Lou Reed, camaleónico hasta la médula
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Lou Reed, camaleónico hasta la médula

Lou Reed, camaleónico hasta la médula

miércoles 03 de noviembre, 2021

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Escrito por: Sonidos Ocultos

“Say It Isn’t So”, del dúo Hall and Oates, fue la última canción que, presumiblemente, escuchó Lou Reed en Spotify antes de morir aquella mañana del domingo 27 de octubre de 2013. Una ironía del destino: morir de una manera apacible después de haber transitado una vida que estuvo mayormente alejada de la tranquilidad.

Lewis Allan Reed nació el 2 de marzo de 1942 en Brooklyn, Nueva York. Citar Nueva York no es azaroso, menos caprichoso. Nueva York fue el lugar de Lou Reed en el mundo. De haber nacido en otro lugar, su historia no hubiese sido la misma. Lou Reed fue lo que fue, en parte, gracias a Nueva York y la ciudad, lo situó entre sus habitantes más emblemáticos.

 Lou Reed lo pasó mal durante su infancia y adolescencia, la que vivió junto a su familia en Long Island. Por ejemplo, sus padres lo sometieron a tratamientos con electroshock a los 14 años para acabar con su homosexualidad. En el libro “Lou Reed, una vida” del escritor y crítico Anthony DeCurtis, se describe esa etapa de la vida de Reed como “compleja”. Sin embargo, sus compañeros de escuela destacaban rasgos de su “genialidad” o de ser un “provocador”. En la provocación se sustentó gran parte de su posterior carrera artística.

Los Velvet y Andy

Después de su paso por la universidad de Syracuse, Reed formó The Velvet Underground en 1964 junto a John Cale, Sterling Morrison y Maureen Tucker. El grupo fue apadrinado con decisión por Andy Warhol, quien, entre otras gestiones, facilitó espacios para que tocaran en vivo, principalmente en las dependencias de The Factory, recinto en que se mezclaban el arte y otras corrientes culturas y artísticas, siendo una de ellas la propuesta de Reed y compañía.

No obstante, la agrupación nunca logró el anhelado éxito. La publicación de su primer trabajo “Velvet Underground and Nico” (1967) tuvo complicaciones (la misma Nico fue impuesta por Warhol para darle más glamour al grupo) y tuvo bajas ventas. Su reconocimiento fue posterior, ubicando al disco entre los mejores de la historia, según dictan numerosos rankings especializados. Mientras Reed estuvo en la banda, se editaron tres álbumes más: “White Light/White Heat” (1968), “The Velvet Underground” de 1969 y finalmente “Loaded” (1970), trabajo considerado como el más amigable del grupo. El éxito real vino después, post separación, tanto que en la actualidad son vanagloriados como una de las bandas más influyentes de la escena alternativa.

La relación entre Warhol y Reed tuvo vaivenes, pasando de la cercanía a la distancia, a pesar de que jamás se pelearon irremediablemente. Las razones del trato entre ambos darían para un capítulo aparte, pero podemos resumirlo en un concepto: dinero. Quizás, algún día, la abordaremos como corresponde.

Tránsito en soledad

Lou Reed se tomó un año sabático, musicalmente hablando, tras dejar The Velvet Underground. Ese tiempo trabajó en la oficina de su padre. En 1971 grabó su primer disco solista, grabación que pasó sin pena ni gloria, pese a contar con músicos de excepción (Rick Wackeman y Steve Howe, por ejemplo). Su primer golpe mediático fue “Transformer” de 1972. Producido por David Bowie y Mick Ronson, el disco catapultó la carrera de Reed, en especial con el lanzamiento de “Walk on the Wild Side”, la canción más reconocida en la trayectoria del artista y en la que aludía a personajes que conoció en The Factory y que vivián a costa a Andy Warhol.

“Berlin” de 1973 marcó un punto de inflexión en la carrera de Reed. Destrozado por la crítica en su minuto, el álbum tuvo su reivindicación décadas después. Es un álbum conceptual que puso en la palestra temas domésticos de la vida de una pareja convulsionada, haciendo una analogía con la propia experiencia de Reed y su entonces esposa. Drogas, violencia intrafamiliar, prostitución son los tópicos centrales en el disco.

“Berlin” fue seguido por un álbum en vivo titulado “Rock and Roll Animal” (1974), que, contra todo pronóstico, fue un éxito en las ventas. Ese trabajo era una compilación de presentaciones de Reed en las que interpretó canciones de The Velvet Underground. “Sally Can’t Dance” fue publicado ese mismo año y fue el disco que logró el mejor ranking Billboard en Estados Unidos durante toda la historia de Reed. Su carrera era de idas y venidas.

Después vendría “Metal Music Machine” (1975), disco hoy considerado por muchos como una obra maestra, pero que en su momento fue despreciada. El disco es básicamente guitarras distorsionadas de larga duración. Hoy es considerado “visionario”. Posteriormente, publicó Coney Island Baby (1975) dedicado a Rachel Humphreys, una mujer transgénero con la que Reed convivió durante algunos años post separación de su esposa. Esa relación marcó con fuerza a Reed. Siguieron “Rock and Roll Heart” (1976), “Street Hassle” (1978) y “The Bells” (1979), cada uno con ciertos rasgos que lo hacían únicos. Cada trabajo de Reed era un capítulo sonoro diferente. “The Bells” fue unos de los discos favoritos de Reed. “Fue un disco espontáneo de principio a fin” (“Lou Reed, una vida”). Entre esos álbumes, lanzó otro disco en vivo llamado “Live: Take no Prisoners” (1978) que tuvo críticas compartidas, pero que, para Reed, era el mejor disco que había hecho hasta ese instante.

