Sobernot e Intrascendence: Doble ascenso en espiral
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Escrito por: Equipo SO

Por Claudio Miranda.

Fotos por  @jfl_rockfoto 

Para hablar de la jornada del sábado 4 de julio en MiBar, es menester resaltar el contexto previo. Sobernot e Intrascendence, durante la semana recién pasada, anunciaron gira por Europa, la primera para ambas bandas. Será mucho más que la primera incursión en el Viejo Continente; es el fruto de una serie de esfuerzos consolidados tanto en el escenario como en material de producción discográfica.

Por el lado de Sobernot, la lozanía del más reciente LP titulado Destroy (2022) retumba con la potencia suficiente para dar el gran salto hacia tierras tan anheladas como poco exploradas desde el Sur del Mundo. En el caso de Intrascendence, su paso en la última edición del festival CL.Prog bastó para documentar la magnitud de una propuesta que adopta elementos del metalcore y el metal de vanguardia, siempre en favor de una propuesta rica en matices sonoros y atmósferas futuristas. Y, sobretodo, es el aspecto emocional lo que ambas agrupaciones priorizan como parte de un distintivo que une y construye.

A eso de las 22 horas, y con el recinto de calle Santa Isabel 350 ya sumida en pleno calor humano bajo la gélida noche santiaguina, Intrascendence hizo lo que mejor sabe: traducir su propuesta a una conjunción de emociones y tonos que hermanan destreza y atmósfera. Lo notamos a media que «Believing to See», «Self Blinded» y «Sintergy» se levantan como un oleaje sónico. Lo apreciamos desde lo que Felipe Reyes se manda al frente, con una voz bien dotada que potencia el componente emocional ante todo. Ahí donde las guitarras de Omar del Canto y Rodrigo Alvear dialogan y, a la vez, respaldan la muralla de sonido que el teclado de Manuel Arriaza complementa con su aporte en las teclas y sintetizadores. Y lo de Arriaza es notable, pues la amplitud de matices que transforman el show en una experiencia envolvente, se complementa con una presencia que destila en algunos pasajes con keytar en mano. Completando el cuadro, la batería de Martín Álvarez -Decessus– dibuja figuras que en vivo pueden volarte la cabeza, por la forma en que domina el caos sistemático golpe a golpe. Es el todo y su funcionamiento lo que le da a Intrascendence una impronta que trasciende la destreza, y tiene que ver con la entrega en el directo. Por algo su placa homónima (2025) figura entre los lanzamientos más destacados a nivel local, tanto de la temporada anterior como de la década. Y su primera gira europea será la oportunidad única para ganar bagaje y, en el mismo plan, iniciar el ascenso hacia el infinito.

Como dice Chespi emulando a Cypress Hill, «Sobernot in Tha House!». En la casa del metal chileno, ante un público que no tardará en explotar el desmadre y se lleva una sorpresa de entrada con «The Downward Spiral of Taste», un adelanto de lo que será su próxima placa. Y vaya que funciona, pues te da una idea de lo que se viene en el futuro, pasando la prueba de la blancura y proyectando un futuro que ya empieza a cundir a fuego lento. De ahí, «Let Them Starve», «Cold B**ch» y «I Still Let You Linger», todas piezas fijas en el repertorio, no hacen más que transformar MiBar en una olla a presión. Y eso requiere algo que Sobernot ha forjado a base de sangre y mucho, mucho sudor.

Hay un principio que Sobernot aplica con experiencia grabada a fuego en sus directos; la diferencia entre las buenas canciones y la solidez del repertorio. Parecen lo mismo, pero… ¿cuántas bandas a nivel local sacan a relucir el potencial máximo desde el proceso en el estudio a la intensidad en vivo? Las respuestas bajan al suelo con el dramatismo de «Across the Toxic Dew», un momento de fulgor creativo con fuerza descomunal, donde entre la guitarra de Chespi y la voz desgarrada de César Vigouroux se funde un sentimiento de locura con firmamento propio. O en la ira volcánica de «I Recommend Amputation», una muestra de groove matador que pone a prueba la destreza de sus ejecutores, todo ante un público que no la piensa dos veces antes de sumirse en el trance. Es lo que se transmite desde el escenario lo que le brinda a Sobernot un lugar ganado a pulso. Incluso «The Burgundy Witch» llega reclamando con derecho su lugar respecto a sus ‘hermanas’ en el set, dejando en claro que la mirada está en el presente con el futuro a la vuelta de la esquina. Y lo hacen ofreciendo un show donde el impacto de las buenas canciones se siente como una ráfaga de puñetazos en la cara. Importante el despliegue de Sebastián del Pino en los tarros, el socio rítmico de Joaquín Quezada, este último un bajista que dispone su habilidad en las bajas frecuencias con la soltura de un veterano que no teme ni duda ante nada.

Si hubiese que definir lo que es Sobernot en vivo, sería lo más cercano a una experiencia de catarsis absoluta. Lo sabe el público que transforma un recinto con las dimensiones de MiBar en un hervidero y termina por armar un moshpit que deja secuelas en «Dead Space», «Vermis» y «No Mercy». El oleaje humano al cual se expone Chespi cuando baja del escenario, con guitarra en mano, a recibir el calor de aquellos fans que echan abajo todo hacia el final del show. Ningún análisis explica cómo brindar una paliza de tamaño nivel en el circuito local. De ahí que la anhelada gira europea, próxima a empezar a finales del presente mes, podría significar un ascenso de nivel, igual que para sus colegas y amigos de Intrascendence. Será la ocasión para probar de qué están hechos. Es la única forma de llevar su propio espiral de destrucción hacia un capítulo que podría ser angular en el metal chileno. Y Sobernot e Intrascendence, juntos y no revueltos, tienen todas las armas para escribir dicho capítulo en otras latitudes del Globo.

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