Genetics: abriendo la Caja Musical (2024)
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Genetics: abriendo la Caja Musical (2024)

Genetics: abriendo la Caja Musical (2024)

jueves 21 de marzo, 2024

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Escrito por: Equipo SO

Por Claudio Miranda.

Fotos Rodrigo Lagos @rodrigolagos_c .

El caso de Genetics, a nivel de trayectoria y aporte artístico, es digno de admirar y estudiar. El grupo formado de las cenizas de Rael, banda de culto argentina cuya propuesta se empapó en Genesis sin ninguna culpa, lleva poco más de 20 años rindiendo homenaje a la legendaria banda británica en su etapa clásica, la del ciclo 1970-80, tanto el tiempo mitológico con Peter Gabriel a la cabeza como el amanecer de la era Collins poco antes del estrellato de estadios. No es solamente la interpretación, la experticia o el equipamiento; es la atmósfera de una época de leyenda, cuando Genesis era una rareza musical para el mundo, con un frontman de desplante teatral llevado hasta la locura (literalmente, muchos pensaban que Gabriel era un loco de remate) y una propuesta que marcaría los años imperiales del rock progresivo de la Bretaña del mito.

No ha pasado un año desde la visita anterior (dos fechas, igual que ahora), cuando se sumó el maestro Steve Hackett en una jornada de ensueño, al mismo tiempo que en 2022 los argentinos venían presentando el repertorio del bootleg «Live at Lyceum 1980». Esta vez, el Nescafé de la Artes sería el lugar elegido, y así como se anunció una fecha especial para recrear el concierto registrado en el Rainbow Theatre en 1973 (en el marco de la celebración-promoción del fundamental «Selling England by the Pound», también fue la oportunidad para sumar otra fecha y ofrecer un repertorio distinto. Y Genetics, a base de experiencia y el estudio meticuloso del Genesis alienígena, la tienen clara cuando se trata de capturar y proyectar la mística de un conjunto que le voló la cabeza a toda Europa y otras latitudes hace casi medio siglo.

La velada del miércoles 20 de Marzo en el recinto ubicado en la comuna de Providencia, sumó un invitado ilustre a nivel local y sudamericano. No hay otra forma de referirnos a H-Sur, quienes hacen de la música de Rush una experiencia de primera división para cualquier lugar en el mundo. Son 26 años de recorrido, más de un cuarto de siglo en la ruta y queda claro el porqué es una banda tan querida. De la intro con el audio de la mítica serie de comedia «Los Tres Chiflados» vamos al puntapié inicial con el preludio de «Cygnus X-1, Book II: Hemispheres» y el toque siempre refrescante de «The Spirit of Radio». No es solamente tener la competencia para tocar como Ged, Lerst y Neil, sino emular la energía con que los canadienses se ganaron un espacio tanto en los fans del rock de vanguardia como los inclinados al metal más crudo.

La trilogía con «Limelight», «Distant Early Warning» y «Marathon» nos deja en claro que el repertorio se inclina a la etapa ochentera de Rush, cuando el sintetizador se volvió tan fundamental como la guitarra en el distintivo sonoro de los de Toronto. Y H-Sur, una banda que respira un fanatismo que apunta a un hábitat de melómano y estudiosos, se expresa en toda su forma. Esa misma vocación por el estudio es lo que impulsa al baterista y fundador Michael Dumay a dejar la vida y poner de su talento creativo en el solo que se manda en medio de «YYZ», donde el homenaje al eterno Neil Peart va en cómo una infinidad de posibilidades se materializa en el talento y genio de un músico chileno que le exige a sus compañeros el máximo. Como tiene que ser si va a tocar Rush.

La introspección de «The Pass», el humor distendido tras una accidentada «Freewill» y la bruma de «Jacob’s Ladder», hacen de H-Sur un paisaje musical que en cada incursión en vivo se hace nuevo y atractivo. Incluso a pesar de que en algunos momentos muy específicos hubo problemas de lubricación, el final con la icónica «Tom Sawyer» nos deja con la satisfacción de un regreso a lo grande.

