Además de firmar una destacada carrera solista, el talentoso tecladista de la eterna sonrisa dijo presente en capítulos memorables de la historia musical. Sin embargo, detrás de su desbordante alegría, se escondía un personaje aquejado por conflictos internos que lo acompañaron durante toda su vida.
Imagine usted a George Harrison, Eric Clapton, Ginger Baker y Keith Richards sesionando y grabando juntos. ¿A quién no le gustaría contar con esa verdadera selección? Aunque parezca un sueño, ocurrió en 1969 y ese “Dream team” grabó “That’s The Way God Planned It”, cuarto disco del músico Billy Preston, insigne tecladista de dilatada trayectoria y que fue conocido por ser el “quinto Beatle” y el “sexto Rolling Stone”. Qué más. Qué menos.
Es que en esos círculos artísticos Billy Preston se movió cual pez en el agua. Se codeaba con los grandes de la industria, en momentos fulgurantes de esta. La lista de artistas con lo que colaboró Preston es amplia y sus manos, invisibles para la masa, dijeron presente en diversas piezas archi conocidas y su sello compositivo, en otras tantas.
William Everett Preston nació el 2 de septiembre de 1946 en Houston. De alma artística, desde pequeño fue conocido como un prodigio. Como muchos niños, el imberbe Billy asistía a la iglesia, lugar donde aprendió a tocar el piano, pero con la gracia de no haber tomado nunca lección alguna. De esta manera, a los 10 años quedó como responsable del órgano de la iglesia y su carrera no se detuvo nunca más. Un año después, tocó con Nat King Cole, apareció en televisión y películas con él, pero su salto lo dio cuando Little Richards lo convocó en 1962 para una gira europea. Tenía apenas 16 años. Cinco años después, se unió a la fabulosa banda de Ray Charles y consolidó su fama.
George, el padrino
En alguna de aquellas presentaciones de Ray Charles estuvo presente George Harrison entre el público. Y quedó maravillado con el show, pero especialmente con la performance del joven Preston. Así se lo dejó en claro a sus compañeros Beatles durante las sesiones de estudio que se pueden ver en “Get Back” de Peter Jackson, recientemente lanzado. Sin embargo, los caminos entre The Beatles y Preston se habían cruzado años antes, en Hamburgo, Alemania, en el año 1962.
A fines de los sesenta, las relaciones entre los integrantes de The Beatles no eran buenas, al punto que Harrison había abandonado el grupo. Se especula con que una de las condiciones de Harrison para volver era regresar “con un amigo”. Y ahí -para descomprimir el ambiente y volver a retomar el camino de la prosperidad creativa, que el estudio fuera un lugar de libertades, en que todos aportaban como un gran grupo y así acabar con ese ambiente saturado que existía en esas caóticas sesiones- apareció Billy Preston y su característica sonrisa. Quién mejor. El aporte de Preston fue vital para la última etapa del cuarteto, casi un salvavidas. En la Antología de The Beatles, Harrison afirmaría que Preston fue como mano de santo, porque con un elemento ajeno al grupo, todos se portaban bien en las sesiones de grabación, ya que nadie quería ser el “malo”.
Preston fue parte del ya mítico show de The Beatles en la azotea (“musicalmente, mi momento favorito fue estar en la azotea para el cierre de Let It Be”, comentó Preston en alguna entrevista concedida al diario Chicago Sun-Times) y “Get Back”, canción lanzada como single, apareció en abril del 1969 firmada como “The Beatles with Billy Preston”. Tras ese capítulo trascendental en su carrera, Preston fue contratado por el sello Apple para la grabación del citado disco “That’s The Way God Planned It”, que fue un éxito inmediato. Una vez consumada la disolución de The Beatles, continuó trabajando bajo el alero de George Harrison. Fue músico en los discos solista del Beatle y, en paralelo, editaba LPs de su propia carrera. Fue parte del elenco del concierto por Bangladesh de 1971 e integró la banda de Harrison en la gira de 1974. También diría presente en el concierto tributo a Harrison el año 2002.
