Poema Arcanus, Tregul y Saturno: Alimentando las hogueras
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Escrito por: Equipo SO

Por Claudio Miranda.

Fotos de Poema Arcanus por Mauricio Aguirre

Fotos Tregul y Saturno por Hans Engelmann

Allá por 2023, Claudio Carrasco señaló a un destacado medio que la conmemoración de los 20 años de Iconoclast (2002) respondía a una etapa en que, tras un recorrido durante poco más de tres décadas, «dan ganas de recordar los antiguos triunfos». En pleno 2026, y en la senda del fundamental Arcane XIII (1999) y el sophomore mencionado, 2026 es el año de las dos décadas de Telluric Manifesto, un trabajo presto a la experimentación, donde la bruma y la progresión del doom metal se encuentran con algo mucho más grande y complejo. Un trabajo cuya exigencia a nivel de ejecución y expansión sonora le valió, en gran parte, permanecer guardado en la bodega, lo que lo termina apartando del repertorio durante sus presentaciones en la última década. Aún así, su fondo es potente y atemporal: el terreno en el cual ponemos nuestros pies. Un terreno lóbrego y desolado, cuyo grosor esconde trampas mortales donde la vista no tiene acceso.

Cuando nos referimos a una trayectoria intachable y de vasto camino, la ética de Poema Arcanus trasciende sobre el aniversario y el nombre consagrado. Es un deber resaltar la promoción y ejecución de acciones determinadas en torno a una escena subterránea como lo es la del death-doom metal chileno. Hay un aporte invaluable en la estructura de aquellas bandas que coexisten en un mismo hábitat de sonido y contenido, con un discurso que prioriza la expresión y la comunicación de ideas potentes en un panorama regido por la cáscara y la pirotecnia. Bajo dicho contexto, la congregación de un centenar de almas abarrotando MiBar, la casa del doom y todo el metal subterráneo, responde al llamado de la liturgia hasta la catarsis absoluta.

La jornada, ante el implacable castigo de las bajas temperaturas en la noche santiaguina, empezó con Saturno, agrupación cultora de un estilo que engloba la prontitud del death metal, la aflicción del doom y la intensidad del black metal en una propuesta que extiende el rito como un punto angular entre dos etapas, sea a nivel individual o colectivo. Con un repertorio cargado a lo que será su próximo esfuerzo discográfico, notamos la excelente forma que van tomando pasajes como «Dolmen», «Gigantes de Piedra» y «Heredero del Sol«, todas piezas inéditas aún, pero con la potencia requerida para llevar al siguiente nivel lo presentado en Menhir (2020). Las guitarras de Lautaro Muñoz y David Sandoval, ambos en cada extremo del escenario, liberan metrallas de ruido que evocan la ira de las antiguas deidades, mientras la voz de Diego Oñate -quien estuvo parchando al titular Joe Klinckmüller– lidera el ataque a punta de un despliegue vocal con puño en alto que se articula junto a sus colegas para construir una nueva matriz de fuego y piedra. En el mismo plan, la batería de Andrés Henriquez y el bajo de Roberto Toledo juegan desde atrás para completar el esquema totémico en el que los patrones del death metal se integran al esquema expresivo de una propuesta inclasificable. Hacia el final con «Fire in the Sky», donde Lautaro llama al público a dejarlo todo, queda la sensación de que un nuevo ciclo está a punto de comenzar. Y si bien estaremos a la espera de que se concrete su siguiente lanzamiento, podemos asegurar que la lucidez en la escritura, tanto como la experiencia de sus integrantes, da cuenta del futuro esplendor que Saturno promete como una realidad inminente.

La estancia de Tregul en el recinto de calle Santa Isabel tuvo su parada inaugural en «Tronos», la cual nos permite apreciar de entrada la voz de caudal en su cara más acentuada. Tras cerrar el ciclo con la legendaria banda Uaral, el lanzamiento de Sol Negro (2025) significó el inicio de una nueva etapa dentro del mismo arco introspectivo que marcó a fuego la identidad de un nombre angular en el metal de vanguardia con bruma anímica. «Tronos», la inédita «Callando el Silencio» y «Suelto de Tristeza», pese a diferir del orden en el tracklist del disco, marchan una tras otra como parte de un mismo recorrido descendente hacia la tiniebla de nuestra condición humana. Y es que Caudal, guitarra en mano y una voz rugosa como distintivo en múltiples matices, transforma la metáfora en un hecho cuando profiere entre canción y canción una poesía que le da continuidad y cohesión a un espectáculo que transmite las emociones profundas que sostienen su propósito de expresión. Pasajes con la estatura de «Fui», «Vela» y «El abismo del Yo», denotan el propósito de una agrupación que se mueve entre la calma y la tormenta con temple de navegantes experimentados. Lo que en el estudio transmuta el dolor en expresión artística, en el directo es donde dicha alquimia genera un efecto curativo mediante la reflexión de nuestros pesares.