El espíritu de Rush en Chile está más vivo que nunca, igual hace más de 25 años cuando en el mismo recinto, entonces Teatro Providencia, un grupo de amigos-fans se subió por primera vez a un escenario para tocar la música de su banda favorita. Un cuarto de siglo y un poquito más, y no ha cambiado mucho, ni con el avance tecnológico de turno.

Poco después, a eso de las 22:30, el ingreso de los argentinos de Genetics marchando en fila desde la entrada del recinto hasta el escenario, nos sumerge de entrada para avisarnos que «The Battle of Epping Forest» será el disparo de salida en este viaje hacia el tiempo de los dioses en la Tierra. Hablábamos al comienzo de esta nota de lo que hace Genetics transformando el formato «banda-tributo» en un encuentro cercano al tercer tipo. Y cuando ves a Tomás Price mimetizándose en base su voz y movimientos escénicos con el sello camaleónico Peter Gabriel de 1973-74, sabes que la cosa para ellos siempre va en serio.

La sección «The Lamb Lies Down on Broadway», «Fly on the Windshield» y «Broadway Melody of 1974», todas del monstruo conceptual de 1974, define para iniciados y novatos el significado de la atmósfera en la música. Y lo que hace Genetics, dentro de lo maravilloso que es de entrada, también es una muestra de lo que hace del quinteto argentino una institución a nivel mundial. Tienes a Horacio Pozzo en el ‘papel’ de Tony Banks llevando la batuta con sus múltiples capas de teclado, piano, sintetizador y mellotron. Un estudioso de un sonido particular como su socio de ruta Claudio Lafalce, quien emula con fluidez absoluta la experticia de Michael Rutherford en su bajo Rickenbacker de doble mástil y las guitarras de 6-12 cuerdas.

Entre la pasada con «The Lamia» y la enorme «In The Cage», y la promesa de volver a Chile el próximo año para presentar la cumbre «The Lamb Lies Down on Broadway», la atmósfera que proyecta Genetics no es el de un tributo, sino de una embajada oficial que ofrece su propia liturgia a quienes no dudan en hacer de «The Carpet Crawlers» un karaoke, como el himno de todo un espíritu. La embajada de la leyenda, la de una época en que los discos sonaban con personalidad y los artistas eran mucho más que virtuosos de conservatorio. Prueba de aquello es la labor que se manda Leo Fernández como Steve Hackett en su guitarra Gibson Les Paul negra, tanto en el solo durante la parte media de «Firth of Fifth» como en la guitarra con slide que acompaña la voz de Price en la mencionada «The Carpet Crawlers», un pasaje musical de lo más cercano a la definición de hacer música como la gloria misma.

La batería de Daniel Rawsi, quien hace de Phil Collins también en las voces de apoyo, combina sutileza y bestialidad en el momento preciso. Y sólo así se entiende lo que ocurre en «The Musical Box», precedida de la lectura «gabrielesca» en inglés que hace Tomás Price del relato sobre Henry y Cinthia, un cuento de horror que inspiró incluso al cineasta William Friedkin para escribir el guión de «The Exorcist» (estrenada por esos años). Porque hay una intensidad, un aire de paz lúgubre que acentúa la angustia reinante en cada nota y golpe, y Rawsi la tiene clara cuando la potencia rockera en el material clásico circa 1970-75 es un factor imprescindible.

Tras el final de puño en alto con la suprema (y muy oreja) «I Know What I Like (In Your Wardrobe)», las palabras de Claudio Lafalce sobre «The Lamb Lies Down on Broadway» en vivo en Chile laten con fuerza adjunto al deleite de tamaño viaje en el tiempo. Es el encanto de Genetics como acto en vivo, una oportunidad imperdible para abrir la caja musical de una época que aún deja huellas en quienes abrazamos el sonido de los dioses.

 

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