Force: Force (2026)
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Escrito por: Equipo SO

Por Pablo Rumel.

FORCE: FIESTEROS, PICANTES Y VIRTUOSOS

Force es de esas bandas que surgen de la nada, con una propuesta única, y que sin reinventar la rueda supo recoger lo más selecto del hard rock y el glam metal, ganando el Wacken Battle y de paso llevándose detrás una fanaticada que crece día a día.

Quedará para la historia que fue una banda sin material grabado ni respaldo mediático la que, a pura garra y talento, se alzó con el cetro, dejando atrás a grupos de amplia trayectoria. Este disco homónimo funciona como testimonio a posteriori de ese esfuerzo titánico sobre el escenario: una pegada firme en los tarros, un ataque frontal sostenido por una sola guitarra y el peso específico, denso y decisivo, de las cuatro cuerdas.

Y es que la gran baza de Force es tener, todo-en-uno, a Laureano “Starboy” un capitán habilidoso, primero por su voz rasposa y afilada que emula a las viejas glorias de las tachas, las lacas y los peinados bizarros, y una habilidad endiablada para ejecutar solos supersónicos con vocación de guitar-hero.

Por su sobresaliente competencia en cuerdas y vocales, se podría pensar que la base bajo-batería podrían estar reducidos a meros comparsas, y sí, no nos engañemos, la espada afilada que todo lo corta es la de Starboy, pero no estamos ante un émulo de Ywngie Maalsteem, y si bien el rol de Hans Beyer al bajo es discreto, la pegada de Camila Sulwacker rebasa lo meramente funcional, liderando la maquinaria sónica hacia zonas de vértigo y riesgo.

Un riff rápido y espiralado acompasado por una pegada firme y directa a la caja, abre los fuegos con «Power of Rock», un tema de vibra hard rockera que recuerda a los Guns de Apettite for Destruction, y a esas guitarras aéreas y dinámicas de Van Halen. Las líneas de bajo son eficaces a los compases clásicos de 4/4, con fills ajustados entre la rítmica de las guitarras y el estribillo, rematado con una melodía vibrante y fiestera, que evoluciona hacia escalas rápidas cargadas a las notas sostenidas y los barridos veloces.

Conscientes de que el primer golpe fue rápido, Force no se detiene y sigue con las marchas altas con «Mr.S», esta vez incorporando más quiebres y mayor presencia del bajo entre la rítmica rápida y rocanrolera: si el tema de arranque se proponía impactar, acá el acento va en esos estribillos pegadizos y acompasados de una guitarra solista, que nunca se está quieta, atravesando con punteos rápidos la rítmica, y machacados con mayor fuerza, sobre todo en esos tappings endiablados de vieja factura, por la caja, intercalando hi-hats y rides de manera dosificada.

«Shine like me Bitch» desarrolla al máximo esos patrones tipo trote, con una alternancia sostenida de caja y bombo, con agudos exagerados y desgarrados que sirven como intervalo entre la introducción y el fraseo rítmico, alternado entre ráfagas palmuteadas y acordes de quinta intercalados, todo rápido, como un torbellino que vamos siguiendo con el pie y la cabeza, como si estuviéramos acelerando en neutro, con outfit de cuero y apunto de lanzarnos a una carretera bañada de napalm desafiando a la muerte.

«Speed» incorpora teclados de manera minimalista, y aunque parezca difícil, no solo mantiene en alto la tensión pegadora del disco, sino que la escala más, con guitarras frenéticas y quebradas, con una base veloz atronada con doble bombo, casi al borde del thrash, llevando el vértigo hacia un vórtice hard-rockero hecho pedazos entre redobles de cajas, juego de platillos y uso intensivo de recursos guitarreros, como pasar de la banda derecha a la izquierda, con disonancias que emulan el maullido de felinos, y una estructura melódica cargada a lo contrapuntístico, con la guitarra solista planeando sobre la base rítmica, entrecruzándose y avanzando hacia su cúlmine, entre barridos ultrarrápidos en escalas bluseras, alternando vibratos y slides.

La famosa frase de Zakk Wylde sobre Randy Rhoads, aquella de que sus solos eran como canciones dentro de canciones, ya es canónica, y esta sentencia muy bien se le podría aplicar a Laureano “Starboy”, sobre todo en «Sexrider», porque se trata de una guitarra abierta y atrevida, explora dentro las escalas y modos, rara vez escapando hacia terrenos disonantes, pero no se limita a ser pura decoración melódica, ataca, se contrae, experimenta, se condensa, vuelve a la carga.

«Shake n´Sweet» replica el uso de synths de Speed, pero con una intención más ochentera, creando esa sensación de montaña rusa o salto al vacío, con acordes que se afilan y se agudizan, con esa vibra maliciosa de unos Mötley Crüe o unos Poison, y no es que Force busque replicar el catálogo de todas estas influencias, evidentes, sino de integrarlo a su propuesta, colérica y fiestera, que intercala virtuosismo guitarrístico con bases sólidas.

El disco cierra con dos tracks, «Once Again» y «Betrayal». El primero se carga a esas introducciones emotivas, con una batería estructurada y líneas de bajo funcionales, a lo Journey, Styx o Survivor: la voz de Starboy se aplica con unos agudos bien a la vena, con maullidos felinos y entonaciones elevadas, llenos de vibra positiva, como la del velocista que se prepara para la carrera mortal o el boxeador que ejecuta sus últimos movimientos antes de salir al cuadrilátero; hay algo de opening de animé, pero lo que sobra es la ejecución: espaciada, dura como el acero, filosa como el diamante.

«Betrayal» arranca con secciones galopadas y entrecortadas, tiene un aire a la NWOBHM, con líneas de bajo bien apegadas a la rítmica, quizá demasiado lineales, pero ya hemos dicho que la gran baza del disco es la guitarra heroica y veloz, con la voz aguda y levemente raspada, con mucho cuerpo y densidad sónica. Los coros son a varias voces, quizá para recalcar esa tonada combativa y de esfuerzo ante la adversidad que transmite la pista.

Un cierre de oro para un disco que brilla desde el primer momento por su sonido pulido, por su propuesta retro-atrevida, por su concepto que tributa acaso la mejor época del rock y el metal, los gloriosos ochenta.

Veredicto

Los Force no vienen a descubrir América, y creo que a estas alturas a nadie le importa: si se trata de reventar los amplificadores y dejar en evidencia a bandas tibias que confunden actitud con pose, Force lo hace con soberbia y esgrima. Es verdad que Starboy es un astro de luz cegadora, de esos que pueden patear el corner, meter el gol de cabeza y festejar, pero la banda nació en el medio del campo de batalla, y bien sabemos que un héroe sin sus compinches está destinado a sucumbir en la primera embestida. El disco no inventa nada, pero es arrollador, efectivo y picante, y ofrece en dosis mayores a cualquiera que busque alto octanaje sin freno.

 

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