Necrodemon: «Through Infinite Grief» (2026)
Cargando
Escrito por: Equipo SO

Por Claudio Miranda.

En poco más de tres décadas, el recorrido de Necrodemon se ha escrito a punta de convicción y mucha resistencia. Liderada por Ricardo y Christian Gallegos, la banda originaria de Arica y radicada en Santiago ha estado siempre ahí, curtiendo una propuesta que bebe sin tapujos del sonido de Gotemburgo -pensemos en Dark Tranquility y el primer In Flames-, pero lo lleva al ala más radical del death metal -Deicide, Immolation-. Tras el estreno en sociedad con el EP The Lost Kind of Magic (1998), los LPs llegaron como el espejo de un sentimiento de odio hacia lo sagrado, un odio parido que se defiende y ataca por igual con un repertorio que abraza el género desde la entrega hasta el resultado final.

Regions of the Non Divine (2002) y el más elevado In Ecstasy of Fire (2015), se llevan por poco más de 10 años de diferencia. Un catálogo bastante espaciado si nos vamos a la frialdad de los números. Al mismo tiempo, hay una dedicación que se traspasa en el directo, el terreno donde el material concreta su objetivo y duplica su jerarquía. Por ende, el tercer capítula debía ser la captura de su estado definitivo.

Digamos las cosas como son; Through Infinite Grief es un trabajo cocinado a fuego lento. La intro «Grief» y la metralla de «Heaven’s Disdain» dejan en claro una optimización que va de la mano con una variedad de momentos y pasajes de alta turbulencia. Resulta hasta tentador recurrir al cliché dela banda que conoce la esencia del death metal al derecho y al revés. Y como todo cliché, es un hecho que tocar en Necrodemon implica explorar el mismo subsuelo y disponer la habilidad instrumental en favor de una matriz de expresión tan propia como reconocible.

El avance por «Darkness Prevails» y «Buen, You Christians, Burn’!» da cuenta de un trabajo cuya intensidad nace en la misma escritura. Si bien sus antecesores -y el EP Que muera el perro Jesús!! (2017) engloban los rasgos del death metal de acuerdo a un propósito de expresión y desafío en los cánones del género, Through Infinite Grief logra traspasar la espectacularidad del directo al trabajo en estudio con la solvencia de músicos experimentados. Saben perfectamente lo que debe evocar el metal de la muerte en días de artificio digital. Las guitarras de Ricardo Gallegos e Ignacio Espíndola dosifican el talento cuando el momento lo requiere. La voz de Christian Gallegos no se queda en la ferocidad, sino que evoca el ideal de una agrupación que adopta el death metal como una filosofía, una forma de ver el mundo sumido en la barbarie más gráfica. Ahí donde el cliché se vuelve una constatación documentada, lo suficiente para que el fulgor creativo se extienda hasta el último surco.

Quienes se preguntaban hacia dónde nos llevaba «Spiral of Madness», el single estrenado en el atardecer del año anterior, es cosa de ver cómo encaja en un armado de distorsión e intensidad bien distribuido. Se nota a kilómetros el elemento orgánico que Necrodemon ha desarrollado durante el proceso en el estudio, dónde la fidelidad hacia integridad del death metal se encuentra en el mismo punto con la atención a las nuevas formas. Y eso habla de una banda que no se quedó atrapada en una era determinada, sino que renueva el fulgor creativo y emocional para entregarlo en un paquete completo hacia un público que, probablemente, se llevará una sorpresa

A medida que avanza el redondo y el coro de «Demons» cae con fuerza de martillo, el planteamiento de un escenario de hecatombe total asciende desde la metáfora hacia la constatación. En dicho tramo del disco, «No Holy Light» proyecta la esencia de un death metal que no abusa del volúmen ni del salvajismo. La gracia de Through Infinite Grief, al menos en la altura indicada, está en cómo la batería de Nicolás Vásquez equilibra sutileza y contundencia en su labor, lo suficiente para dejar respirar la música en aquellos espacios donde las guitarras convergen en una fuerza natural que abraza la textura y la melodía.

El dramatismo de «Erase Mankind» se levanta desafiante en cada escucha. Junto al corte titular, el cual cierra el disco, se conforman un juego de contrastes que dan cuenta de todo lo que ha logrado Necrodemon, incluso más allá de un subgénero determinado. Es ahí donde la melodía y la disonancia se miran las caras, mientras la cadencia y los momentos de repetición fluyen en una corriente que desemboca en un acto de purificación mientras todo alrededor se cae a pedazos.

Da la impresión de que Through Infinite Grief es un trabajo que gana en términos de expansión y celeridad. No se queda en lo que podríamos denominar su mejor placa; es un bombardeo de velocidad e intensidad constantes, todo enfatizando el aspecto memorable por sobre la fórmula conocida. Donde antes primaba la distorsión, acá las guitarras dan cuenta de un gusto melódico que se exhibe desde la misma escritura. Hilando muy fino, hasta podemos notar una conexión natural con el death metal en el ecuador de los ’90s. Y es ahí donde la tarea de calibración a cargo del productor e ingeniero Fredrik Nördstrom adquiere una importancia vital en el resultado final. Podemos pensar en el Hypocrisy que dejó el alma en The Final Chapter (1997) y los Carcass que se comieron al mundo en 1994 con Heartwork. Y Necrodemon logra dicho resultado al respirar un ecosistema donde la melodía y la brutalidad se toman la mano en favor de un conjunto de pasajes de estatura mastodóntica.

Tal como en In Ecstasy of Fire, el trabajo de Dan Seagrave en el arte del disco es fundamental para entender una narrativa sobresaliente en todos sus puntos cardinales. Eso, tanto como el contenido sonoro, habla de Necrodemon como una banda cuya propuesta se digiere con calma y paciencia, y con el deber de escucharlo mientras contemplamos el inframundo y las filas de cadáveres vivientes deambulando en busca de nada tras perderlo todo. Un ritual de sanación que requiere, a lo más, el brebaje de turno en mano. No se pide nada más.

Este artículo ha sido visitado 6 veces, de las cuales 6 han sido hoy

Equipo SO
Director/Columnista
Más del autor