Criminal: Rastros de sangre en la tierra olvidada por Dios
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Criminal: Rastros de sangre en la tierra olvidada por Dios

Criminal: Rastros de sangre en la tierra olvidada por Dios

sábado 29 de noviembre, 2025

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Escrito por: Equipo SO

Por Claudio Miranda
Fotos Rodrigo Damiani @SonidosOcultos

Sobran palabras para definir una carrera intachable. En el caso de Criminal, nos quedamos cortos al referirnos a ellos como lo que son; la institución más importante del metal chileno, con el permiso de los también fundamentales Dorso. Hay un catálogo discográfico que cumple a cabalidad con todo lo que hace realmente grande a una banda. Una jerarquía que no descansa en el cliché o la fórmula, sino que refleja lo peor de lo nuestro, tanto a nivel local como en otras latitudes. El Chile que proyecta Criminal dista mucho de la copia feliz del Edén que suele evocar nuestro himno patrio. Más bien es una protesta feroz contra el sistema imperante, la cual se traspasa a la música desde la tripa misma.

Los 20 años de Sicario se explican por lo que son las obras maestras. La quinta placa de Criminal es un regreso natural a las raíces tras un período de experimentación interesante pero poco consistente. Y reafirmamos la naturaleza de aquello, porque el gran valor de Sicario -tanto artístico como expresivo- radica en el dominio absoluto de su estilo por parte de una agrupación que asciende desde la revelación hasta la realidad de un consagrado. Y dos décadas después, el redondo sigue girando y retumbando con la misma urgencia y rabia de entonces. Mucho más en estos días de elecciones presidenciales, con el clima político marcado por las ideas extremas.

Como en toda celebración, los invitados también tienen algo que decir. Empezando por Huinca, agrupación bisagra en lo que hoy será nuestra escena ligada al metal de raíz. Una configuración inusual respecto a formaciones anteriores, con dos voces liderando el ataque y un combo instrumental que apela a la solvencia. «Marichiweu», «Rapa Nui», «Guerrero» y la homónima «Huinca», son algunos de los misiles que caen ante un público escaso pasadas las 18 horas, pero con una efectividad a la altura de las convicciones que hacen de Huinca un nombre que simboliza lucha y resistencia ante la incertidumbre del presente.

Llega la ocasión para Tridente, con nueva alineación y una intensidad hermanada con un nutrido despliegue musical. El aporte de Felipe Canales en las bajas frecuencias completa un cuadro que funciona como reloj al momento de llevar al directo su firma de groove desde el estudio. Es lo que podemos apreciar cuando «Vienen por mí», «Abismo» y «Anarko» se coronan de manera triunfante como muestras de una propuesta con predominio de la intensidad y la crítica social sin sutilezas, con espacios para algún velo de atmósfera y matiz cuando el momento lo requiere. Y en vivo, a Tridente le funciona porque saben cómo brindar su propuesta mediante un paquete de caminos hacia un mismo objetivo. Todo lo que pueden lograr tres músicos que explotan con la potencia de un volcán.

Difícil explicar lo que genera Boa, con una carrera que traspasa el cuarto de siglo y el recuerdo de un prócer que sigue vivo en lo que importa. El patadón inicial con «Sangre» es una muestra de categoría que va a lo suyo sin vueltas: aplastar cabezas con un sonido demoledor. Una metáfora recurrente en estos casos, pero que el cuarteto liderado por el eximio guitarrista Gerhard Wolleter lleva a la acción con una contundencia asesina. «Mil Años de Dolor», «Extinción», «Fuego» y «Todo Muere», todas tienen ese rasgo de haber bebido en su momento de la oleada industrial liderada por Fear Factory en los ’90s, para ser llevadas acá hacia un lenguaje propio, lo que consigues mediante una idea hecha canción. En la misma línea, el doble pedal de Sergio Carlino, la solidez de Roberto Barría en el bajo, y la potencia vocal de Luis Toro, se unen a la de Wolleter para derribar todo a su paso. Una aplanadora de riffs y transgresión que mantiene viva la memoria del eterno Gustavo ‘Caballo’ Romero, tanto en la refriega sonora desde el escenario como quienes acusan recibo entregándose al primer mosh de la jornada. Eso es lo que le da a Boa un rótulo merecido como fundamental en el circuito subterráneo a nivel local y, quién dice que no, sudamericano.

