Por Pablo Rumel.
Burning Witches es una banda suiza de heavy metal formada en 2015, íntegramente compuesta por mujeres. Su propuesta artística mezcla el sonido clásico del metal tradicional con una estética poderosa y letras que retoman imágenes de la brujería, la represión inquisitorial y la feminidad rebelde. Analizamos su propuesta musical, el arte de sus discos, y su relación con la historia y la cultura. Tomen asiento y prepárense por un viaje lleno de aquelarres, brujería y misticismo.
AQUELARRES ARDIENTES CON TACHAS Y CUEROS
La estética de Burning Witches es abiertamente influenciada por bandas como Judas Priest, Warlock o Dio, con armaduras de cuero, guitarras afiladas y un imaginario oscuro y teatral. Sin embargo, el uso de símbolos paganos, fuego, hogueras, pentagramas y ruinas medievales, le da una identidad propia, ligada al mito de la bruja europea. Musicalmente, se destacan por combinar riffs pesados, solos virtuosos y una voz potente que alterna entre el registro agudo del metal clásico y el dramatismo lírico de la ópera oscura. Este contraste refuerza su narrativa de dualidad: lo bello y lo terrible, lo reprimido y lo liberador.
No podemos dejar de asociar su propuesta y vestimenta a los gloriosos años ochenta, con referentes mundiales como Doro Pesch y su banda Warlock, o la poderosa Lita Ford, guitarrista y vocalista al mando de un proyecto que fusionaba el heavy con el glam. Grupos metaleros compuestos exclusivamente por mujeres son una rara avis, pero ya tenemos notables ejemplos como la banda misteriosa de Dogma, sensualidad y fe al por mayor, o las rudísimas y talentosas Crypta, que al ritmo del death metal convierten al antiguo arte de la destrucción en una herramienta atronadora.
Respecto a la figura de las brujas, estas han sido tradicionalmente asociadas a mujeres que se salían del control social: parteras, curanderas, viudas o simplemente mujeres rebeldes. La banda retoma este legado, no para romantizarlo, sino para exponer cómo la caza de brujas fue una forma sistemática de represión contra la autonomía femenina. En canciones como «Hexenhammer» o «Burning Witches», se evidencia un esfuerzo consciente por reescribir esa narrativa desde una posición de poder y de denuncia, convirtiendo a la bruja en símbolo de resistencia colectiva, en vez de víctima.
ARTE DE LOS DISCOS
Las portadas de los discos de Burning Witches no son simples ilustraciones decorativas: forman parte integral de su propuesta conceptual. Al igual que en el metal clásico, la iconografía visual establece un puente entre el contenido lírico y su posicionamiento poético. Sin embargo, en este caso, se articula además un relato simbólico femenino, donde la bruja no es objeto de castigo, sino sujeto activo de poder. Analizaremos aquí las portadas principales de su discografía.
Ya desde el debut con su homónimo, «Burning Witches» (2017) vemos a las cinco integrantes en una escena nocturna, rodeadas de fuego, pisando cráneos carbonizados al interior de una bola de cristal. El fuego es un símbolo de ambivalencia; puede ser destructor y simbolizar una hoguera inquisitorial, pero también representa la imaginación, el fuego secreto de la filosofía, aquella que imagina y discurre entre la verdad y la falsedad. Esta portada subvierte la representación típica de la bruja como víctima, pues estas mujeres no están siendo quemadas, están invocando el fuego. Es una escena de poder ritual. El fuego ya no las consume: les responde a voluntad, son ellas creando e imaginando un ritual musical.
Canciones clave: Burning Witches, Black Widow, Metal Demons.
En el segundo álbum, «Hexenhammer», se abandona la estética glam por una mucho más medievalizada: ahora ellas son espíritus o almas que salen de un grimorio con una bruja al centro. El libro podría ser el Malleus Maleficarus, grotesca obra creada por dominicos alemanes que justificaba un orden perverso y misógino para acusar a las mujeres de brujería. Aquí se invierte la lógica inquisitorial. La quema ya no es del cuerpo femenino, sino de la palabra escrita que lo condenaba. Es un acto de venganza simbólica, pero también de justicia histórica. Vale un punto aclarar, y es que la histeria fanática de caza de brujas no tiene nada que ver con la vilipendiada Edad Media; su punto álgido comienza con el fin de ésta y se extendió históricamente entre 1450 y 1750.
