Por Pablo Rumel
Bandas como Rammstein o Marilyn Manson no figuran en la web Metallum, pero Mortiis sí aparece. La distinción parece superficial, incluso objetivamente injusta, porque los estándares para medir qué banda entran y cuáles no a esta selecta Wikipedia metalera pueden parecer difusos o arbitrarios. Y el motivo de este artículo es resolver esa encrucijada.
LOS INICIOS MORTUORIOS DE MORTIIS
Mortiis, como bien sabemos, se separó de Emperor a comienzos de los noventa, cuando los noruegos aún no habían dado sus mejores frutos; eran un diamante en bruto que terminaría de brillar poco más tarde con discazos como «In the Nightside Eclipse» o «IX Equilibrium», obligatorios para cualquier seguidor del género, en especial de la vertiente sinfónica.
Y ahí hay una palabra clave, “sinfónica”.
Mientras nacía y se desarrollaba una línea de black metal cruda, blasfema y low fi, encabezada por Darkthrone, los Emperor confeccionaron, cual luthieres del mal, las bases del black sinfónico, que en un primer momento parecía mezclar agua con aceite, porque los lineamientos del sonido blackero se centraban en la cadencia hipnótica, la disonancia reinante, y la bestialidad de las baterías y los sonidos graves, y de pronto poner coros líricos o violines era tan osado como meterle distorsión a la cueca.
Emperor entendió bien esta contradicción y supo hacer el ajuste. Más que crear un sonido wagneriano y épico, se concentraron en acolchar la distorsión con sintetizadores e incluir interludios neoclásicos de manera orgánica, como si estuviéramos escuchando una orquesta dirigida por el demonio o surgida de algún espanto romántico, un castillo rodeado de necrófilos y hombres lobo iluminado por una luna llena pálida.
Y ahí estuvo en el bajo Mortiis, cerrando su participación con el «As the Shadows Rise», un EP que integra plenamente el sonido sinfónico con aullidos enfermos, ataques de guitarra frenéticos, pero cargando la rítmica hacia los tiempos medios, y dejando de lado los blast beat característicos del sonido blacker.
PUEDES CUESTIONAR UNA RELIGIÓN PERO NO QUEMANDO IGLESIAS
Aquello de la religión lo dijo Mortiis a propósito del Inner Circle y los hechos de sangre que inundaron la prensa amarillista. Si bien sentía fascinación por la violencia, y la muerte y la quema le parecieron increíbles en su juventud, años más tarde, en plena madurez, condenaría aquellos actos por ser infantiles e ingenuos.
Dueño de un temperamento agresivo, aquello le costó el puesto en Emperor, y según su propia versión, Insahn y Samoth le pidieron que abandonara el proyecto pues la convivencia se hacía insufrible.
Y así mismo, esa ira y ese odio lo llevaron no a quemar iglesias o a cometer asesinatos, sino a sentar las bases de un sonido que bebía directamente del black metal, el dungeon synth, o sintetizador de calabozo: antes de salir de Emperor escuchaba Coil, Throbbing Gristle, Klaus Schulze y Tangerine Dream. Le fascinaban las composiciones largas y los paisajes sonoros que evolucionaban lentamente. Incluso conversaba de esa electrónica con Euronymous, que también era aficionado.
Varias veces explicó que encontraba en la electrónica sensaciones semejantes a las del black metal, mediante sonidos completamente distintos. La oscuridad y la evocación pesaban más para él que mantener guitarras y baterías. Otro motivo para experimentar en esta veta es que quería diseñar un universo fantástico en solitario; ya había escrito en 1992 letras sobre una realidad paralela que esperaba desarrollar con Emperor. Parte sobrevivió en «I Am the Black Wizards» y «Cosmic Keys to My Creations & Times»; otras alimentaron su proyecto solista.
LOS SINTETIZADORES Y UN FANTÁSTICO UNIVERSO PERSONAL
Como todos los géneros, primero se inventó el sonido, un grupo de bandas o músicos solitarios lo desarrolla con trabajos claves y luego viene la etiqueta: jamás es al revés. Black Sabbath, por ejemplo, no partió haciendo “heavy metal”, aquello llegó después, y para los contemporáneos del cuarteto de Birmingham, ellos hacían “acid rock” o rock psicodélico, que más tarde cuajaría en el género que todos amamos.
La historia del Dungeon Synth tiene su arranque con el primer disco de Mortiis, «The Song of a Long Forgotten Ghost». Lo que se propuso el músico noruego fue recrear las armonías oscuras y las tesituras depresivas que emergían del black, con un sonido atmosférico y orquestal, que involuntariamente se relacionaban con la música ochentera de los videojuegos de inspiración medieval fantástica, juegos que al no tener la tecnología para incluir sonidos reales orquestales de violines y coros líricos, utilizaban rudimentarios teclados o midis para dar la sensación inmersiva de estar en un mundo medieval.
