POWERWOLF: TEOLOGÍA EN CLAVE LOBEZNO-METALERA
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Escrito por: Equipo SO

Por Pablo Rumel.

Hay un dicho que dice “más extraño que chancho en misa”. Con Powerwolf podríamos decir más raro que lobo en misa. Powerwolf es raro. Musicalmente, ejecutan un power metal limpio y bien ejecutado, con alta presencia de teclados, coros épicos y extraordinarios solos de guitarra. Lo raro está en su iconografía católica combinada con elementos de terror. Tras examinar sus letras y el arte de sus discos, queda la duda ¿es Powerwolf una banda blasfema, religiosa, o ambas cosas?

Los sacrificios y las misas diabólicas son más antiguas que el hilo negro. Cruces invertidas, rituales demoniacos a medianoche, exhortación y ruego a deidades antiguas y olvidadas, son prácticas que ya figuran en la misma Biblia (el Dios Moloch o el Becerro de Oro), se recogen en la tradición oral y escrita del Medioevo, y cómo no, hay una tradición musical que habla del “pacto con el cachúo” para tocar algún instrumento como los dioses, mito anterior incluso a la historia del blusero Robert Johnson, muerto a los 27 años e iniciador de una supuesta maldición, pues ya en el siglo XIX se rumoreaba que el eximio violinista italiano, Niccolò Paganini, tocaba monstruosamente gracias a las artes malévolas.

En el mundo del metal, son documentadas las anécdotas que pasó Black Sabbath referente a “lo maligno”, como cuando una vez, cierto mago negro de renombre invitó a la banda a una misa negra a tocar; como el cuarteto de Birmingham se negó, el sujeto los amenazó con un sortilegio mortal, y para contrarrestarlo, al papá de Ozzy se le ocurrió crear a cada miembro una cruz como amuleto de protección. Por cierto, la cruz invertida del álbum homónimo de los ingleses fue una movida comercial, que en efecto abrió la puerta a que otras bandas, interesadas por temas esotéricos, siguieran una senda que se adentraba en temáticas y narrativas oscuras.

El triunfo del mal

Tras flirteos con aquelarres, posesiones y rituales hippies de los setenta, fue recién en los ochenta cuando la imaginería satánica adoptó un rostro más abierto y menos metafórico. Un cúmulo de bandas —de Slayer y Venom a Celtic Frost y la primera oleada blackmetalera— instaló la figura demoníaca como pilar esencial de la estética del metal: no solo en las letras que invocaban al Diablo, sino también en la ropa estrafalaria, las portadas macabras y la actitud rebelde del “non serviam” luciferino. Esta exaltación terminó desbordándose en episodios extremos, como la quema de iglesias en Noruega, o incluso un trágico hecho en Chile, donde un joven de Aysén, atormentado por voces, asesinó a un sacerdote dentro de una catedral, convencido de que los demonios se lo habían ordenado.

¿Era creerse el cuento y rayar la papa hasta niveles extremos? Glen Benton de Deicide, en su día se quemó una cruz invertida en la frente (¡manerita de tatuarse!), pero más tarde confesó que no lo hizo por satanista, sino por un mero arrebato juvenil, declarándose ateo.

Hombres lobos católicos

Lo primero que se advierte de la imaginería powerwolfiana, es que los motivos artísticos que representan su obra, siempre muestra a hombres lobos en actitudes de martirio o de ataque, enarbolando iconografía religiosa no profanada: cruces derechas (nota al margen: la cruz invertida en estricto rigor no es satánica, pues desde tiempos remotos se usa para representan a San Pedro, quien murió crucificado al revés) rosarios, hábitos monacales y exorcismos a espíritus invadidos.

En la portada de su último álbum, Wake up the wicked, se muestra una catedral gótica en llamas, presidida por un trono ocupado por una figura licántropa coronada, rodeada de lobos y símbolos católicos reinterpretados con violencia visual. Cruces, procesiones, ataúdes y arquitectura sacra no son eliminados, sino absorbidos y distorsionados: la liturgia arde, pero no desaparece. El lobo, tradicional símbolo del mal o del falso profeta en el cristianismo, es aquí entronizado como figura mesiánica o juez apocalíptico. Lejos de una blasfemia simple, la imagen plantea un sincretismo oscuro donde la imaginería cristiana es reconfigurada desde el exceso, el cuerpo y la monstruosidad. ¿Powerwolf busca profanar a los íconos religiosos?

Y acá yace el problema

La religión católica, de manera superficial, puede ser identificada con la beatería y la moralina espuria. La realidad lo desdice. ¿Qué digo? Afirmamos: la religión católica no solo es contradictoria y compleja, se resiste lisa y llanamente a los esquemas y simplificaciones. ¿Cómo es esto? Pensemos por ejemplo en el culto mexicano a la Santa Muerte (combatido desde las cúpulas de poder de la Iglesia Católica), la cual es representada iconográficamente por una calaca vestida de virgen con guadaña, santa protectora de los narcotraficantes quienes se encomiendan a ella a la hora de cometer sus tropelías.

