A 30 años de su partida: El enérgico legado de Freddie Mercury
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A 30 años de su partida: El enérgico legado de Freddie Mercury

A 30 años de su partida: El enérgico legado de Freddie Mercury

miércoles 24 de noviembre, 2021

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Escrito por: Sonidos Ocultos

A pesar de que partió en 1991, no hay día en que sus canciones no resuenen en algún rincón del planeta. Un personaje carismático y complejo, que se ganó su sitial entre los más grandes mucho antes de morir.

“En realidad, Freddie nunca dijo que tuviera miedo a morir. No tenía sentido que se sintiera asustado. Nunca permitió que la enfermedad asumiera el control de su vida. En cuanto parecía que iba a ocurrir algo parecido, Freddie volvía a asumir el mando. Él era quien iba a decidir cuando morirse”, contó Peter Freestone, amigo y ayudante personal de Freddie Mercury y quien fue uno de los acompañantes del artista hasta su último día de vida.

El tener el mando podría definirse como uno de los pilares en la vida de Mercury. El mismo Freestone reveló que fue el cantante el que decidió dejar de tomar los remedios y drogas que mantenían a raya el avance de sus malestares. Eso ocurrió doce semanas antes de morir en noviembre de 1991 y tras el regreso de Suiza a su mansión en Londres. Ahí se recluyó los últimos días.

Esta premisa también quedó demostrada cuando decidió no salir más de gira después del Magic Tour de 1986. Había que descansar por un tiempo. Los escollos del virus del VIH ya estaban dejando huella en el cuerpo de Mercury.

También se graficó en el anuncio de que padecía la enfermedad. Lo tenía todo bajo control, tanto en la forma de hacerlo, como en con que palabras y tono. Preparó su despedida, sabiendo lo que se vendría, pero con entereza, con tranquilidad y sin “hacerle el quite”.

Pero, ¿por qué una estrella artística mundial fue tan celosa de su vida personal y, en especial, con el informar que padecía dicha enfermedad? Lo primero es que, durante la década de los ochenta, hablar de sida era un tabú y no se sabía mucho de la enfermedad. Segundo, él no quería que sus fanáticos escucharan su música por compasión, por el “saber que estaba enfermo”, quería que no existiese prejuicio alguno. Tercero, Freddie Mercury era tímido puertas adentro, alejado de aquella imagen extrovertida y activa que todo el mundo conocía y que se mostraba en público.

Ese Freddie Mercury activo, jovial, carismático, elegante, provocador, ambiguo y polémico, ese el que salía de jarana todos los días porque “la vida es una” como afirmaba él, trató de mantenerla hasta que no pudo más. Sus salidas se hicieron cada vez más esporádicas hasta la reclusión casi total. El 23 de noviembre de 1991, Freddie Mercury anunció a través de un comunicado que tenía sida. No dejó detalle al azar. Al día siguiente, murió por una bronconeumonía agravada por el VIH. Estaba rodeado de su círculo más cercano.

El novel Farrokh

Farrokh Bulsara nació en Zanzíbar el 5 de septiembre de 1946. Su padre Bomi trabajó como cajero de la Secretaría de Estado para las Colonias, cargo que le permitió gozar de una buena situación económica. A los siete años, Farrokh fue enviado a estudiar al St. Peter’s School, un internado en Bombay, India. En dicho establecimiento sucedieron tres hitos en la vida del novel Farrokh: le comenzaron a decir “Freddie”; su talento musical quedó al descubierto, detalle que no pasó desapercibido para el decano del colegio, quien aconsejó a sus padres que lo inscribieran en clases de piano y, por último, formó su primer grupo, llamado The Hectics, con los que tributaba a músicos como Cliff Richards y Buddy Holly.

Tras asentarse en Inglaterra en 1964, arrancando de la revolución que afectó a Zanzíbar, Bulsara continuó con sus estudios. Después de graduarse de la Escuela de Arte Ealing en Londres, se integró a la banda Ibex. Sin éxito y pasando miserias económicas, el grupo se disolvió. Mucho mejor no le fue en su segunda incursión: Sour Milk Sea. La agrupación se acabó al poco tiempo.

Su despegue al estrellato

En 1970 se unió a Smile, proyecto musical de Brian May y Roger Taylor, génesis de lo que se conocería como Queen. De inmediato, Bulsara tomó el mando sugiriendo el cambio de nombre de Smile a Queen. Al mismo tiempo, adoptó el apellido Mercury e ideó el logo del grupo. En 1971 se integró John Deacon a Queen, estableciendo así su clásica formación. La historia de Queen merece un capítulo aparte, pero basta con mencionar que fue sinónimo de éxito para sus integrantes, en especial para Freddie Mercury, quien trascendió no sólo a nivel musical, sino que a nivel de vanguardia, estética y arte.