Durante toda la década de los setenta, además de ser un provocador incorregible, Lou Reed lidió con su adicción a las metanfetaminas y el alcohol, hasta niveles que le impedían realizar su vida con normalidad. No podía grabar en el estudio y menos salir de giras y su estado era miserable. No fue hasta fines de esa década cuando logró comenzar a salir del foso de las adicciones.

La lucidez de los ochenta

Sylvia Morales se llama la mujer que rescató a Lou Reed del infierno de las adicciones. Se casaron en 1980. Gracias a ella pudo desintoxicarse. Durante los ochenta, Reed editó varios discos. Después de “Growing Up in Public” (1980) fue lanzado uno de los más destacados: “The Blue Mask” de 1982. Un álbum en que Lou Reed se mostró más adulto y en que compuso todas las canciones, exponiendo además una visión de su vida algo más optimista, si se puede definir así. En ese proceso, Sylvia fue clave en toda esa reconstrucción, tanto personal como artística. “The Blue Mask” es considerado uno de los trabajos más sólidos de Reed.

Siguieron “Legendary Hearts” (1983), “New Sensations” (1984), “Mistrial” (1986), una trilogía que tuvo como rasgos distintivos el querer comprender el mundo que lo rodeaba y ser más positivos. El otro álbum emblema de Lou Reed durante esa década y que, además, para muchos críticos sería su último trabajo destacado fue “New York” de 1989. Fue un éxito en ventas siendo el único álbum de Reed en ser disco de oro (más de medio millón de copias vendidas). La crítica también lo alabó. Reed siempre fue muy crítico con sus discos, afirmando que dejaban bastante que desear, pero con “New York” no sucedió eso. “Con New York no me ocurre lo mismo: está todo puesto, todo lo que soy capaz de hacer…di todo de mí”, se reseña en libro “Lou Reed: una vida”. Fue el primero que garbó con el sello Sire y uno de sus trabajos más inteligentes desde el punto de vista conceptual, desafiándose a sí mismo al titularlo New York, la ciudad de su vida.

Experiencias experimentales

Posteriormente, Lou Reed participó en una reunión de The Velvet Underground y grabó material con John Cale, inspirados en la obra de Andy Warhol. Todas estas ideas surgieron tras encontrarse en el funeral de Warhol en 1987. El resultado fue “Songs for Della” de 1990. Con The Velvet Underground estaba proyectada una gira, cancelada después de que Reed y Cale se pelearan.

El disco “Magic and Loss” de 1992 estuvo influenciado por dos muertes que golpearon fuerte a Lou Reed. Una fue la de Rotten Rita, reconocida consumidora de anfetaminas de The Factory. La otra fue la de Doc Pomus, compositor y amigo de Reed. En consecuencia, el disco es uno de los más personales del artista, tratando temas como la muerte o la eternidad, todo confrontando sus propias vivencias. En esa misma época se le comenzó a ligar sentimentalmente con la artista Laurie Anderson, con quien se casó en 2008 y fue quien lo acompañó hasta su muerte.

En el año 2000,  Lou Reed editó “Ecstasy”, álbum considerado por algunos críticos como el último trabajo digno del músico. Después Reed incursionó en variados proyectos y colaboraciones como por ejemplo el grupo “Metal Machine Trio”. El trío lo completaron Ulrich Krieger en saxofón y Sarth Calhoun en la electrónica. También tuvo actuaciones en vivo con Metallica y colaboraciones con Gorillaz. Precisamente de esa performance en vivo con Metallica surgió la idea que derivaría en el disco “Lulu” (2011). Para Lou Reed trabajar con Metallica significaba estar vigente y ser un actor más relevante dentro de la escena cultural de aquel momento. Metallica le entregaba esa plataforma, pensaba él. Sin embargo, el álbum fue destrozado por la crítica y los fanáticos, tanto de Metallica como de Reed. Por tal motivo, se suspendió la gira y se alejaron del proyecto. Para otros, en cambio, fue genial. David Bowie le comentó a Laurie Anderson: “Escucha, este es el mejor álbum de Lou. Es una obra maestra. Solo espera: será como Berlin. Tardarán entenderlo”, se consigna en el libro “Lou Reed, una vida”.

Después, el empeoramiento de la salud de  Lou Reed se comenzó a hacer más notorio, aunque él mantuvo todo en secreto. Suspendió giras y fechas, presentaciones y muchas apariciones públicas. En mayo de 2013, Lou Reed se tuvo que someter a un trasplante de hígado; no había otro camino para mantenerse con vida. La operación resultó un éxito y Reed entabló amistad con el médico que realizó el trasplante. Su última aparición pública fue en Londres, para recibir un premio de la revista GQ. Pese a sus evidentes problemas físicos, Reed asistió y dio un breve discurso. Unos días después, murió. Según Laurie Anderson, las últimas palabras que dijo Reed fueron “llévame a la luz”, aludiendo a la puerta de entrada de su casa. Luz fue lo último que mencionó.

Así se apagó la existencia de este artista. Una vida que tuvo miles de capítulos, experiencias para todos los gustos y que, tras su muerte, elevó su figura quizás hasta alturas insospechadas y que nunca él pudo disfrutar mientras estuvo con vida.

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