Claroscuro
Gracias a su experiencia compartiendo en el estudio, Keith Richards había quedado asombrado con el talento del tecladista. Mick Jagger tomó nota y, ni tonto, lo convocó a tocar con los Rolling Stones. Preston fue pieza esencial del sonido Stone en la década de los setenta, aunque contribuyó con ellos también en trabajos posteriores, como por ejemplo su aporte en la canción “Saint of Me” del disco “Bridges to Babylon” de 1997. Fue parte de “Sticky Fingers” (1971), “Exile on Main Street” (1972) y figuró en los álbumes, “Goats Head Soup” (1973), “It’s only rock and roll” (1974) y “Black and Blue” de 1976, disco en que jugó un papel importante. Durante los setenta, la carrera de Preston iba como cohete hacia el espacio. A pesar de todo, la unión Stones-Preston se separó en 1977 por desacuerdos en temas monetarios.
En los ochenta, la eterna sonrisa de Preston ya no brillaría tanto como antes. Sus adicciones a las drogas y el alcohol comenzarían a pasarle factura y su carrera perdería vuelo. Es en este momento, cuando comenzaron sus colaboraciones con diversos artistas, de la talla de Clapton, Ringo Starr, Whitney Houston o Patti LaBelle, además de ser reclutado por The Band a fines de los ochenta para cubrir el puesto de su fallecido tecladista Stan Szelest. Sin embargo, sus adicciones fueron más y le impidieron seguir siendo parte del proyecto. Y qué decir de la década de los noventa, que, sin dudas, fueron su período más oscuro.
Posteriormente, en los 2000, colaboraría con Johnny Cash en el disco American IV: The Man Comes Around, interpretando el piano en «Personal Jesus» y «Tear-Stained Letter» o tocando en la canción “Warlocks” del álbum Stadium Arcadium de Red Hot Chili Peppers. Sus últimos aportes fueron trabajos con Neil Diamond en el álbum “12 Songs” y Eric Clapton en la placa “Road to Escondido” que grabo junto a J.J. Cale.
Detrás de su alegre careta
Acá es dónde queda al descubierto el drama que se escondía bajo su eterna sonrisa. En este punto, el papel de su madre de torna central ya que, según Preston, ella no lo ayudó tras sufrir un abuso sexual a los nueve años, época en que Preston era parte del elenco de Amos ‘n’ Andy en Los Ángeles. Ella no le creyó y, en consecuencia, denunció Preston, no lo protegió. Posteriormente, sería abusado por un pastor religioso.
La religión sería otro factor importante en la vida de Preston, principalmente por los conflictos entre su credo y su homosexualidad, una confrontación moral que lo atormentaba. Aunque entre sus cercanos y el ambiente artístico era sabido de su orientación sexual, este hecho no fue público hasta casi el final de sus días. Sus creencias religiosas lo mantuvieron siempre en una constante lucha interna.
Las drogas también fueron otro actor protagónico en su vida. Episodios de arrestos, acusaciones de abusos sexuales, posesión de drogas, fraudes bancarios, estafas, entre otros, se hicieron comunes durante los noventa. He allí la razón de que esta sea la década más difícil de su vida.
Su situación laboral y económica llegó a ser tan precaria que el trasplante de riñón al que fue sometido en 2002 fue pagado por Eric Clapton. Después, sufriría una pericarditis que desencadenó una insuficiencia respiratoria de la cual nunca se recuperaría, cayendo en coma a fines de 2005. Billy Preston, el músico de la sonrisa perpetua, murió el 6 de junio de 2006 en Arizona.
Atrás quedó su sufrimiento y sus penurias, camufladas detrás de su alegre careta. Esa máscara que escondió por años sus miedos e inseguridades, traumas que no impidieron a Preston dejar su sello en la historia musical, con su aporte silente en muchos lugares, lugares donde sus manos se metieron pidiendo permiso, pero muchas veces yendo más allá, alcanzando cotas superiores.
Su legado, ya sea como solista, quinto, sexto, séptimo u octavo integrante de un grupo, será inmortal como el Dios en que tanto creyó. Su talento, plasmado con esas “manos de santo” estarán aquí y allá por siempre.
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