Por Claudio Miranda
Fotos Rodrigo Damiani @SonidosOcultos
En algún pasaje de la noche, Danny Cavanagh lo dice de manera simple y clara: «Esto es lo más cercano a Anathema que tendrán hoy acá». Puede sonar quizás obvio, pero Weather Systems, el proyecto liderado por el veterano músico nacido en Liverpool, responde a una naturaleza reconocible y cuya trascendencia se explica solamente al factor emocional que se potencia con buenas canciones. Y es cosa de ponerle play a Ocean Without a Shore (2025) para reparar en la extensión que Cavanagh, al frente de Weather Systems -nombre tomado del noveno LP de Anathema (2012), ha forjado una rúbrica que ha sabido extenderse con lozanía y convicción propias de quienes han sabido aferrarse a su pensamiento, siempre al margen de los recurrentes vicios impuestos por la industria musical.
A diferencia del lado más experimental y cinemático que desarrolla su hermano Vincent a través de proyectos como The Radicant, la prioridad de Danny traspasada a su trabajo en Weather Systems radica en la emoción y la comunicación. Quienes han revisado el catálogo discográfico de Anathema y han reparado en los créditos de Danny como escritor principal, es probable que vean en Weather Systems una extensión de su inagotable manantial creativo. Una visión totalmente coherente con lo que el Cavanagh mayor profesa con el mínimo en recursos de producción y el máximo en una idea que se renueva de manera natural. Y eso es lo que Weather Systems traspasa al directo; una fuerza natural que conquista y encanta a una minoría que se siente en varios pasajes como una mayoría entregada a una liturgia de entrega absoluta.
En una jornada que congrega a los amantes del prog y la herencia floydiana, la apertura a cargo de Crisálida era la adecuada en todo sentido. Por lejos, la banda más importante del género a nivel local, lo que se traduce en la enormidad de sus últimas dos producciones en estudio, Terra Anscestral (2015) y Niños Dioses (2024), Sur y norte de esta franja larga y angosta de tierra, ambos trabajos se distribuyen el protagonismo aprovechando el ajustado tiempo en el escenario. Y la recepción por el público, quienes ven en esta banda una comunión necesaria, responde a la mística que Crisálida ha generado como una institución fundamental en el auge del rock progresivo durante las últimas dos décadas.
Desde el arranque con el espesor de «Cabo de Hornos», pasando por la intensidad de «Destino», «Kuntur» y «El Niño de El Plomo», tenemos una banda en pleno dominio de sus facultades a nivel de ejecución y desplante. Lo que se manda Cinthia Santibañez como una de las voces más distintivas y prodigiosas en el circuito local, se potencia con un despliegue escénico donde el dominio del público y el carisma van de la mano. En las guitarras, Damián Agurto y Augusto Maldonado Sudy -este último, ovacionado por su cumpleaños durante la fecha de ayer- se entienden como generadores de armonía y cumplen su tarea moviéndose entre la intensidad y la sutileza con la maestría que los destaca. Una apreciación similar es la que nos evoca Braulio Aspé, un bajista con ‘voz’ propia que se entiende de memoria en la base rítmica con el baterista Pablo Stagnaro. Lo que te da una idea en cuerpo completo de lo que evoca Crisálida desde el trabajo creativo en el estudio hasta la atmósfera que expande en vivo. La grandeza de «Morir Aquí», la explosión de «Volcano», la forma en que la neblina de tristeza en el sur y los misterios del desierto en el norte convergen en un mismo sentimiento de pertenencia. Y eso es lo que habla por bandas como Crisálida: la honestidad transmitida en cada patrón de ritmo y melodía. Lo que basta para tocar corazones y recordarnos que lo mejor de nuestra tierra puede atravesar generaciones, al punto de convertir cada espectáculo -incluso en contexto de teloneo- en un acto de liberación ancestral.
A eso de las 22 horas, y precedido de «All Eyes on Me» del comediante Bo Burnham, un Cariola repleto se deja caer en el trance que Weather Systems detona con «Deep», el mega-hit de Anathema en el atardecer de los ’90s. No es Anathema, lo asumimos hace rato. Pero poco importa ante lo que proyecta Danny Cavanagh al frente de un proyecto que rescata los mejores pasajes de una institución del rock de vanguardia con atmósferas de tristeza hasta la médula. Lo secundan el baterista Daniel Cardoso, colaborador histórico y dueño de un rol fundamental en la producción de los últimos trabajos editados por Anathema, el bajista André Marinho y la cantante Soraia Silva. A la explosión inicial le sigue una brillante «Still Lake», la primera embajadora de Ocean Without a Shore en el repertorio.
Tal como lo comentábamos acá, Ocean Without a Shore es un trabajo que no tiene porqué inhibirse al momento de recrear lo mejor de Anathema con ideas frescas. La trilogía compuesta por «Synaesthesia», «Do Angels Sing Like Rain?» y «Ghost in the Machine», en vivo corrobora todas las certezas de un estilo que puedes reconocer más allá de cualquier cliché. Y es lo que Danny Cavanagh busca transmitir a través de Weather Systems. Hay un objetivo artístico, un contenido al que los seguidores más acérrimos se entregan inmediatamente. No quepa duda de que Ocean… ofrece momentos creativos que en el directo cunden de manera atrapante, en gran parte por el despliegue escénico que Soraia Silva se manda hasta entablar un enlace emocional con un público que la sitúa en el mismo sitial que Lee Douglas. Y es que a nivel de voz y presencia, Soraia expone un sello personal que encaja a la perfección con el ideal que Weather Systems traza desde el lugar común con un lenguaje propio.
