Por Fabian Escudero.
En medio de un creciente auge de bandas y proyectos musicales en el under de la escena nacional, un quinteto porteño ha estado agitando las cosas en el litoral central. Sí, hablamos de FAMEH, una banda compuesta por el baterista Javier Guerra, los guitarristas Kevin Méndez y Reinaldo Astudillo (que también apoya en la voz), la bajista y vocalista Dominique Gutiérrez y el vocalista Valentín Carvallo.
Fuertemente influenciados por el post-hardcore de los 2000, que tuvo su auge gracias a MySpace, los FAMEH llevan un tiempo organizando tocatas y codeándose con otras bandas similares, pero siempre diferentes. No solo por el particular timbre que imprime Valentín a sus letras melodramáticas, cortadas por gritos desgarradores y una performance estrambótica en el escenario que rara vez se limita a su metro cuadrado, sino también por una interpretación musical que deja de lado los riffs machacosos más cercanos al metal y se decide por guitarras funkeras y ritmos bailables, sin, por supuesto, alejarse del caos heredado del screamo.
En ese contexto, a finales de julio los FAMEH publicaron Manual de Contención, Vol. 1, su primer EP. Compuesto por seis pistas (grabadas por el mismo Carvallo y mezcladas junto a Kevin Méndez) que exhiben las cualidades antes descritas: un sonido desordenado pero melódico y muy propio de un grupo que acompaña su propuesta musical con toda una estética y narrativa ineludible para quienes han tenido la oportunidad de escucharlos tanto en estudio como en vivo. Así lo explica también Valentín Carvallo, o “Volentín”, como le llaman algunos amigos: “La F.A.M.E.H, que es el personaje con el que identificamos a la banda, es el ‘reproductor emotivo’ que sirve como vasija para las emociones transmitidas en nuestra música”, comenta.
Y es que la propuesta del conjunto transciende lo intrínsecamente sonoro. La portada del EP (diseñada por Pinky Violence y Nano) presenta a este personaje que, según añade Carvallo, “próximamente incluirá un cómic que detallará más el lore del proyecto”.
Sin embargo, no todo es música y arte. FAMEH es parte del colectivo 130decibeles, una productora audiovisual enfocada en la música alternativa, pero que también ha contribuido en la organización de eventos a beneficio de las comunidades afectadas por el megaincendio de Valparaíso en 2024, o que recientemente reunió fondos con una tocata pro Palestina. Pero partamos por lo básico:
¿Cómo surge el proyecto?
Diría que la banda comenzó entre Reinaldo (Astudillo) y yo, por ahí por noviembre de 2023. Primero me acompañó en mi proyecto solista, pero al final no resultó y a mí, en lo particular, tampoco me llenaba. Él me hizo entender otras cosas con este tipo de música y terminé aprendiendo sobre lo bello del hardcore, del emo y de cómo se genera la música desde la comunidad, y no solo desde el encierro personal.
FAMEH es una banda de post-hardcore que se mueve dentro de las estructuras dosmileras, ¿no? Pero también tiene harto de j-rock, aunque sin caer necesariamente en el preciosismo, sino que intenta mantener cierta crudeza. ¿Este sonido surge de forma natural o es algo planificado?
Cuando empezamos a vivir juntos con Reinaldo escuchábamos mucho screamo, emo y hardcore en general. Pero también escuchábamos harto j-rock. Entonces dijimos: “Ya, tengamos una banda así, que sean como canciones de animé”. Con el tiempo fuimos consolidando esa combinación de sonidos.
Publicaron primero dos sencillos que luego serían incorporados en Manual de Contención, Vol. 1, su primer EP. En estas seis pistas convergen varios sonidos y, lo más llamativo, es que cada instrumento –e incluso la voz– refleja distintas influencias. ¿Cómo es el método de trabajo del conjunto para lograr mezclar todos estos aspectos y darle forma a FAMEH?