El mismo 1970, Mercury conoció a Mary Austin, mujer clave en su vida y la que fue definida por él como su “gran amor”. Aunque no se casaron nunca, vivieron juntos siete años. Aunque Austin ya lo intuía, ella terminó la relación con Freddie Mercury después de enterarse y confirmar que él era homosexual. La ruptura con Austin fue un golpe duro para Mercury, similar a una separación matrimonial y que le arrebató esa sensación de tener el mando. Es que Austin inspiró algunas canciones de Queen, como, por ejemplo, Love of my life. Tal era su nivel de importancia, que, en su testamento revelado en 1992, Mercury dispuso que ella se quedara con la mitad de sus bienes y su dinero. De hecho, Austin vive hasta hoy en la mansión de Mercury e, incluso, es la única que sabe donde están las cenizas del artista, una petición realizada por el propio Freddie Mercury antes de morir.

Uno de los “damnificados” con esta decisión fue Jim Hutton, pareja de Mercury desde 1985 hasta su muerte. A él sólo le dejó 500 mil libras, misma suma que le correspondió a Peter Freestone. El caso de Hutton es particular ya que la relación comenzó por insistencia de Mercury, pero Hutton lo rechazó tres veces, hasta que decidió darle una opción. Es otra figura clave en la vida del artista y fue quien divulgó las últimas fotografías de Mercury, cuando ese Mercury activo y jovial no era más que una quimera, un recuerdo. Fue también el que desclasificó detalles de la vida privada del artista una vez fallecido, hecho que le valió el repudio de una parte de la fanaticada, quien le recordó lo celoso que era Mercury con su vida privada.

En paralelo al éxito con Queen, que lo catapultó a ser una figura icónica en vida, Mercury desarrolló una carrera solista, En 1984 grabó su primera canción en solitario: “Love kills”, compuesta junto al productor y músico italiano Giorgio Moroder, uno de los pioneros del eurodisco y de la música electrónica. Después editó dos discos: “Mr Bad Guy” (1985), que fue bien recibido por la crítica, y “Barcelona” (1988), álbum que grabó junto a la cantante española de ópera Montserrat Caballé. Mercury la conoció en Nueva York a mediados a de los ochenta y quedó fascinado con su talento. A modo de legado, la canción “Barcelona” fue seleccionada como himno oficial de los Juegos Olímpicos de 1992, precisamente celebrados en aquella ciudad.

Con Elton John y Rod Stewart, amigos de farra y vida, quisieron formar un supergrupo que se llamaría “Nose, Teeth and Hair”, en alusión a las características físicas más reconocibles de cada uno (la nariz de Stewart, la dentadura de Mercury y el pelo de John). Sin embargo, y pese al entusiasmo inicial, el proyecto no llegó a puerto. Elton John fue uno de sus grandes amigos.

En sus años de mayor actividad, cuando derrochaba energía, Freddie Mercury maravilló a miles por sus actuaciones en vivo. Considerado uno de los frontman y artistas más completos, Mercury inundaba el escenario y todas las miradas y focos se centraban en él. No sólo cantaba de forma magistral, manejando un registro único, sino que tocaba el piano y la guitarra (aunque él decía que la tocaba mal). Además, compuso un sinfín de canciones del repertorio de Queen y muchas de las más reconocidas y emblemáticas tienen su firma.

El último show en vivo de Freddie Mercury con Queen fue el 9 de agosto de 1986 en Knebworth Park. Esa fecha es recordada porque nadie sospechaba, ni el propio Mercury, que esa sería el último baile con sus camaradas. Las 120.000 personas que asistieron al show tampoco lo podían siquiera imaginar. Pero así fue. Días antes, se habían presentado dos noches seguidas ante un desbordante estadio de Wembley, Londres, en conciertos que están entre los más memorables de la carrera del grupo.

Ahora, a 30 años de su muerte, el legado de Freddie Mercury es enorme y ha crecido año tras año. Su música sigue viva y es recordado constantemente. Rankings, registros en video, anécdotas, películas y documentales no hacen más que mantener latente su obra. Su fallecimiento fue uno de los hitos más relevantes de la historia musical moderna y su lugar en el Olimpo musical lo tiene ganado con creces. Desde ahí, el novel Farrokh tiene el mando.

 

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