Por Pablo Rumel
Fotos de Archivo. Rodrigo Damiani @SonidosOcultos
19 de marzo, cerramos en Sonidos Ocultos el verano con un calendario intenso, que tuvo a AC/CD, Lollapalooza, Chile Prog, y un buen puñado de bandas internacionales arrancando hojas del calendario desde enero, y qué mejor que terminar este ciclo con dos bandazas chilenas, Sikario preparando su gira a México y los Infusimia alistando su nuevo álbum.
Con las temperaturas preludiando el otoño, y un cielo despejado y más negro que las fauces del lobo, el MIBAR recibió a sus fieles parroquianos, los mibarianos, quienes degustando brebajes místicos llegaron para una nueva jornada cargada al metal, con una infusión hard rockera en base a progresivo y death metal técnico y melódico.
INFUSIMIA: AZUL PROFUNDO
21:50, y entre birras y un escenario cargado a los tonos violáceos, arrancaron los primeros acordes de «SAHI», con pegada groove, pesada y arrastrada, acordes bien sabbathianos, en una línea stoner con alta presencia de graves, ajustado uso de pedales para darle ese aire guitarrero flangereado, y la voz igual de golpeadora obra y gracia del frontman Ron Arellano.
Tras una calurosa bienvenida del respetable, llegó la hora de «Mal Karma», esa canción que es una patada en la cabeza contra los trepadores, entonada a todo pulmón por Ron y apoyado en las backing vocals por Felipe San Martín y Omar Alvear, uno aplicado al bajo con solvencia, el último apoyando con las rítmicas y los solos.
Hablando de apoyo, el soporte en la batería de Bruno Vera marcó la diferencia, y es que una banda metalera puede funcionar bien con un baterista pegado al hi-hat o dándole duro a la doble pedalera, pero acá hubo acentuación en los estribillos, convirtiendo la máquina sónica percusiva también en parte de la melodía, intercalando golpes a los rides, toms y platillos adicionales, que sonaron divinamente calibrados e integrados.
El cierre se cargó a lo emotivo, con la actuación especial de Boris Seeder, cantante de Aisles, quien interpretó la balada «Una balada», tal cual, con vibra Grand Funk, y solos a la vieja escuela hard-rockera, con dedicatoria especial a la manager de los muchachos, Emelina Fuentes Ortega, mente maestra, radar, y cable submarino y aéreo entre la escena chilena y el viejo continente.
Infusimia ha desarrollado un estilo muy propio, probablemente recogiendo la posta de lo que hizo Dogma en los noventa, pero agregando teclados en plan progresivo, algo de industrial, pero también aportando texturas sicodélicas y krautorckeras, mejor integradas en la última producción de la banda, que ha dejado su skin original, de garaje y callejero, y se ha lanzado a composiciones más complejas, con más pausas y silencios, sumándole mística, líneas de bajo resonantes, patrones quebrados y rítmicas más elaboradas, algunas incluso tomadas del folclor sureño y andino, como lo pudimos atestiguar en vivo con su temazo «Ancstros».
La performance fue inmejorable, y es que además de tener una ejecución impecable, el sonido se oyó chacal: damos fe en Sonidos Ocultos que hubo una mejora cuántica mega cósmica, pues si ya el sonido del MIBAR estaba a nivel profesional, ahora saltó a las cuatro dimensiones, pudiéndose oír de manera nítida el bajo, diferenciado de la guitarra, y hasta la batería correctamente microfoneada. En ningún momento la voz tuvo que luchar por escucharse, y parecíamos estar, sin exagerar, inmersos en una cámara de algún exquisito audiófilo, y esto hay que destacarlo, más aún para que nuestros lectores vayan informados y sepan que el MIBAR asegura calidad.
SIKARIATO: ROJO DESTRUCTIVO
Con esas credenciales, y promediando las 23:15, oímos las primeras notas de «Judgement in the Purgatory», una vorágine de blast beat con tremolos espiralados y violentos, una maquinaria asesina que nos pilló a todos desprevenidos, qué digo, fuimos cogoteados por esa furia sónica tremendamente calibrada y manejada por el vocalista y guitarrista Alberto Arenas, haciendo gala de un death metal de afinaciones bajas, polirrítmico y asimilable a las viejas glorias del metal técnico y progresivo.
En esa sintonía, el bajista Pablo Cabrera no fue mero comparsa, quien aplicó un fingerstyle bien ecléctico, con patrones jazzísticos y menos lineales, apoyando en el bombo al capo Tomás García, viejo lobo de la percusión deathmetalera, y creando en tándem ese sonido agresivo que siempre parece estar al borde del precipicio, a punto de desbocarse, como en la afilada «Human Nature», avanzando en progresiones contrapuntísticas para luego replegarse en semigalopas repetitivas, y contratacar con solos bien pensados y pesados, no puro ruido disonante, sino procurando rematar los barridos con notas sostenidas y uso de palanca para agregar ruido y desastre.
«Destroy The Messiah» (CTM!), fue otro asalto asesino, con Ale Rock apalancando en la segunda guitarra, rematando los fraseos con solos veloces, pero siempre manteniendo a raya el caos, una entropía que invitaba a bangerear a mil por hora, con remates abiertos de power chords espaciados y acordes cromáticos engalanados con armónicos. Pura alquimia metalera que solo los masters cachan como aplicar.
«Evil Glass» quedó en el último tramo, un death metal bien melódico con harta influencia a Gotemburgo, para dar paso a «Odio Engendrado», cortita, menos de dos minutos y con líricas en español, dejando para el cierre un clasicazo, «Disavowal», uno de los temas más enérgicos del catálogo sikariesco, con transiciones de uñeteo rápido y batería machacona, con harto gravity blast y pegadas bien melodiosas en el ride, con solos endiabladamente trabajados, que transitaron desde barridos atravesando todo el mástil, a notas más lentas que marcaron la melodía, con un aire tribal e hipnótico, incluso con arpegios limpios destruidos por riffs sepultureros.
Cierre redondo y sin concesiones: Infusimia y Sikario arrasaron. Uno expandiendo el hard rock hacia terrenos progresivos y psicodélicos con músculo y cabeza; el otro ejecutando un death metal técnico insolente y afilado. Vivimos en el MIBAR, colectivamente, una declaración de principios: escena chilena afinada, peligrosa y en alza. Si te lo perdiste, llegaste tarde; si estuviste, sabes que vivimos un show candente y brillante, en 4K, con una calidad de sonido poco usual. Toma nota: estas bandas no vienen a acompañar la cartelera, vienen a reventarla.
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