Por Pablo Rumel
Fotos Rodrigo Damiani @SonidosOcultos
No era un concierto cualquiera. Masters of Voices llegaba a Santiago con una premisa tan llamativa como arriesgada: reunir a cuatro reconocidos cantantes en un espectáculo que oscilaba entre el tributo y la interpretación de material propio. La respuesta del público previo al show no fue la esperada en un comienzo, las entradas incluso pasaron a modalidad 2×1 durante la semana, incluyendo un cambio del Teatro Teletón a la Blondie, pero eso hacía todavía más interesante la incógnita. ¿Funcionaría la fórmula? Fuimos a verlo, y acá te daremos nuestro veredicto sónico ocultista.
Los teloneros: banda gringa de origen chileno
Velvet Chains saltaron a la palestra a las 20:00 haciendo gala de un hard rock bien metalizado, con alternancias que fueron del grunge hasta el groove, y es que la banda comandada por el chileno y bajista Nils Goldschmidt, entró directo a golpear y a convencer con una propuesta cargada a los tonos bajos y las melodías oscuras.
Mención especial a su guitarrista Von Boldt, quien para ganarse a la gallada incluso bajó del escenario para rasguear a toda máquina su hacha de batalla; y en sintonía con el espíritu de homenaje, los Velvet se sacaron un «Suspicious Minds» de Elvis Presley, tocada a full distorsión.
Master of Voices ¿el inicio de algo más grande?
Había un setlist y un orden, que arrancaba con Tim “Ripper” Owens, pero sorpresivamente salió a escena Eric Martin de Mister Big. La base instrumental estaba compuesta por Barbosa a las seis cuerdas y Andreoli al bajo, ambos de Angra, sumando a Cominato (Mister Big, Soto y Spektra) en los tarros y Mancini de Shaman en la guitarra rítmica.
El repertorio era ecléctico y amplio, abarcando temas que iban desde el glam hasta el heavy metal de la era más pesada de Judas, pasando por el sonido power de Angra y el progresivo de Sons of Apollo.
La voz inconfundible
Martin entró con desplante, y si bien su tono de voz fue potente desde el arranque, con «Wild World» de Cast Stevens tomó el vuelo y la tesitura que el espectáculo demandaba. Con un tiempo acotado a treinta minutos, tocó clásicos de Mr Big como «To Be With You» o «Collorado Bulldog».
En ese primer arranque se utilizaron guitarras clásicas y acústicas, para darle ese sonido suave y distorsionado ochentero, con una percusión firme con mucho swing, demostrando la versatilidad de Mancini, quien tendría por delante una noche ultra exigente, con más de dos horas de shows por delante.
El destripador Owens
La elección de poner a Owens en segundo lugar fue precisa, porque si Martin representaba a la clase que unía el rock setentero con un sonido más comercial, Tim Owens metalizó el ambiente con una descarga que partió con «The Hellion/Electric Eye» y siguió con «Burn in Hell», sí, el mismo tema del Jugulator que no está en ninguna plataforma debido a que el sello discográfico quebró.
Lo que no se rompió fue la voz de Owens, que sonó agudísima y rasposa, con un cuerpo vocal que asaltó a la audiencia y la mantuvo cautiva y activa, cabeceando a toda máquina con un «Painkiller» que literalmente retumbó a la Blondie: la banda la tocó con afinaciones más bajas, creando unos graves poderosos que contrastaron de manera bestial con la voz de Owens, en excelente forma, despidiéndose momentáneamente con a su juicio – y acá en la redacción pensamos igual-el mejor cantante de heavy en la historia Ronnie James Dio, sacándose su inmortal «Heaven & Hell» de los Sabbath.
El sucesor de André Matos
La historia es conocida por todos: tras la ruptura de Angra y la salida de Matos, y sin un timón claro, Falaschi ingresó a una banda reformada para inmortalizar el que acaso sería uno de los mejores trabajados de toda la carrera de los brasileños: el Rebirth. Y tributando esa era dorada se tocaron clasicazos como «Acid Rain», «Heroes of Sand» y la sentida «Bleeding Heart» con algunos detalles.
