BETWEEN THE BURIED AND ME: THE BLUE NOWHERE (2025)
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Escrito por: Equipo SO

Por Claudio Miranda

El lanzamiento más reciente de los de Raleigh registra el lugar 11 en correlativo. Un detalle importante si consideramos que su propuesta, lejos del desgaste, el batazo en los 2000 con los hoy fundamentales Alaska (2005) y Colors (2007), se renueva de manera natural. Una virtud que Between the Buried and Me ha venido desarrollando como parte de la actual camada prog-metal que extiende las ramas del árbol genérico hacia lugares reconocibles y, a la vez, impensados.

The Blue Nowhere, en palabras de sus creadores, es un álbum conceptual que, sin embargo, no se aferra a una estructura de guión. Es un álbum escrito por una banda que profesa un espíritu libre sin perder el hilo. Lo notas desde la arrancada con «Things We Tell Ourselves in the Dark», un título cuya elocuencia va a la par con un desarrollo lúdico. Lo dimensionas en el ecuador de la pieza, cuya vibra funky bebe sin descaro de leyendas como Prince o los Chili Peppers en su mejor forma. El contraste con la siguiente «God Terror», más inclinada al metal industrial con pinceladas de shoegaze, es lo que potencia lo variado que es The Blue Nowhere como un todo, donde todo puede pasar y, al mismo tiempo expone las virtudes de una agrupación que domina su propio caos sistemático.

De lleno al metal más crudo y visceral en «Absent Thereafter», con momentos y cordilleras de melodía y virtuosismo al servicio del relato. Lo pasan bien los Between escribiendo música con gustos de sibarita. La idea de pasarlo bien, lejos de sentirse vacía y superficial, funciona como el espejo de nuestro diario vivir. El mundo es un lugar bello y, muchas veces, implacable con quienes lo habitamos. Pura locura, absoluta inventiva. Y tras la pausa con el pasaje llamado, precisamente «Pause», se abre otra puerta en «Door #3». Dan Briggs es el director de orquesta, y sabe ceder protagonismo a sus colegas en términos de escritura. Lo que aprovecha Tommy Rogers, un vocalista y multi-instrumentista de estirpe que aprovecha toda su destreza en favor de una matriz creativa que se extiende hasta el último rincón. Pasados los tres minutos, asoma una deliciosa sección acústica que termina por devolver la intensidad propia de la pieza. Cadencia, variedad de ritmos, paleta sonora que mezcla tonos en un pincel de habilidades que se mueve con el estímulo de contar una historia sin caer en lo predecible.

Cuando el redondo avanza hasta pasada la mitad, la exigencia parece agobiar un poco al oyente, por la cantidad de información contenida. Pero la extensión de «Psychomanteum» y «Slow Paranoia» -ambas superan los 10 minutos de duración-, lejos de cansar, te llevan por unos pasadizos de locura e inventiva solo para valientes. Un nivel de vértigo que toma prestadas algunas cosas de Faith No More circa ’92 y los Mr. Bungle de Disco Volante (1995). La huella de Mike Patton es lo que viene hermanando a BtBaM con otros nombres del calibre de Protest the Hero y los hoy extintos The Dillinger Escape Plan. No se queda en el lugar común ni en la influencia como gancho comercial; The Blue Nowhere es un trabajo con voz propia, forjado a imagen y semejanza de una agrupación que desafía toda lógica o convención existente.

La pieza que titula el disco, se siente como la conclusión de un viaje que derrocha vértigo, peligro y excesos en su justa dosis. Tiene sentido en una banda que vive y respira el movimiento como una forma de ver y hacer las cosas. Quedarse en un lugar fijo, aunque sea por una fracción de segundos, no es opción. No por ello se priva de brindar momentos memorables. Más bien, les da un sabor especial. Es un distintivo que abrocha la historia en «Beautifully Human», la estación final de un redondo que apela a la enormidad sin caer en lo pretencioso. Y es dicha grandeza lo que BtBaM proyecta en el cierre del álbum, dejando en claro que cada lanzamiento tiene un propósito genuino por sobre la fórmula segura.

Al tratarse de una narrativa sin un guion o una estructura fija, es probable que genere cierta reticencia, y con toda razón. La extravagancia musical que los estadounidenses destilan en cada incursión discográfica, en muchos casos termina generando ronchas y detractores. Y la duración del disco -71 minutos- puede influir bastante en el veredicto final. Todo depende del prisma con que se mire; Between the Buried and Me es una banda que traspasa el disfrute del núcleo creativo a una fanaticada que sabe, de antemano, que nunca se sabe con qué se va a encontrar uno. Como ha sido en todo su catálogo, lo es The Blue Nowhere en todos sus colores. Es la belleza de lo humano lo que BtBaM captura para ofrecernos en estos tiempos oscuros. Son las cosas que nos decimos a nosotros mismos cuando el mundo se encamina a ninguna parte.

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Equipo SO
Director/Columnista
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