión’. De todas maneras, nos vamos a ir abriendo a más y seremos más agresivos con esos cambios. Pero siempre en la línea del rock pesado. Tú puedes tener una banda de post-punk pesada, o una banda de punk pesada. Hasta puedes tener una banda que toque cumbia, o pensar en una banda que toque reggae. Pero si son pesadas, pueden tocar en Ritual.

La prioridad de Ritual Eléctrico, como hemos notado a lo largo de sus ediciones, está en la identidad. ¿Qué diagnóstico tienen ustedes del circuito subterráneo en Chile y otras latitudes del Globo?

A nivel mundial, la cosa dejó de ser underground y se volvió un poco más taquilla. Es cosa de ver lo que pasa en festivales como SonicBlast (Caminha, noroeste de Portugal) y Desertfest (Berlin, Alemania). Ya no es algo de nicho. Se pone un poco más taquillera la cosa, por la estética y el sonido. Se produjo una explosión de nuevas bandas, mucho más que antes.

En Chile, es como por oleadas. Aparecen nuevas bandas a toda raja, y desaparecen. Aparecen otras nuevas, y desaparecen igual. Hay otros que la luchan, la pelean. Como el caso de Heráldica de Mandrake, que la llevan peleando un montón de rato para que la hueá funcione. El under es desgraciado. Hay que ser tonto para esta hueá, no hay otra explicación. Y los hueones que conozco tontos, son quienes van sacando a su banda adelante. Acá el tonto número uno, el más hueón de todos (risas).

Dentro del under chileno, aparecen cosas interesantes, pero desaparecen rápido. Lógico, no es fácil. Mantener una banda, la frustración cuando hay meses sin pasar nada. También el no agarrar la pala y decir: «puta, yo armo mi espacio, yo armo mi identidad». Está tibio en el under, como que hubo una explosión allá por 2017 y está empezando a hervir desde hace un par de años. Y como que se enfría, después hierve, y así. Todavía no se ha logrado una temperatura constante como en las otras escenas, las del thrash, el death, el heavy, el black metal. Ritmos que son más antiguos. Y la propuesta de Ritual Eléctrico apunta a un rock más moderno. Un ‘neo-doom’, como nosotros le llamamos. La gente se caga de la risa, «¿cómo que neo-doom?», pero eso es. Algo nuevo, todavía en pañales. Tienes a referentes como Electric Wizard, cuyo catálogo incluye discos editados en los ’90s. Es nuevo, aunque sea de 30 años atrás. Es muy fresco, en comparación al heavy metal y el thrash de los ’80s. Estar en esta especie de vanguardia es peludo.

Da la impresión de que Chile es un país de oleadas, carece de la constancia que da paso a la consolidación como escena. ¿Ven ustedes la posibilidad de algún cambio o mejora? Y de ser así, ¿qué se requiere para lograrlo? ¿Qué debe pasar en una escena tan abundante en expresiones y, a la vez, muy frágil en términos de continuidad?

Para las bandas, lo principal es manejar la frustración. Si una banda es incapaz de ‘surfear’ la frustración de la nula actividad y la ingratitud de perder todo, jamás vas a tener un éxito impresionante. Mucha banda, cuando parte, ve la zanahoria como el éxito. Llenar, más que vender. La realidad es que tienes que ‘agarrar la pala’, pasarlo como el hoyo, tocar para dos hueones. Nosotros, como Arteaga, de repente tenemos fechas en que van ¿15 hueones? Y después dicen «oh, ‘tienen ediciones (material discográfico)». Como banda para tener una escena, asume que la escena eres tú. Si estás con oleadas y te decepcionas rápidamente, no puedes armar nada. Esto es de trincheras, patas en el barro todo el rato y no salimos de ahí. Quizás en 5 años más, otros van a ver los frutos de lo que sembró. Uno ya no los vio. Lo que hace Ritual es dejar un camino para que digan «en Chile está pasando».

Viendo el panorama sudamericano, volvió el festival Undercaos en Perú, que partió como Ritual Eléctrico. Algo está moviendo ahí el (Arturo) Quispe -fundador del sello independiente Necio Records-. No hay nada parecido en Argentina, tampoco en Brasil. México tiene una escena que la ha peleado, tiene el Doom City Fest. Con la facilidad de situarse al lado de EE.UU. y estar al lado de todo. Es un festival más consolidado. Los frutos no los vamos a ver nosotros.

Es muy fuerte lo que acabas de proferir. Implica dejar una huella. Y no solamente es hablar en términos musicales. En Chile, al primer tropezón, lo mandamos todo a la cresta. El afán de dar el golpe inmediato. Algo que llama la atención cuando se habla de Chile como «el país más metalero», pero el backstage dice otra cosa.

Estamos en una hueá nueva. Vamos a considerar a las bandas que trabajen por esto y quieran crecer. Bandas que busquen una línea distinta. Y vamos a tener otra edición de Ritual, el 12 de diciembre. Tuvimos la confirmación de Vinnum Sabbathi (México), la banda más prestigiosa de la región. Han girado por los mejores festivales en Europa. Yo no he podido verlos en acción, pero todos los mexicanos con los que he hablado, me han comentado: «es la mejor banda de México, por lejos». Veníamos hablando con Román (Tamayo) hacía harto rato, y las cosas no se daban. Ahora se dió y funcionó, y eligieron Ritual Eléctrico para tocar en Chile.

Un bombazo lo de Vinnum Sabbathi en estos parajes. Por lejos, la banda más importante del género en el continente.

La más importante junto con Mephistofeles. Ambas tienen la mayor visibilidad hacia el exterior. Siempre le dije a Román «hueón, ven pa’ Chile». Sudamérica también es una opción. El punto está en que para ellos es más caro venir a Chile que irse a Europa. Que tomaran la decisión de venir a Chile, fue lo mismo que nos pasó con Asedio. Y ahí está el cómo llegó la recomendación tan lejos, que es muy cerca a la vez. Es como la sorpresa de querer venir a Ritual.

Para cerrar, ¿qué promete Ritual Eléctrico en esta edición XIII a la gente, además del nivel de las bandas?

-SEXO. (risas).

La gente que va a Ritual sabe a lo que va. Van a pasar una jornada de hermandad. Olvidarse de los problemas. ha sido una sumatoria de muchos años difíciles. Y es un momento que le entregas a la gente con mucho cariño, una tarde completa y una noche para que tengas una caña horroriza y que nos odien (risas). Compartir. Es muy de camaradería. No hay parches, todo es igual. Será una jornada en la que lo vamos a pasar muy bien. Los esperamos, queremos que vayan. Vayan a ver a las bandas. Para esta escena más stoner, ver a Asedio será impresionante. Va a llegar gente del heavy a Asedio y queremos que vean a Tekarra. Queremos ese cruce de información y que la gente se divierta. Y por un precio muy barato, por las bandas y el nivel de producción. Habrá copete barato adentro, también. Vayan a disfrutar, olviden sus problemas y viajen con nosotros.

CONOCE MÁS A LAS BANDAS DEL FESTIVAL

 

 

Este artículo ha sido visitado 1 veces, de las cuales 1 han sido hoy