Por Pablo Rumel
Riot V vuelve a Chile junto a Pestilence, Azeroth y los nacionales Letalis. La pregunta es inevitable: ¿cómo una banda tan influyente, considerada por muchos la gran referencia del heavy metal estadounidense después de Manowar y Queensrÿche, nunca alcanzó el reconocimiento masivo de otras leyendas? La respuesta combina malas decisiones de la industria, una inestabilidad constante en sus filas y una seguidilla de tragedias que marcaron el destino de uno de los nombres fundamentales del heavy/power metal.
¿Y por qué Riot V? Tras la muerte de su fundador, Mark Reale, los integrantes decidieron continuar bajo un nuevo nombre para honrar su legado. Como la historia del grupo puede dividirse en cinco grandes eras, en Sonidos Ocultos elegimos el mejor disco de cada una y explicamos por qué esas obras representan lo más alto de una de las carreras más injustamente subvaloradas del metal.
LA PRIMERA ERA: LA VENA HARD-ROCKERA (1975-1981)
La primera era de Riot comienza con un debut tan prometedor como aplaudido: Rock City (1977). Fue una etapa de crecimiento acelerado, en la que la banda se ganó un lugar abriendo conciertos para grandes nombres del rock y el metal, lo que le permitió firmar con sellos como Elektra y Capitol Records. Al frente estaba Guy Speranza, un vocalista de enorme potencia y técnica, cuya actuación alcanzó su punto más alto en Narita (1979), disco que consideramos la obra cumbre de esta primera etapa.
Se trata del segundo álbum, más valorado en Inglaterra que en EEUU, lanzamiento que coincidió con la NWOBHM, y por eso calza tan bien con este espíritu, disco que contiene hitazos como la glamera «Kick Down The Wall»; la mítica «Born to the Wild» cover de los también míticos Steppenwolf, y la electrificada y heavymetalera «Road Racin», clásico inmortal de la banda y una obligatoria escucha para todo mortal.
El disco final de esta era fue el Fire Down Under, uno de los más vendidos de su momento, y pese a la excelente producción y gran cantidad de ventas, no tiene esa garra primigenia y potente que destacó con el Narita.
LA SEGUNDA ERA: HEAVY METAL A TODA MÁQUINA (1982-1984)
Speranza abandonó las tablas (y la música para siempre) debido a su conversión religiosa, y fue reemplazado por Rhett Forrester, un vocalista de buenos falsetes y excelente tesitura, quien muriera trágicamente el año 94 de un disparo por intento de robo a su auto, sin que hasta hoy se encontraran culpables.
En esta etapa se afianza el sonido más duro, se abandona ese swing rockandrollero, y se reemplazan por las estructuras heavys de primera hora, con predominancia de acordes de quinta, galopes y ataques de guitarras armonizadas. La guitarra virtuosa de Reale persiste y se afianza.
Restless Breed es el gran disco de esta breve etapa: su canción homónima tiene un estribillo memorable y un toque melancólico que sería ultra explotado en las power ballads que se escribirían de ahí en adelante.
Otra gran pieza es «C.I.A. », impulsada por unos fraseos de guitarra punzantes y una sólida base de bajo y batería. Su sonido remite al heavy metal callejero de bandas españolas como Obús y Barón Rojo: directo, combativo y con un fuerte contenido de denuncia. Ese enfoque fue perdiendo terreno en Estados Unidos, donde el género se inclinó hacia temáticas más épicas y fantásticas, pero en Sudamérica ha logrado mantenerse vigente hasta hoy.
LA TERCERA ERA: EL GLORIOSO POWER US METAL (1986-1992)
El último disco de la era anterior fue Born in America, un disco irregular que significó una ruptura debido a su caída de popularidad, y su intentó por volverse más glam, hecho que terminó pasándoles factura.
Tony Moore fue el frontman de esta etapa, y llegó justo en un momento en que la banda, tras muchos cambios de alineación, y siempre comandado por el virtuoso guitarrista Mark Reale, decidió hacer una reingeniería para crear algo diferente: tomaron del thrash la velocidad y la rabia, del heavy su variante más neoclásica encarnada en bandas como Alcatrazz o Cacophony, y del glam metal los peinados y las pintas estrafalarias (¡sí! Como lo hiciera X-Japan en esa misma época), creando el poderoso, atronador, melódico y virtuoso Thundersteel. ¡Qué pedazo de disco madre mía! Si ya lo conoce reprodúzcalo de nuevo, y si no, dejé llevarse por esos riffs espiralados y potentes de la homónima «Thundersteel», la ultra épica «Fight or Fall» con estribillo memorable, o la speedmetalera «Flight Of The Warrior». El disco es una obra maestra de principio a fin.
