Por Pablo Rumel
Fotos Rodrigo Damiani @SonidosOcultos
La noche del 16 de abril en Ñuñoa no fue una más en el calendario, había en el ambiente ese aroma metálico que dejan las primeras citas amorosas en las que cada detalle, hasta el más invisible, termina cobrando vida con el paso del tiempo: porque la fuerza de una historia no descansa en su desarrollo, sino en sus inicios, donde todo puede pasar.
La Sala RBX, convertida en un búnker de resistencia sónica, se preparaba para una jornada de alto octanaje donde la técnica y la actitud estaban citadas a duelo. Más que un par de bandas sobre la tarima, el desafío era mayúsculo, porque el recambio en el heavy metal chileno ya tiene sus primeras lanzas listas, y verlas en acción podría significar una estrepitosa derrota… ¿o el comienzo de algo más grande?
Con el pulso acelerado y el ambiente cargado de electricidad estática, el telón invisible se rasgó para dar paso a la forja de los sonidos más afilados de la capital.
LA NUEVA RETAGUARDIA METALERA
Hefesto salió al escenario promediando las 21:20, ante un público expectante, y que en efecto supo apreciar desde un primer arranque el poderío y la maestría de la agrupación, una banda de la nueva camada del heavy metal chileno, con una arquitectura sonora que va del progresivo, pasa por el thrash vieja escuela, y avanza con potentes ramalazos speed metaleros.
«Envidia» fue el tema de entrada, performance levemente empañada por una caída en el audio del micrófono, pero que Jaime “Violent Mind” se echó al bolsillo, lanzando como saeta hipersónica sus agudos, con su particular timbre de voz, afilado como espada, atronador como una sirena, y oscilante como un péndulo.
«Soberbia», acaso su mejor canción de su breve pero intenso repertorio, fue interpretada con una descarga de energía impactante, entre guitarras de inspiración neoclásica y contrapuntística, un ensamble de cuerdas a cargo de Gabriel García y Alfredo Rivera, quienes regalaron solos veloces de impecable factura, con un soberbio ataque de guitarras gemelas, y que en la emboscada metalera, el guardián de las cuatro cuerdas, Julio Soto, tuvo un rol preponderante; se trata de un bajista de primerísimo primer nivel que destaca en otras escuadras metálicas, como los clásicos Steelrage y propuestas más actuales como Darkspell y Aisa.
Decir que el trabajo de Soto fue formidable, es quedarnos cortos. Formidable, de formidabilis, o sea que tiene una forma gigantesca y temible: si la zona afilada se centra en las guitarras y en la voz ultrasónica de Jaime, el ripio, el concreto duro, lo otorgan las líneas de bajo en conjunción con el trabajo en la percusión de Gianni Ferrera. Fuera del bajo limitante y funcional que se estila en el heavy, Julio Soto mete líneas rápidas, a puro dedo, otorgándole una reverberación que recuerda la maestría de un Michael Lepond (Symphony X), o un Geddy Lee (Rush), y aquella característica define el sonido de Hefesto: progresivo, pulido y letal.
Hubo espacio para una interpretación instrumental, con «Réquiem del Aqueronte», un momento de alto fuelle en el que Gianni Ferrrera mostró su habilidad baterística, un maquinón a la hora de aporrear la batería, con impecable uso de la doble pedalera, fuerte golpe al ride y versatilidad en los cambios de marcha.
Hefesto demostró ser una banda en plena forma, con buen uso del espacio en el escenario, excelente sentido del ritmo, e inmejorable frontman, Jaime “Violent Mind”: carismático, ágil, cercano y con una voz reconocible de inmediato, atributos que parecen ser lanzados al azar, pero que si se examina con lupa, son las virtudes que definen a un proyecto.
EL LLAMADO DE LA FUERZA
22:20 y tras una rápida intro, emergieron como impulsados por resortes los amigos de Force, así no más, sin humo, sin parafernalia, ellos no más, poniendo la magia y la actitud con «All False», un corte rock and rollero perfecto de entrada, eléctrico, bailable, con Laureano atacando rítmicamente la guitarra, cantando los versos punzantes, y tras el estribillo lanzándose esos solos antológicos, con harto uso del tremolo, tapping, y habilidades misteriosas que solo los grandes maestros conocen, entre barridos veloces y notas sostenidas.
Hans Beyer, a las cuatro cuerdas, tuvo la doble tarea de moldear la velocidad de Laureano, una guitarra danzarina que no se queda pegada en power chords ni en ráfagas palmuteadas; los hace, pero planeando entre la cadencia frenética del solo, y la precisión de la rítmica, como pudimos oír en «Speed», una canción colérica, cañera y cogotera, por la guitarra punzante, por la percusión sólida, y por tener pura vocación de asalto y estampida.
«Sexrider» fue el siguiente bombazo, y como salta a la vista, Force puede tener toda la onda del glam metal y el hard rock que se quiera, pero al ser un power trío la performance en vivo toma otro viraje: recordemos que todas las míticas bandas ochenteras eran cuartetos o quintetos, y en este caso la demanda es redoblada, pues se genera en el escenario más espacio entre cada músico, lo que da mayor libertad de movimiento, pero también más exigencia: la propuesta no admite rigidez, y demanda que cada músico haga de todo sobre el escenario; Beyer debe oficiar de guitarra rítmica con líneas contundentes de bajo, pero también hace las backing vocals junto a su compañera Sulwacker, joven maestra de los tarros.
«Power of Rock», por ejemplo, fue un momento álgido en el que se apreció la fuerte pegada de Sulwacker, con un control y un pulso firme, sin dejar espacios vacíos ni yéndose por delante con la aceleración que pide cada tema; así tocó ella, ni reconcentrada ni colérica, ni rígida ni elástica, Camila es una baterista equilibrada, que pasa sin problemas de la doble pedalera, y del ride al hi-hat, concentrando el groove en la caja y aplicando rápidas variaciones entre los toms, provocando esa sensación de que fuera arriba de la batería como sobre una trotadora del ritmo, creando un excelente tándem junto a Hans.
Como se trataba de un lanzamiento, no nos íbamos a quedar sin sorpresas, y es así como salió al escenario Pam Cayuela, más quemero soporte, la joven cantante hizo gala de un tremendo vozarrón, afinadísimo, con robustez sin perder agudeza, una voz que nos recordó la mejor época de Doro Pesch o Ann Wilson, las divas metaleras de hace cuatro décadas. «Mister S» y «Rising Force» fueron los temas escogidos, y queda la pregunta abierta: ¿se integrará Pam de lleno en el proyecto o solo fue un affaire de una sola noche?
VEREDICTO SÓNICO-OCULTÍSTICO
La velada dejó en el aire esa vibración residual que solo las presentaciones honestas logran imprimir en el cemento. Entre la sofisticación letal de Hefesto y la vitalidad ruda y desfachatada de Force, quedó patente que el metal en estas latitudes goza de una salud envidiable, cimentada en músicos que entienden el género no como cosa estática, una pura pieza de museo, sino como un organismo vivo y mutante…y ¡radiactivo!
Dejamos la RBX con los oídos zumbones, pero con la certeza de haber presenciado un despliegue de maestría donde la técnica se puso al servicio de la pasión, y donde cada riff disparado reafirmó que, en la escena nacional, la potencia y el juicio siguen caminando de la mano.
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