“¡Somos el mejor país de Chile!”: Celtian desató magia y metal en la Sala Metrónomo
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Escrito por: Equipo SO

Por Pablo Rumel.
Foto Pato Fellay.

Celtian debutó en Chile con un conjunto sólido de canciones y una carrera internacional que despega con fuerzas. Era su primera vez en nuestro país, en el marco de una gira especial en Latinoamérica, y venían con un show prometedor que fue un sold out total, lo que demostró el interés por verlos en vivo ¿funcionó bien? ¿Hubo fallas? ¿Nos quedamos con ganas de un show distinto? Quédate acá, que para eso en Sonidos Ocultos te lo contamos todo.

Una larga fila daba vuelta a la manzana en la Sala Metrónomo, evidenciando que existía gran interés por presenciar en vivo a esta banda, dueña de un estilo powermetalero que fusiona elementos sinfónicos y celtas, al estilo de Sauron, Turisias o los mismos Mägo de Oz, banda con la cual guardan una relación estrecha, por ser su violinista fundador integrante de la mítica agrupación.

A las 20:30 arrancaron los nacionales de Resilience, banda con 10 años de trayectoria, y con un reciente  Rodrigo Varela en las vocales, frontman que estuvo a la altura de interpretar canciones de los dos primeros discos de la agrupación con solvencia y excelentes tonos altos, en la línea de Barilari, o André Matos, con excelente cuerpo vocal y mejores agudos, quien se mostró empático, solvente y jamás forzado.

Los muchachos tenían solo media hora, así es que se aplicaron con «Requiem», tras una breve intro, para luego saltar con «Letal», una canción ágil y pesada que aborda el fin del mundo sin dejar ninguna esperanza y «Hoy», una power ballad que recordó las épocas gloriosas de los afilados Ángeles del Infierno; una canción llena de sentimiento que se encumbra como un futuro clásico.

Por su parte, Marcelo Oyanedel, hizo gala de un bajo de seis cuerdas, entregando todo el sostén rítmico y progresivo, una banda que no busca el sonido fácil pero que tampoco se obnubila con el tecnicismo, sino que va por el justo medio: Hugo Ibarra, al mando de la batería, entregó el peso necesario y la rítmica que cada canción pedía, con un estilo algo rígido y con poco uso de platillos que compensó con descomunales golpes de caja y bombo. «Bombas sobre Gaza» fue la nota política, que más que abanderarse por una causa, fue un llamado a detener la guerra en pro de la paz mundial.

Resilience demostró que está para grandes desafíos, con una participación activa en la escena metalera, con un cantante que comprende bien que no basta con cantar bien sino que también se debe tener un sentido del espectáculo sobre las tablas, y un ascenso creativo que se refleja en sus últimos sencillos, de una calidad elevada, con líricas en español y que por supuesto, como oyentes, esperamos con ansias la aparición de un nuevo larga duración.

EL DEBUT DE CELTIAN EN CHILE

21:30 y unos minutitos pasados, cuando las luces se apagaron y emergió la música celestial de «La Lira Encantada», donde cada integrante fue presentándose ante la ovación del público, para arrancar de una con «La Profecía», con una Xana Lavey entonando los primeros versos de lo que sin duda será un himno que quedará marcado a hierro candente: excelente canción, que en corto muestra todo el potencial sónico de la banda en vivo, con una percusión atronadora, asesina y deudora del power de vieja escuela, ese que recogía la herencia del speed y el thrash, al mando del veterano David Landeroin, sumando a la dupla de los habitantes de Celtian, Diego Palacio al mando de la flauta, y Txus Borao, del violín, creando duetos que entregan las líneas melódicas folk, esas que están ahí para alternar cabeceo, con saltos y danzas.

Debemos señalar que el siguiente corte, «Sueños de Cristal» sonó desbalanceado, las capas gruesas de la guitarra sonaron al borde de la saturación, con los arreglos melódicos muy agudos, quedando la batería bien ecualizada, pero redundando en una muralla infranqueable de sonido, tan así, que Xana se vio obligada a cantar con más fuerza, casi a los gritos, lo que la hizo fallar en algunas notas, pero era aquello, o quedar tapada e inaudible.

El hombre al mando de la mesa se aplicó con rapidez: «El Solsticio de Dríade» marcó el punto de inflexión entre una ecualización buena a una más nítida: entre sones marciales, una guitarra rítmica con afinaciones bajas y una Xana mucho más desahogada, tuvimos la oportunidad de escuchar a un Celtian al completo: su frontwoman, visiblemente distendida, aprovechó la ocasión de elogiar al público y bromear con “¡somos el mejor país de Chile!”.

Con el hielo trizado en mil pedazos, con una performance que solo subía peldaño a peldaño, y sabiéndose de un carisma único, Xana se lució con «Hasta el final» y «Renacer», ambas también de la última placa Secretos de Amor y Muerte; pudimos oír el Buzuki de Txus Borao, un instrumento griego similar a la mandolina, quien entregó las frases rítmicas propias del folclor europeo, y en un discreto segundo plano oímos a Raúl Plaza en las cuatro cuerdas, quien más que llenar de fills y escalas los vacíos, se amoldó a la guitarra para darle mayor peso a la percusión, algo fundamental cuando en escena solo se toca con un solo instrumento de seis cuerdas.

La interpretación de «Maleficio de Sangre» fue una de las descargas más poderosas de la noche: con esos riffs espiralados de arranque seguido de acordes de quinta, dejaron en claro que el guitarrista Sergio Culebras es una suerte de Sansón de la banda: sostiene junto a la batería los pilares de la propuesta musical, que sin la distorsión poderosa sería una mera banda de pop, pero ahí, señoras y señores, estábamos para oír una propuesta que unió guturales (una faceta que Xana de seguro seguirá explorando en próximas propuestas), solos de guitarra al estilo guitar hero, una percusión con mucha precisión y arranque en las secciones de doblo bombo, y breves secciones que nos recordó a los más pesados de los folks, como los Vintersorg o los Otyg.

Acercándose a los 50 minutos de presentación, con coros de un efusivo público “¡Mijito Rico!” Celtian aprovechó de guardar energía para presentar a los miembros de la agrupación, liderados por un sólido Diego Palacio. Habíamos escuchado secciones a Capella, con desafío al público en difíciles entonaciones, habíamos escuchado la instrumental «Molly Bawn», recordándonos que Celtian era inicialmente un proyecto sin líricas, hubo por ahí un momento en que al baterista se le soltó un platillo por tanta energía derrochada ¿qué nos quedaba por oír y ver?

El protagonista de la noche fue la última placa, pero aun nos quedaba por escuchar «El hijo del ayer» y la hímnica y memorable «En Tierra de Hadas», ya casi un manifiesto de una banda que nació para cantar a la fuerza, a la energía y también loas al mundo feérico y real de la Madre Natura.

Como veredicto, podemos aseverar que Celtian es una banda en pleno ascenso, con un despliegue creativo materializado en tres discos, con una presentación en vivo carismática y profesional, que en efecto, no defraudó a nadie. Estamos ante una banda joven, con raíces sólidas y una propuesta que no se queda en el artificio del folclor ni en los clichés del power metal, sino que busca emoción, épica y una identidad sonora propia. Si mantienen este pulso creativo, es muy probable que el futuro de Celtian se escriba no solo en los escenarios de España e Hispanoamérica, sino también en los corazones de una nueva legión de fans que ya corea sus himnos.

 

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