Unto Others: Fuego juvenil
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Escrito por: Equipo SO

Por Claudio Miranda

Fotos Rubén Garate.

La disyuntiva es un factor recurrente en la carrera de Unto Others. Con raíces en el heavy metal clásico y los gustos de su líder e ideólogo Gabriel Franco inclinados hacia Type O Negative, Misfits y Danzig, se asume que la variedad de estilos en un distintivo le hubiese valido un golpe mediático y la entrada a la corriente principal. La realidad es que Never Neverland (2024) dejó en claro que la inclinación al rock gótico con explosiones punk va de la mano con algo mucho más grande y, a la vez, fiel a su integridad. Dicho eclecticismo es lo que en el directo ha consagrado un culto para entendidos. Siempre desde la convicción traspasada a la escritura y moldeada en el estudio, hasta la intensidad con el voltaje al máximo que el guitarrista Sebastián Silva otorga desde su destreza en las seis cuerdas, lo que multiplica su poder con un espectáculo atronador. Siva, como es sabido en el circuito underground en todo el orbe, es el elemento que se mueve entre una habilidad descomunal en la guitarra y el desplante visual con que, literalmente, echa fuego. Por algo King Diamond, Carcass y Paradise Lost, todas luminarias consagradas, les han dado la vitrina en sus respectivas giras. Y es que, tanto como la amalgama entre Iron Maiden y The Sisters of Mercy, es su repertorio cargado de momentos memorables lo que, desde los días como Idle Hands, tiene a los de Portland en la palestra como un nombre de merecida relevancia, y cuya parada inaugural en el Sur del Mundo era cosa de tiempo.

En el arranque de la jornada en RBX, la apertura a cargo de Marco Cusato y su banda Legend cumplió su misión. Desde la partida con «Silent Rite», notamos la contundencia de un grupo que traspasa la huella de Bauhaus y The Mission hacia un cancionero con su propios rasgos dactilares: a la vena, atrapante y con la energía suficiente para calentar el ambiente. Como el propio Cusato proclama con impronta de experimentado, cada canción tiene su propio videoclip. En el directo, lo que es imperceptible a la vista trasluce mediante una ejecución instrumental donde el bajista Simón Arcani, el guitarrista Rodrigo Cubillos y el baterista Mauricio Monardes conforman una fuerza de avance sin fisuras, a prueba de cualquier duda y brindado el espacio que Cusato, un frontman por naturaleza, aprovecha como un espacio propio. Por eso y más, «This is my Night», «Out», «Burn the Witch» y «Pain of Salvation» cunden con efecto inmediato. Y el público que ya empezaba a repletar el recinto de avenida Vicuña Mackenna responde a dicha conexión. Es la postal que resume una presentación que va a lo suyo, donde la efectividad y la atmósfera se engloban en un sello único y reconocible a nivel local.

A eso de las 21:30, y en un RBX ya colmado, «A Single Solemn Rose» será el primer misil lanzado en un bombardeo constante de goth-rock que se bastará de 90 minutos exactos para sumirnos en un show que, digámoslo, merecía un escenario mucho más amplio en dimensiones. Al mismo tiempo, y a medida que «Butterfly», «Jackie» y «Why» transcurren de manera rauda, podemos apreciar las cualidades en escena de un conjunto donde cada integrante se aferra a su tarea. Gabriel Franco, ataviado de negro, anteojos oscuros y guitarra en mano, explota su registro de «Evil Elvis» con una maestría que sorprende a sus casi 30 años. Franco no necesita moverse ni dirigirse al público mediante saludos clichés ni nada parecido; solamente va a lo que le concierne y extiende su carisma enigmático con la virtud de quienes se manejan en estas lides. Es ahí donde el espectáculo corre, en gran parte, por cuenta de Sebastián Silva. Hay cosas que van más allá del virtuosismo de clínica y la pulcritud, y es lo que Silva proyecta en pleno ataque, con miradas y gestos corporales propios de un animal del escenario.

Una a una, tenemos «Nightfall», «Downtown», «The Fire of Youth»«, «Heroin» y «When Will God’s Work Be Done» cayendo como bombazos devastadores en un público llameante. En el mismo plan, «Can You Hear the Rain» y «Suicide Today», pese al contraste entre ambas, denotan la expresividad que Unto Others estila como un todo. Hay una matriz de expresión e ideas que surte a punta de un despliegue sonoro y visual imbatible. Eso que resulta complicado de describir en palabras exactas cuando nos quedamos faltos de recurso literario a mano en estas instancias. Faltan las palabras para referirnos, por ejemplo, al fiato extraordinario de Franco y Silva en las seis cuerdas, en algún pasaje hasta rompiéndola en las paralelas al más puro estilo de Thin Lizzy. O a la consistencia sin ‘pero’ de Brandon Hill en el bajo y Colin Vranizan en la batería, ambos jugando de memoria y con una jerarquía que se basta solamente de lo que requiere la pieza y la traducción al golpe demoledor en vivo. Entre tamaña descarga incesante, una versión del clásico «Pet Sematary» de los eternos Ramones se camufla con la naturalidad de un distintivo que no reniega sus influencias, sino que las reivindica mediante el peso de las buenas canciones. Y en el caso de una banda cuyo fulgor creativo y artístico amenaza con extender su halo de manera inminente, somos testigos y-medianamente- partícipes de una fecha que, con toda seguridad, será recordada al menos dentro de una década.

Cuando llegamos a «Give Me to the Night», «Double Negative» y «Dragon, Why Do You Cry?», más allá de sus respectivas ubicaciones en el set, se genera un momento de comunión entre la banda y una parte de la fanaticada que corea el nombre original con que el cuarteto se ganó un nombre desde sus inicios: «IDLE HANDS!». Y es que cuando te encuentras entre el público a algunos fans portando una copia en CD de Mana (2019), nos damos cuenta de que hay un culto que no lleva un par de años, sino casi una década. El broche con «Cosmic Overdrive», tras una descarga de rock y metal de frecuencias graves y espacios de tiniebla con vestigios de humanidad, resume la fuerza abrasiva de un fuego juvenil que le debe su intensidad las profundidades de la noche. Como alguien dijo por ahí al terminar el show: ‘para el resto es Unto Others, para mí es Idle Hands’. Basta solamente con revisar el set y darnos cuenta hacia dónde está inclinada la balanza. Y esa sobrecarga cósmica es la que muchas veces termina por completar la obra de Dios.

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