Por Pablo Rumel.
El tigre es una imagen de poder que inmediatamente evoca ferocidad y destreza: es un animal cazador y por lo mismo símbolo de la casta guerrera. Admirado en oriente, se relaciona con el solsticio de invierno, el devorador de las influencias maléficas. Su figura rayada también ha sido motivo de adoración, sobre todo en la India, al ser representado como montura de la Shakti, de la energía de la naturaleza capaz de dominar al mismo Shiva.
Apaciguador de la energía vital del mundo, guerrero fronterizo entre el caos y el orden, el sonido de sus garras afiladas sobre planchas de acero, no debería ser muy diferente al de una guitarra distorsionada y estruendosa que busca morder y afilar en cada acorde y golpe de platillo.
Y es que cuando se habla de la New Wave of British Heavy Metal (NWOBHM), los nombres que suelen ocupar el centro del escenario son ocupados por otras bestias: Iron Maiden con el cetro, Saxon a un costado del trono, y Def Leppard, saltando de una habitación a otra.
Y pese al reinado de estas bandas, toda revolución tiene sus arquitectos visibles y sus guerreros de choque. Entre estos últimos, pocos fueron tan decisivos como los Tygers of Pan Tang, banda que encarnó el espíritu de la nueva ola británica y la ayudó a empujarla hacia territorios más rápidos, afilados y peligrosos.
Partiendo por su nombre, tan peculiar ¿qué demonios significa Pan Tang? Se refiere a una isla ficticia, un tributo involuntario a otro gran marginado de la cultura popular, el escritor Michael Moorcock. Los Tygers extrajeron su emblema de Pang Tang, la isla de hechiceros crueles y adoradores del Caos que aparece en las crónicas de Elric de Melniboné. No deja de ser una elección reveladora: mientras la fantasía heroica celebraba guerreros musculosos y reyes invencibles, Moorcock imaginaba un monarca enfermizo, albino y nihilista. Del mismo modo, los Tygers emergieron en un momento en que el heavy metal comenzaba a desprenderse de los moldes heredados para buscar nuevas formas de violencia, velocidad y belleza, todo al son de guitarras virtuosas y ataques frenéticos en un Londres azotado por el punk rock.
Contexto histórico
Formados en Whitley Bay en 1978, aparecieron en una Inglaterra convulsa. El rock progresivo, que durante años había dominado la imaginación de los músicos más ambiciosos, comenzaba a mostrar signos de agotamiento. Al mismo tiempo, el punk convertía las calles de Londres en un campo de batalla cultural. Entre ambos mundos nació la NWOBHM: demasiado agresiva para el establishment del rock clásico y demasiado virtuosa para el dogmatismo punk.
Pero lejos de ser ni chicha ni limonada, Tygers actuó como una fuerza de aceleración en un campo gravitatorio metalero que si no era alimentado pronto con nueva energía, corría el peligro de disolverse en la nada. Allí donde otros grupos todavía conservaban un pie en el blues eléctrico o en las formas tradicionales del hard rock, los británicos tensaron las costuras del género hasta llevarlo al límite, abriéndolo a terrenos aún inexplortados
Sobre el sonido
Escuchar Wild Cat (1980) o Spellbound (1981) es asistir al instante exacto en que el heavy metal descubre una nueva velocidad de crucero. Los riffs ya no avanzan con el paso firme del hard rock setentero; sensual y abacanado, para mover la pelvis, sino que ahora salta a la cabeza y a los puños: es una nueva fuerza de ataque. La batería deja los patrones cuadrados llenos de swing y se vuelve marcial y combativa, una maquinaria lista para embestir, ariete en mano. Las guitarras ya no son meras empuñaduras de elegancia o pura rabia, pasando ser de finos estiletes a espadones acerados, cortando el aire como hojas recién afiladas.
Lo notable es que esa agresividad nunca sacrifica la melodía. Allí reside buena parte de la importancia histórica de Tygers of Pan Tang. Demostraron que el heavy metal podía correr sin desintegrarse, podía endurecerse sin perder gancho y podía abrazar una estética más extrema sin renunciar a la composición. En muchos sentidos, estaban ayudando a construir el lenguaje que el speed metal y buena parte del metal tradicional desarrollarían durante la década siguiente, a punta de tralla y machaca.
John Sykes
La llegada de John Sykes terminó de convertir a los Tygers en algo más que una prometedora banda de la NWOBHM. Su aparición fue breve, casi fugaz, pero dejó una marca profunda. Sykes tocaba con una combinación extraña de elegancia y ferocidad: sus solos parecían surgir de una tradición melódica refinada para luego transformarse en descargas eléctricas como empuñadas por un diestro médico, bisturí en mano, rajando paños y haciendo incisiones a lo loco.
Discos en los que trabajo Skykes como Spellbound y Crazy Nights elevaron el estándar guitarrístico de toda la banda. No resulta extraño que posteriormente encontrara su lugar en Thin Lizzy y Whitesnake. Su paso por Tygers of Pan Tang fue corto, pero bastó para convertir aquellos registros en algunos de los documentos más influyentes de la primera etapa de la NWOBHM.
Una cita única e irrepetible: para anotar
La historia suele recordar a los vencedores comerciales, pero los movimientos culturales rara vez son obra exclusiva de sus figuras más exitosas. Tygers of Pan Tang pertenece a esa categoría de bandas cuya influencia supera ampliamente sus cifras de ventas. Fueron exploradores. Ensancharon los límites del heavy metal británico cuando el mapa todavía estaba incompleto y ahora los tendremos por primera vez en Chile.
No ir a verlos es dejar una pieza, gran pieza, incompleta de la figura de la NWOBHM. Y no nos engañemos, nunca alcanzaron la proyección planetaria de Iron Maiden o Def Leppard, pero su legado permanece incrustado en el ADN del género. Cada riff acelerado, cada armonía gemela lanzada a toda velocidad y cada banda que entendió que la melodía y la agresión podían convivir en un mismo lenguaje le debe algo a aquellos tigres surgidos desde una isla imaginaria gobernada por el Caos. Porque, a veces, son los nombres escritos en los márgenes los que terminan cambiando la historia.
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