Por razones de fuerza mayor, Gabriel Almazán no pudo viajar a la capital, lo que implicó el apoyo de Alex Leunam (Terror Society) en la voz. Y por muy distinto que sonaran los clásicos con otra voz, el efecto telúrico de Dogma en vivo es otra cosa. Desde «Improve the Silence» hasta «Demadness», pasando por «Crisis Center», «Mr. Waste»» y «Wall to Wall», el cuarteto no se contenta con sacar adelante la misión, sino que expone sus credenciales ante un público que responde ante tamaña explosión de energía. Incluýase la ovación a Sebastián ‘Chupete’ Rojas, un baterista bien dotado que profesa su amor al metal chileno hasta el sudor. Por algo Dogma es una institución por derecho propio. Un nombre que permite entender la fusión de estilos sin descansar en la etiqueta de turno.

El caso de Nuclear es el de una banda que aparece como uno de los actos principales y responde a cualquier duda desde el primer al último puñetazo. «God Forsaken Life» y «Waging War» abren para desatar la paliza necesaria. No es azotar el escenario, sino echarlo abajo una y otra vez, sin dejar sobrevivientes y generando una centrífuga humana con bengala en mano, con la magnitud propia de cualquier consagrado del Hemisferio Norte del Globo. Cuando «Violent DNA», «Killing Spree» y «Left For dead» caen como misiles en plena zona de desastre, queda claro de qué están hechos los ariqueños. ¿Cuántas bandas son capaces de apalearte y dejarte K.O. a ese nivel con más de 20 años de recorrido? «Abusados», «Confront, «Belligerance» y la declaradora «Apátrida», todas acreedoras del rótulo de ‘clásico’ por mérito propio, se valen de lo que encarna una banda que dispara contra el poder, del lado político que sea. Por eso les va bien , tanto a nivel de lanzamientos como en la hecatombe sónica de un acto en vivo imperdible para todo amante del metal chileno. Y en el escenario que sea, porque todo lo que permite a Nuclear curtir y reforzar su firma, está en lo que proyecta como un todo desde la necesidad de expresión.

El plato de fondo. Un disco celebrado de inicio a fin. Un homenaje emotivo a un prócer de nuestra escena. Y un tremendo movimiento de piezas en la alineación. Los 20 años de Sicario coinciden con el ingreso del destacado guitarrista nacional Gabriel Hidalgo. Y la partida con «Rise and Fall» nos conecta inmediatamente con una historia cada vez más fresca y viva que nunca. Le siguen casi sin pausa «Time Bomb» y «Walking Dead», ambas asomando raudas e igual de drásticas que durante su lanzamiento. No parece tan lejano el 2005, más bien es lo más cercano a un viaje en el tiempo. Al menos así nos parece cuando Juan Francisco Cueto toma el bajo como invitado ilustre en «The Root of All Evil». Por otro lado, la faena de Dan Biggin en vivo -vestido con una polera del álbum Loveless de My Bloody Valentine-, como siempre es un gusto por la solidez que brinda como pivote para las guitarras.

Sorpresas como «Shot in the Face» -jamás tocada en vivo antes-, momentos creativos del calibre de la pieza titular, inclinaciones al black metal como «The Land God Forget». Todo lo que ofrece un trabajo brillante y directo en su objetivo. Todo lo que en vivo se impone sin ‘pero’ que valga. Y cuando llegamos a «Por la Fuerza de la Razón», somos testigos y partícipes de un instante memorable, con puño en alto y dando cara a la incertidumbre de una tierra cada vez más cerca del abismo. Lo que se manda el baterista Danilo Estrella, un músico que dispone su destreza a las ideas de una banda que abrazó influencias de afuera para evocar el desastre local hasta el último surco. Es un collage de imágenes que Criminal devela mediante la música hecha por y para la gente enojada.

El homenaje al malogrado guitarrista y fundador Rodrigo Contreras, el pasaje más emotivo de la jornada. No quepa duda, y el mismo Anton lo declara sin tapujos, refiriéndose a Curadrigo como «el fundador de Criminal». Una muestra de cariño fraternal que anticipa la segunda parte del show, con «Slave Master», «Collide», «Self Destruction», «Alma Muerta» y la más reciente «Zona de Sacrificio» aniquilando toda señal de optimismo patrio. Y cuando llega el cierre con «Hijos de la Miseria», queda la sensación de que lo (muy) larga de la jornada se compensa con la integridad que cada exponente profesa cuando acechan los tiempos oscuros. Si esta franja de tierra larga y angosta llamada Chile es la verdadera tierra olvidada por Dios, los rastros de sangre derramada serán la delimitación de esta tierra. Una tierra donde la historia está destinada a repetirse por la sed de poder de algunos, lamentablemente.

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