Lo que más nos ha servido como FAMEH es poder trabajar en conjunto. Siempre alguien llega con una idea, pero lo que hacemos es componer entre todos. Vamos agregando cosas que nos gustan y probamos de todo; así no nos encasillamos ni llenamos de prejuicios las ideas. Es mejor simplemente experimentar. Además, todos los chiquillos componen, y eso hace que sea un trabajo integral. Para mí, eso es lo que realmente compone a una banda.
¿Y tu trabajo con la voz y las letras? La lírica del EP hace mucho hincapié en lo psicológico. El mismo nombre del EP remite a un tema de salud mental, ¿no?
Las letras vienen de poemas que escribo o de cosas que me hacen sentir algo. Particularmente, siempre intento volver situaciones personales en algo en donde todos se puedan sentir identificados. Como FAMEH no es un proyecto personal, intento que las letras tampoco lo sean: que no sea solo mirar hacia afuera para encontrar los problemas, sino también mirar dentro de uno y poder abrazar esas emociones. Toda emoción está permitida, todo dolor puede ser transformado.
De alguna forma, para mí las letras y canciones de FAMEH son un abrazo para lo que alguna vez me pasó, me pasa o me va a pasar, y si alguien se siente así, significa que también es un abrazo para esa persona. Sentir es revolucionario.
De igual manera, la performance de FAMEH en vivo es bien histriónica. Tú, sobre todo como frontman, tienes un carisma bien particular a la hora de interactuar con el público. ¿De dónde surge esto?
Nace de las escenas del hardcore: la cercanía, la energía, la catarsis y lo que me empuja el tema también. Tratar de extender lo que me provoca la música hacia el cuerpo es importante para mí: no es solo decir algo, es una declaración de intenciones, un testamento de lo que siento. A los chiquillos también los temas les remiten esa energía. Es bonito tocar a ras de piso, sentir a la gente cerca y crear comunidad.
FAMEH pertenece además al colectivo 130db. ¿En qué consiste esta labor?
La 130db nació de buscar un espacio para poder tocar. En ese entonces, con FAMEH siempre estábamos buscando dónde encajar o tocar, buscando más bandas del estilo, enfocado en el emo. Nuestra primera fecha fue con un montón de bandas del estilo –La Chica de las Camelias, Cuando el Problema no Existe, etc.– y justo pasó el megaincendio de Valparaíso. En vez de cancelar, decidimos hacer la tocata a beneficio de uno de los afectados.
Desde ahí la 130 empezó a mutar y hoy se enfoca en generar escena, abrir espacio a bandas nuevas, hacer instancias culturales y, sobre todo, comunitarias. Si bien sigue teniendo un enfoque en el emo, hemos hecho mucha amistad con la escena del rock alternativo. Hoy nuestra labor se ha expandido y hemos tenido la fortuna de rodearnos de buenas personas y de una escena increíble. La gente que va a las tocatas de la 130 tiene una vibra particular y especial.
¿Es importante el trabajo en conjunto en las escenas locales, sobre todo a nivel regional?
Sí, es súper importante. Y no solo importante, sino fundamental. Hoy en día nos acercamos más a los centros culturales, espacios que necesitan actividad y movimiento para seguir existiendo: Patio Sócrates, Casa de la Cultura, etc. Son espacios de resistencia, recuperados y ocupados, donde antes había abandono y ahora existe arte, educación y mucho más.
¿Cuáles son los próximos pasos? ¿Se viene el Vol. 2? ¿Hay algún LP en camino?
Ahora estamos en proceso de viajar tocando el EP. Tendremos una fecha en Rancagua y otra aquí en la región, todo gracias a esa misma red de gente que nos ha visto en vivo y que quiere que toquemos en sus ciudades. Eso nos llena de ganas, emoción y cariño. Sí, se viene el Vol. 2 y probablemente un LP para el próximo año. Todos estudiamos, así que lo haremos con calma. Además de alcanzar una mejor calidad de audio, planeamos algunos split y más material. Para nosotros, estos son solo los primeros pasos de lo que nos está sucediendo.
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