En primer lugar, la voz de Falaschi sonó más baja que el resto de sus colegas ¿decisión grupal o errores en la mesa de sonido? No lo sabemos, pero también no debemos olvidar que Edu pasó por una grave enfermedad que malogró su voz, y es que su tesitura suave con sus característicos falsetes sigue ahí, pero no intactos.
Su interpretación de «Bleeding Heart» no fue eficiente, saliéndose de las tonalidades y retomándolas con cierta dificultad en el estribillo; la banda tampoco acompañó con el mejor sonido, oyéndose un bajo retumbón y desaprovechando el uso de guitarras acústicas, como sí hicieron con Martin.
«Heroes of Sand» fue la posibilidad de la revancha, y es que ahí pudimos oír a un Falaschi mejor compuesto, alargando las notas y entregando esa emotividad lírica que exige la canción. Quedamos con un sabor agridulce, pues nos habría gustado ver un ensamble musical más robusto, incluso con un tecladista en escena, y una voz de Falaschi un poco más arriba.
JSS: El maestro cantor
Cerca de las 23:00 horas, subió al escenario el legendario Jeff, voz emblemática de Yngwie Malmsteen, Journey y Sons of Apollo, atacando con un tridente musical que osciló con una poderosa y progresiva «Coming Home», que puso nuevamente a pruebas al tándem musical, interpretando con mucho énfasis y vehemencia esta pieza, y mención especial a «Separate Ways», también con afinaciones bajas, dándole un toque groovero y pesado que la original no tenía, siendo uno de los momentos más disfrutados por el respetable.
El encore fue protagonizado a cuatro voces, donde pudimos oír una notable Living After Midnight de Judas Priest. El recurso era esperado y funcionó, pero llegó demasiado tarde. La verdadera gracia de Masters of Voices no está en ver a cada cantante por separado, eso ya lo hacen en sus propios conciertos, sino en las posibilidades que ofrece la interacción entre ellos. Hubiese sido interesante ver duetos cruzados durante el desarrollo del espectáculo, armonías compartidas o incluso intercambios de repertorio que rompieran la estructura de bloques individuales.
El veredicto final
Porque ahí está, precisamente, el mayor desafío de este formato. Más que cuatro mini conciertos consecutivos, Masters debe consolidarse como un espectáculo colectivo. Un cierre coral de veinte minutos, una canción de Angra interpretada junto a Owens, Soto cantando junto a Martin un clásico de Journey o incluso Falaschi sumándose a algún himno de Judas Priest habrían elevado la sensación de evento irrepetible.
Desde el apartado técnico también existen aspectos perfectibles. La mezcla de sonido fue irregular entre artistas, especialmente durante el segmento de Edu Falaschi, cuya voz quedó demasiado atrás respecto de la banda. Considerando la enorme diferencia de registros entre Martin, Owens, Falaschi y Soto, cada uno requiere una ecualización y compresión específicas; no basta con mantener una mezcla uniforme para todos. Asimismo, el uso de guitarras acústicas y teclados, cuando el repertorio los demanda, aportaría mayor fidelidad a las versiones originales y enriquecería una propuesta que busca ir más allá del simple tributo.
Con todo, el experimento funciona. La banda de apoyo respondió con solvencia durante más de dos horas, Owens y Soto fueron los grandes vencedores de la noche, Martin confirmó que sigue siendo un frontman de enorme oficio y Falaschi, pese a algunas dificultades, dejó destellos del intérprete que marcó una época en Angra.
Masters of Voices todavía tiene margen para evolucionar, pero la base está construida. Si en futuras giras potencia la interacción entre sus protagonistas, ajusta algunos aspectos de producción y termina de asumir que el verdadero atractivo es la suma de sus voces y no la simple sucesión de ellas, podría transformarse en un formato con identidad propia y no solo en una reunión de grandes nombres del hard rock y el heavy metal.
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