Don Osvaldo en el Cariola: regreso con alma barrial (2025)
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Escrito por: Equipo SO

Por Pablo Rumel
Fotos Rodrigo Damiani @SonidosOcultos

El vínculo de Don Osvaldo con Chile es reciente pero intenso. La banda argentina, surgida en 2010 tras la disolución de Callejeros y encabezada por Patricio Fontanet, se presentó por primera vez en Santiago el 5 de noviembre de 2022 en el Teatro Coliseo, logrando un lleno total que marcó su desembarco en el país. Dos años más tarde, volvieron con todo al Teatro Cariola, consolidando una relación que crece a paso firme: cada visita convoca a una hinchada fiel que encuentra en sus canciones una mezcla de memoria, catarsis y resistencia.

La noche del sábado del 16 de agosto en el Teatro Cariola fue un rito de rock barrial con todas sus letras. La sala repleta, banderas flameando y un público que agitó como cancha futbolera , marcaron la antesala del recital que unió presente y memoria.

LA ANTESALA NACIONAL

A las 20:25 salió al escenario el grupo chileno Mandrácula, recibido entre vítores y coros por un público ansioso. Pancho Rojas abrió con un enérgico “¡Somos todos buenos muchachos!”, iniciando una descarga de rock and roll directo al hueso. Llamó la atención la crudeza rítmica del baterista Sergio Carilini, armado apenas con bombo, caja y hi-hat, que sostuvo el pulso con un sonido seco y sanguíneo: no necesitó una nave espacial para bombear al corazón mandraculero, arreglándoselas a todo ritmo.

Se interpretaron clásicos como «Verde Claro» y «Camino Lento», temazos que ya suman dos décadas, y entre sus buenos shops cerveceros al seco (¡salud!), los casi treinta minutos del show volaron; en «Muerte al Rock & Roll» oímos a un inspirado Sebastián Garrido, quien guitarra en mano nos deleitó con unos solos de puro sentimiento blusero, cerrando con «Se Hace Tarde». Fuera de algún acople y una correa suelta, los Mandrácula demostraron con creces que siguen más vivos que nunca, con jam sesión incluida y pura solvencia vieja- escuela.

¡AGUANTE DON OSVALDO!

Y a lo que venimos: el esperado regreso de Don Osvaldo, con una hinchada más prendida que tele de conserje, entre cánticos y descamisados, con un Cariola lleno de extremo a extremo, promediando a las 21:41 salió a la cancha la banda barrial argentina, puro tango en formato rockero con rítmica ska y líricas de vivencia y sentimiento en estado de ebullición.

«Políticamente Correcto» fue la canción de arranque, con ataque de saxo y percusión a toda máquina: Pato Fontanet salió con la bandera de Palestina, dejando en claro que los vampiros y hombres lobos son reales, visten de terno y ocupan altos cargos, listos para devorarnos. «Palo Borracho» fue el siguiente asalto barrial, clásico de Callejeros y tónica del show: Don Osvaldo no niega su pasado y en cada recital incorpora los clásicos de la antigua agrupación de Fontanet, aunando pasado y presente en un futuro de nostalgia rockera y acordes veloces, con esas vocales vestidas de fragilidad y fortaleza que son la firma indeleble de la agrupación argentina.

El despliegue fue total: los trapos barriales colgados en los balcones, el pogo hirviente en la cancha, las latas de cerveza volando de esquina a esquina, un cancionero que funcionó como viaje emocional. Temas como «No volvieron más» o «Una nueva noche fría» pusieron la piel de gallina a los presentes, con esa mezcla de duelo, esperanza y aguante que caracteriza al rock barrial.

El público no solo apañó, sino que se adueñó del repertorio: cada estrofa fue devuelta con la fuerza de una hinchada que no se resigna, como si cada canción fuera un gol en una final interminable. Fontanet, de pie en el centro, supo manejar la energía de la sala, dejando que el coro colectivo se volviera el verdadero frontman por momentos.

Con un setlist que funcionaba como un puente entre su presente y su historia, Don Osvaldo mantuvo la intensidad en alto. Temas como «Mis latidos» y «Tanto de todo» resonaron con la fuerza del material más reciente, mientras la hinchada se entregaba por completo a himnos de Callejeros como «Morir» y «Dos secas». El show se convirtió en una travesía emocional sin descanso, con el público coreando cada verso y la banda respondiendo con una ejecución impecable y cargada de sentimiento. La energía no decayó un segundo, sino que se fue acumulando, canción tras canción, en una comunión inquebrantable que ya prefiguraba la explosión final.

El clímax llegó en la recta final, con «Prohibido» y «Creo» detonando la comunión total: saltos, abrazos, lágrimas, gargantas al rojo vivo. Allí Don Osvaldo reafirmó que no es una banda más, sino un símbolo de resistencia cultural, heredero directo del linaje de Callejeros pero con una identidad que ya no depende solo del recuerdo, sino de la fuerza presente de sus canciones. La mística barrial se materializó en ese Cariola sudoroso, donde cada verso fue un manifiesto y cada acorde un recordatorio de que el rocanrol del barrio sigue siendo el refugio y la bandera de miles.

En casi dos horas de show, la banda construyó un viaje entre fragilidad y fuerza, nostalgia y presente, con Fontanet como guía emocional. Su voz, quebrada y firme a la vez, sostuvo la identidad de un proyecto que no niega su pasado y lo resignifica en cada recital. El cierre, con la intensidad intacta, dejó al Cariola vibrando: un ritual barrial de pura comunión entre músicos y público.

 

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