En esta breve etapa hay otro gran disco, The Privilege of The Power, incluso nos atreveríamos a decir más técnico y complejo que el Thundersteel, pero tiene algunos fallos que a nuestro juicio lo ponen por debajo: las introducciones cinematográficas tipo disco conceptual ralentizan la propuesta; la inclusión de bronces le da un aire jazzístico que no termina de encajar bien, y pese que es ultra técnico y progresivo, muy en la línea de Royal Hunt, y que para más remate tiene como invitado al único e inigualable Joe Lynn Turner, siendo joya, no es el más destacado de esta era; no obstante, en un ranking generalizado fácil debería estar entre los cinco mejores de la banda.
LA CUARTA ERA: ENTRE EL CAOS Y LA RUPTURA (1993-2012)
Es la época de Mark Di Meo, con un registro que se aleja del heavy duro y del power, y está más vinculado al AOR, al blues y al rock clásico. Es una época compleja para la banda, pues debido a su mala recepción en su EEUU natal, incluso llegaron a editar para el mercado alemán y japonés, el The Brethren of the Long House, un disco con aires folk y que es un homenaje a los indios americanos.
Muchos fanáticos consideran esta etapa como una «segunda juventud» de la banda. No tiene el impacto histórico de Thundersteel, pero sí una enorme consistencia compositiva. Tras cinco trabajos de estudio, Di Meo abandona el barco, quien fuera reemplazado por Mike Tirelli, quien no llegó a grabar en el estudio, pero que acompañó a la banda en los lives.
La era final llega con el Inmortal Soul de 2011, una suerte de dream team dentro del mismo Riot, pues vuelve a reunir la formación clásica del Thundersteel, con Tony Moore al micrófono, Don Van Stavern a las cuatro cuerdas y Bobby Jarzombek a los tarros ¡y se nota! Es un disco explosivo, violento, cañero, como el tema «Riot» o la rítmica y atronadora «Wings Are For Angeles», que recuerda a la etapa más virtuosa de Stratovarius, pero con más fiato y sin teclados ¡a ese nivel! O la enigmática y potente «Believe».
Así, con las banderas de la foca y los puños bien en alto, tras una penosa enfermedad, la mente maestra de esta épica banda deja este mundo un 25 de enero de 2012 y Riot desaparece de mapa. O eso creíamos.
LA QUINTA ERA: RESURGE LA FOCA DE LAS CENIZAS (2013-presente)
Para honrar su legado y dejar claro que la banda continuaría sin reemplazar su figura, los miembros sobrevivientes decidieron cambiar el nombre a Riot V. Con Todd Michael Hall como nuevo cantante, junto a Don Van Stavern, Mike Flyntz y Frank Gilchriest, el grupo retomó el sonido épico y veloz de Thundersteel e Immortal Soul, iniciando una nueva etapa que ha logrado consolidarse como una continuación legítima del legado de Reale.
El disco más destacado de esta era es Armor of Light (2018). Si bien Unleash the Fire (2014) fue un excelente debut para Riot V y demostró que la banda podía seguir adelante sin su fundador, fue con Armor of Light donde la formación alcanzó su máxima madurez compositiva.
La crítica especializada elogió su equilibrio entre velocidad, melodía y épica, además de la sobresaliente interpretación de Todd Michael Hall y el sólido trabajo de guitarras de Mike Flyntz. Canciones como «Victory», «Heart of a Lion», «Messiah» y «Raining Fire» lo han convertido en uno de los mejores trabajos publicados bajo el nombre Riot V y en un referente del heavy/power metal estadounidense contemporáneo.
PALABRAS AL CIERRE
16 discos de estudio, 17 en vivo, 4 demos, 3 EP y 8 compilaciones, entre bootlegs, homenajes de la talla de Hammerfall o Axel Rudi Pell, Riot va más allá de una mera banda buena que se deja escuchar; es una banda influyente, con un pasado complejo y glorioso, un presente en ciernes, y con un futuro prometedor.
Derribar las puertas del paraíso a punta de arietes y catapultas, no es un logro que cualquiera lo logre: es una banda que ya está en el olimpo, señoras y señores, y si aun tiene la duda, repase su discografía.
Eso sí, háganos caso con nuestra recomendación.
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