Los primeros trabajos en solitarios de Mortiis se encuadran en esta línea: los sonidos están sintetizados, potencian ese elemento surreal y atmosférico, llegando hasta su máximo desarrollo con «The Stargate»; acá las pistas son más breves y abandonan esa sensación onírica, mutando a un sonido mucho más medievalizado y tributario del mundo cinematográfico, que incluía simulaciones de flautas con golpes orquestales de cintas ochenteras como Conan el Bárbaro o Willow, y voces femeninas que aportaban esas tesituras clásicas y sublimes, que también podemos oír en composiciones como las que salen en el film Excalibur de 1981 de John Boorman, en especial esa espectral e hipnótica pieza compuesta por Trevor Jones, con su «Merlin´s Spell».
EL OLOR DE LA LLUVIA
Si en Stargate vemos a un Mortiis volando, una suerte de mago con poderes de ultratumba, en 2001 con su «The Smell of Rain» aparece una faceta más mundana, un Mortiis que remite más a un sobreviviente, a una criatura que logró escapar de una mazmorra y huele por primera vez el olor de la lluvia.

La estética de su cuerpo remite a un imaginario que lo trasciende, parece un orco y una criatura imaginada por Tolkien, pero también está ese elemento teatral a lo Kiss o Alice Cooper, fusionado con elementos del corpse paint que popularizó la escena noruega.
Visualmente remite a un trol, goblin o criatura del bosque, aunque esas categorías son aproximaciones. Mortiis señala que ese rostro surge como su propia identidad artística. La fabricación de su outfit comenzó de manera artesanal. Las primeras prótesis las hizo con masilla adhesiva para pegar afiches. Estaba viviendo en Suecia y no conocía profesionales de efectos especiales: él y su pareja probaron con lo que tenían a mano. El problema era que la masilla resultaba grasosa y la pintura blanca se adhería mal; recuerda haber aplicado muchísimas capas para cubrirla.
Las uñas las fabricaba recortando partes curvas de botellas de bebida, pintándolas y pegándolas a los dedos. La criatura nació de recursos domésticos y mucha inventiva. Con los años pasó a utilizar máscaras protésicas adheridas al rostro. En una entrevista de 2019 explicó que prepararse le tomaba entre 30 y 45 minutos; anteriormente necesitaba dos o tres horas, cuando se obsesionaba con disimular todas las uniones. También contó que alguna vez, al retirar la máscara, se arrancó parte de una ceja con el adhesivo.
En su etapa inicial, la criatura daba cuerpo al universo paralelo de sus discos. Cuando las letras se volvieron más personales y airadas, comenzó a cuestionar esa apariencia. Durante la etapa de «The Grudge», alrededor de 2004, empezó a desprenderse la máscara en los conciertos y añadió costuras a su diseño: quería mostrar que había un ser humano debajo. Recuperó la máscara para su presentación en el festival de Cold Meat Industry en 2017.
SU VISITA A CHILE: CELEBRACIÓN DE LOS 25 AÑOS DE THE SMELL OF RAIN
Como bien dijimos «The Smell of Rain» marca un golpe al timón en Mortiis, quien abandona lo meramente cinemático para adentrarse en terrenos ligados con lo industrial. La primera vez que el artista estuvo en Chile fue en 2018 en el MIBAR y la última vez se presentó en la Sala Metrónomo en 2025 junto a Nytt Land, donde interpretó completo «Født til å herske», una composición de aproximadamente 53 minutos dividida en dos partes.
Volviendo a la pregunta inicial, ¿por qué Mortiis en la Metallum y no Rammstein o Manson si comparten tantos elementos en comunes?
Mortiis está en la Metallum porque la enciclopedia conserva excepciones históricas para proyectos no metal vinculados a figuras importantes del género, y lo menciona expresamente entre ellas. Compartir electrónica, distorsión o una estética monstruosa con Rammstein y Marilyn Manson no garantiza ingresar: la regla general exige al menos un disco inequívocamente metal, según el criterio de sus administradores. En su caso, el pasaporte es histórico.
Y esa excepción encaja con toda su trayectoria. Emperor lo expulsó y Mortiis construyó un reino donde podía gobernar solo. Cambió los instrumentos, se inventó otra piel y llevó la oscuridad hacia paisajes que podían existir sin guitarras. Su pertenencia al metal quedó inscrita en la procedencia, mientras su música se dedicaba a desobedecer las fronteras. Lo echaron del imperio y terminó coronándose en la mazmorra. Nada de mal.
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