Canciones clave: Hexenhammer, Holy Diver (cover de Dio), Executed.
«Dance with the Devil» (2020) o Bailar con el Diablo, sugiere una negociación con lo prohibido, un juego de poder entre el bien y el mal, pero también un acto de rebeldía, autonomía y desafío. En lugar de huir del Diablo, lo enfrentan y danzan con él: esto subvierte el imaginario cristiano tradicional que condenaba la danza como acto pecaminoso y femenino. Las integrantes están representadas como brujas modernas, pero no como víctimas sino como sujetas activas, empoderadas y armadas. Vemos una vestimenta provocativa pero funcional, combinando sexualidad y fuerza. Postura firme, armas visibles, mirada desafiante; ellas están listas para luchar, no para ser salvadas ni quemadas.
Canciones clave: Dance with the devil, Wings of Steel.
Llegamos a «The Witch of the North» (2021). La figura de “la bruja del norte” evoca múltiples capas simbólicas. En primer lugar, tenemos al Norte como territorio salvaje y ancestral, alejado de la civilización. El imperio romano se extendió principalmente a lo largo del mediterráneo, y la expresión bárbaro se aplicó para las tribus germanas y sajonas ubicadas al norte. En la cosmogonía mítica, el norte suele representar lo inmutable, lo frío y lo espiritual, pero también lo oculto y lo mágico. La bruja que lo habita es una guardiana de fuerzas primigenias. La enorme figura femenina hecha de raíces y ramas fusiona cuerpo y naturaleza. Esta bruja madre recuerda a La Gran Diosa de las religiones matriarcales, siendo una obra de cabecera El Cáliz y La Espada de Riane Eisler, antropóloga estadounidense que analiza las raíces de una hipotética cultura matriarcal ancestral.
Canciones clave: The Witch of the North, We Stand as One, Hall of the Mountain King (cover de Savatage)
Y por último, analizamos el álbum «The Dark Tower» (2023): resalta la torre de un castillo en ruinas con figuras femeninas etéreas observando desde las alturas. En la zona inferior apreciamos un cementerio plagado de cruces. La torre, símbolo de encierro, pero también de vigilancia, se vincula con el arcano clásico en el Tarot por escenificar una fuerza disruptiva, que en este caso se relaciona con la sangre que sale desde su puerta interior. Interpretación filosófica: La bruja ya no está encerrada en la torre; habita la torre. Ha tomado el lugar del carcelero. Es una figura que vigila desde lo alto, como centinela del saber y la experiencia. Desde un plano simbólico, construyen un arquetipo de mujer que no necesita ser salvada ni redimida. Al contrario: son ellas quienes traen la tormenta.
Canciones clave: The Dark Tower, Unleash the Beast, Doomed to Die.
BRUJAS ARDIENDO, BRUJAS COMBATIENDO
El logo de la banda es una estrella invertida (pentagrama) fusionada con fuego. Esta imagen remite al satanismo, pero también al ocultismo pagano, a saberes prohibidos y ancestrales. El pentagrama invertido ha sido reinterpretado en el siglo XX como símbolo de reconexión con la Tierra y con lo femenino subterráneo. El fuego que lo rodea es purificador, destructor y creador, como en el mito del Ave Fénix.
Burning Witches no solo representa una reivindicación del heavy metal desde una perspectiva femenina, sino también una relectura política y estética del arquetipo de la bruja. Sus letras funcionan como artefactos de memoria, resistencia y afirmación identitaria. En un mundo donde aún persiste la estigmatización de lo diferente, la banda levanta la voz —con fuego y acero— desde los márgenes hacia el centro del escenario. Una propuesta que utilizando los elementos del heavy tradicional, renueva el imaginario con una imagen atractiva y por supuesto, una música de ejecución implacable con líricas inspiradas y potentes.
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