Como una de las cumbres de The Optimist (2017), «Springfield» se deja caer como un rocío fluvial en pleno verano. Tanto como el brillo sonoro o la destreza ya probada de sus ejecutantes, su lugar en el repertorio es lo que habla de una propuesta que celebra su pasado (no tan) lejano. La intensidad que Danny exuda en las seis cuerdas, un deleite para los fanáticos que abrazan aquella última etapa de Anathema. Cuando tanto como la pulcritud o la habilidad técnica, lo que importa es el mensaje a entregar. En el mismo plan, la mención de Danny a su banda madre al presentar «Are You There? Part 2», se traduce a la revitalización de un catálogo donde lo nuevo -bajo otro nombre, claramente- y lo clásico se hermanan en un mismo sentimiento. Ese sentimiento que aflora a través de «A Simple Mistake» y «Closer», ambas revistiendo con su ropaje de duelo y pérdida una noche dedicada a la vanguardia con brochazos de expresividad hasta las lágrimas.
Si en el estudio llama la atención la vestimenta electrónica de «Ocean Without a Shore», en vivo sus rasgos orgánicos reflejan la anatomía de Weather Systems como un proyecto que va a lo que sabemos, sin dobles intenciones y con una idea que responde a las necesidades de su mente y voz. Al mismo tiempo, se genera ahí el preludio para lo que ocurrirá en «Flying», cantada primero a capella por un Cariola a tablero vuelto. Literalmente, la postal del recinto flotando en el aire mientras se adueña del coro, dice más que cualquier análisis de índole técnica. Y eso es lo que le gusta a Danny en estas instancias. Por algo su apreciación al público chileno, por mucho que se acerque al recurso de cortesía, en realidad no hace más que constatar la devoción que Anathema despierta en el país más austral del Globo Terráqueo. Cómo nos gusta acá estos estilos donde la tristeza en la música se vuelve luz y alimento para quienes la respiramos en el diario vivir.
Tras una primera parte magistral, empezamos la siguiente sección con Danny en el piano. Un problema técnico derivó en una inesperada y sublime versión de la sonata para piano Claro de Luna, del eterno compositor y genio alemán Ludwig van Beethoven. Desde la urgencia nos cayó un lujo desde el cielo, una introducción magnánima para «Untouchable», completa en sus tres partes. El recinto de calle San Diego no solamente se viene abajo, sino que se entrega a todo lo que se espera de Weather Systems en su esencia. Y si Danny nos habla de su proyecto actual como lo más cercano que tenemos a Anathema hoy, dicha sección del show lo confirma a su manera. Si las dos partes surten el efecto propio de un concierto de Anathema desde parte de su corazón y centro neurálgico, la tercera parte se adapta de manera natural al esquema de sus hermanas mayores. Cambia la percepción respecto a su versión en estudio, al menos en gran parte. Resquemores más o menos, su efecto catártico es lo que le da a Weather Systems su razón de ser.
Tras una correcta e intensa versión del clásico de Metallica «Wherever I May Roam» -el bajista Daniel Marinho se maneja en las voces más bravas-, Weather Systems nos ofrece un regalo y de los más impensados. ¿Cuántos de quienes estuvimos anoche en el Cariola esperábamos escuchar «A Natural Disaster» en vivo? Nos ganaste con tamaña sorpresa, Danny. La que titula su placa editada en 2003, la cual, a su vez, marca el punto bisagra en la evolución de un distintivo que abandonó el metal de los inicios para centrarse en la emoción más honda. A todo esto, fíjense en el protagonismo que dicho álbum se adjudica en el set. Un álbum de vital importancia en la identidad que Anathema pulió en favor de su propia matriz de afecto. El papel que desempeña Soraia, tal como en el estudio, nos impulsa a sumirnos por completo en la cura ensoñadora que Weather Systems nos proporciona desde la visión de mundo que nos habla con fluidez de maestros. Y culminando cerca de dos horas y media de melancolía musical, «Fragile Dreams» cierra la misa empezando con las luces de los celulares bañando el interior del Cariola. Una descarga final que nos recuerda en cada surco que Anathema no murió, sino que adoptó otra forma y se expande como una galaxia. Lo que es posible mientras Danny Cavanagh disponga de sus ideas y esfuerzos cuando hay algo que decir todavía.
Complicado describir exactamente lo que despierta Weather Systems en vivo. Más aún sin caer en el cliché del género cuando el recurso literario no alcanza para dimensionar una experiencia de tamañas magnitudes. Lo más sencillo sería apelar a las visitas de Anathema a nuestro país y lo que dejó en su fanaticada local. La realidad es que para Danny Cavanagh, el legado de Anathema es capaz de pervivir en otras formas. Es su esencia la que nos permite bucear en las profundidades de un océano de posibilidades. Un océano que el Cavanagh mayor persiste en navegar y explorar entre la calma y la tormenta.
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