Con el baterista Carlos Fuentes ya estrenado oficialmente como nueva pieza en el tablero, Poema Arcanus hace valer la altura donde se sitúa mediante un repertorio cuya pulpa tendrá de protagonista al coloso discográfico de 2006. Tras la intro con «Walls» y la primera descarga con «The Crawling Mirrors» -las que abren el fundamental Iconoclast-, será con «Absinthe» que Telluric Manifesto recuperará su presencia en el set después de mucho, mucho tiempo. La sensación de noche lluviosa tiene como punto de origen el despliegue vocal de Claudio Carrasco, quien hermana intensidad y melodía en una huella inconfundible a nivel local y sudamericano. Es ahí donde Igor Leiva en las seis cuerdas ejerce sus labores de maestro y comandante. Intensidad y sutileza en un mismo torrente sonoro que accede hacia donde las palabras no bastan.

Tras una pasada por «Alter», de Timeline Symmetry (2009), retomamos el camino por Telluric Manifesto con una dupleta tan efectiva en su propósito como necesaria en estos tiempos de desastre. «Dreamsectary» y «Nihil» relucen nuevas, quizás mucho más desprovistas del tratamiento estético en el estudio, pero con la fuerza suficiente para recordarnos que el motor de instituciones con la estatura de Poema Arcanus, tan importante como la destreza instrumental, es la convicción por una forma de expresión que canaliza la emoción genuina hacia un estilo musical que extiende la hazaña de la pérdida hacia la grandeza máxima. Todo sin transar un ápice de su integridad, lo cual es meritorio en estos tiempos. En el plan trazado y llevado a la ejecución, el toque ecléctico de «Circos» nos permite apreciar lo que se manda Carlos Fuentes, un baterista dotado de pegada drástica y definición quirúrgica. No solamente conoce el repertorio, sino que domina los tiempos como si buscara cada golpe y lo encontrara observando en su set de tarros. Un aporte extraordinario en el funcionamiento de una agrupación que la tiene clara al momento de concretar tamaña hermandad entre las emociones más tenebrosas y la naturaleza humana en todo su ser.

Desde clásicos inmediatos como «The Lighthouse Keeper», con el bajo de Juan Díaz aportando la profundidad de su ‘voz’ entre toda la firmeza que contiene desde las bajas frecuencias, hasta el fulgor de una era irrepetible que se traduce en poderosas versiones de «Iconoclast» y «Female Poison», hay una sintaxis donde cada momento va construyendo la noche en sí. La declaración de Claudio sobre los actos genocidas en Chile y el mundo le dan a «Innocent Shades» un sentido de urgencia que trasciende la nostalgia y raya en la vigencia, mucho más cuando el Globo Terráqueo se encuentra en el borde del precipicio. Es cierto, hoy sus creadores, pasando las tres décadas juntos en la carretera, se permiten conmemorar sus raíces, y quienes se encuentran en el público vistiendo poleras de Garbage Breed lo aprueban como el canto de toda una vida. Al mismo tiempo, la frescura que rebosan tanto la pieza mencionada como «Buried Love» dan cuenta del desolador panorama que presenciamos a diario. Y es ahí donde la devoción hasta el sudor que genera Poema adquiere toda razón de ser.

Al salir de MiBar, queda en nuestros pensamientos la idea de todo lo que ha remado Poema Arcanus durante más de 30 años. Lo bien que hace escuchar en el directo una placa innovadora y angular, la reivindicación en vivo de Telluric Manifesto como un trabajo de alta complejidad y, a la vez, la fotografía de un momento creativo que hoy se traspasa de generación en generación. Respecto al cartel, la convicción de tocar lento y pesado es una idea que se transmite a quienes saben cuán potente y enorme puede ser una idea, lo cual va más allá de la destreza clínica y la velocidad con récord olímpico. Y en una noche de sábado con el termómetro acercándose peligrosamente al grado mínimo, pudimos ser testigos -y partícipes- de un momento de liberación y desahogo necesario ayer y hoy. Hay cosas que van más allá de una etiqueta o un género, y son las que terminan alimentando las hogueras cuando la risa negra quema la ceguera solar.

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