Por Lukas Arias.
Fotos Beherit por Rodrigo Damiani @SonidosOcultos.
Fotos Execrator y Sporae Autem Yuggoth por Rubén Garate.
Una noche largamente esperada por los seguidores de la música oscura finalmente llegó: el ansiado debut de los finlandeses Beherit, encabezados por Nuclear Holocausto Vengeance (Marko Laiho), marcó una velada repleta de oscuridad y blasfemia en el Teatro Cariola.
El recinto de la calle San Diego comenzó a llenarse poco a poco desde temprano. Los encargados de abrir la ceremonia fueron Sporae Autem Yuggoth, quienes, con su fusión de death/black metal teñido de elementos sinfónicos y atmósferas densas, dieron inicio al gran ritual de la noche. Riffs intensos y sintetizadores envolventes construyeron una atmósfera cargada de misterio y ocultismo, preparando el terreno para lo que vendría.
Más tarde, la blasfemia se apoderó del Teatro Cariola con la llegada de Execrator. El enigmático Álvaro Lillo maldijo a todo el recinto con un escalofriante: “En el nombre de Satán, esto es Execrator”, dando paso inmediato a “Tears… Blood”. Con un death metal directo al hueso, crudo y sin concesiones, la banda desató un vendaval musical que estremeció a todos los presentes.
Cinco minutos antes de las 22:00, el cuarteto finlandés tomó posición en el escenario. Una pista atmosférica comenzó a envolver el Teatro Cariola, cargada de un sentimiento de soledad y apocalipsis, que se extendió por varios minutos hasta romperse con los primeros acordes de “Lord of Shadows and the Goldenwood”. La voz de Marko Laiho, distorsionada por efectos vocales, sumaba brutalidad a sus cantos repletos de blasfemia, satanismo y ocultismo.
El set estuvo fuertemente centrado en su obra más emblemática, Drawing Down the Moon, del cual interpretaron ocho canciones durante los 80 minutos que duró el ritual. Las luces en tonos azul y púrpura aportaban un aura enigmática, elevando aún más el ambiente sombrío de la noche.
Sonidos etéreos emergían desde el programador de la banda, envolviendo su crudo black metal con capas electrónicas y ambientes densos. Las voces adicionales de Juha Laine aportaban una capa aún más desgarradora, dándole un carácter abismal a cada interpretación.
En pocas palabras, fue un concierto arrollador de principio a fin, donde la propuesta musical y visual se entrelazó en una experiencia inmersiva y perturbadora.
Tras interpretar “Pagan Moon” en el encore, los músicos se retiraron en completo silencio, sin agradecimientos ni despedidas. El público, desconcertado, quedó en duda sobre un posible segundo regreso. Pero las luces encendidas del recinto confirmaron lo inevitable: Beherit ya había dicho todo lo que tenía que decir… a su manera.
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