El fenómeno es antiguo. En antropología a este fenómeno de combinar elementos religiosos se le llama sincretismo: un pueblo determinado que ya tiene su panteón y sus creencias, “adapta” y “mixtura” las enseñanzas del evangelio o de otra creencia, a su propia realidad. La religión católica es en sus orígenes pagana y paganizante, hunde sus raíces en los cultos griegos y romanos; toda esa idea de santos que brindan bendiciones a cosas tan mundanas como la buena preparación de las comidas y las cervezas (San Arnulfo de Metz), de la procreación (San Antonio de Padua), o incluso el uso de fuegos artificiales (Santa Bárbara), tiene su tradición en las fiestas que se le brindaban a Saturno o al dios Baco, deidades que intercedían en la agricultura y en las cosechas.

Y el problema de Powerwolf radica en que su intento de subversión o profanación, puede explicarse perfectamente a través del sincretismo: existe un catolicismo tradicional, el del Vaticano y su curia, y también un catolicismo popular, el de los barrios obreros, que extrae elementos variopintos para escenificar su culto: piénsese en la fiesta de La Tirana y sus diabladas. María es otro universo. Hay sacerdotes que han declarado que los cultos marianos tienen algo de subyugante, calando muy en hondo en fieles que incluso han renegado de Dios y de los santos, pero no de María, a quien ven como una suerte de Diosa y Madre.

Analizando el contenido lírico de Powerwolf

Tomaremos algunas canciones, las más populares que aparecen en Spotify, y analizaremos de qué hablan. En «Army of the Night», se presenta una milicia de fieles que invoca a Mater Maria y celebra sacramentos (“Break the bread and raise the holy wine”), pero en un contexto nocturno, casi sectario. ¿Es una misa o una parodia bélica? Ambiguo.

En «Sainted by the Storm» y “«Sinners of the Seven Seas», hay cruzadas modernas, cargadas de pecado, donde los guerreros están “contaminados y abandonados” pero aún “bendecidos por la corona”. Hay un aire de fatalismo redentor, muy católico: pecar, sufrir y purificarse por el sacrificio.

«Incense & Iron» y «Sainted by the Storm» evocan la Militia Christi, la milicia cristiana alguna vez proclamada desde el Vaticano en la época de las Cruzadas, otro elemento disruptivo en el seno de la catolicidad, pues Jesús no enseñó a matar al enemigo, pero en una realidad donde se imponía el hierro, hubo sacerdotes que bendijeron las armas. El uso constante de Mater Maria, la Biblia, los sacramentos, y la idea del martirio glorioso (“Hallow the martyrs when the bible broken”) puede alinearse con una visión católica heroica del sufrimiento y la redención.

Los hombres lobo son símbolos del hombre dividido, del animal interior que se opone al alma. En teología clásica (San Agustín, por ejemplo), el pecado es animalidad, es la carne que se rebela contra el espíritu. Powerwolf invierte esto: los lobos también rezan, también comulgan, también matan por Dios. Es un sincretismo grotesco. La frase “We hail the cross and we kill by the Bible” de «Armata Strigoi» es un buen ejemplo: se profana el símbolo al usarlo como arma. Conclusión simbólica: El hombre lobo no profana la fe, la encarna de forma monstruosa. Es un santo mutante, un mártir bestial.

¿Profanación o teología oscura? Powerwolf usa símbolos como el vino, la sangre, la cruz y el demonio, no para burlarse, sino para ponerlos en tensión. Es una forma de teología de lo grotesco, donde lo sagrado se vuelve oscuro, pero no deja de ser sagrado. Ejemplos: En «Demons Are a Girl’s Best Friend» se sexualiza lo demoníaco, con versos como “protect the grail between your thighs”. Aquí hay una inversión blasfema del Santo Grial, donde se habría recogido la sangre de Cristo, pero también es una crítica a la represión y a la doble moral. «Sinners of the Seven Seas» mezcla la conquista cristiana con el pecado (“sailors, bringers of salvation / horror and damnation”), mostrando cómo el discurso de salvación puede encubrir violencia. Esto no es ateísmo, es crítica interna. Una especie de “metal litúrgico” que cuestiona la historia del cristianismo desde dentro de su simbolismo.

El heavy metal como misa gótica

Powerwolf no es una banda atea, sino una banda que dramatiza la fe. Juegan con los símbolos, no para destruirlos, sino para volverlos espectaculares, sensuales, a veces incómodos. Posible conclusión: Powerwolf enarbola una teología del exceso, donde lo sagrado y lo profano se funden. Últimas preguntas: ¿puede un hombre lobo ser santo? ¿Puede una misa llevar riffs y humo? Respuestas que deberá responder el respetable lector.

 

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