Jinjer en Chile: Brutalidad desatada
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Escrito por: Equipo SO

Por Jaime González

Fotos Rodrigo Damiani @SonidosOcultos

Sin dudas este 23 de abril del 2026 quedará en la historia como la 4 visita oficial de Jinjer en Santiago de Chile, banda ucraniana que se hizo mundialmente conocida hace varios años atrás debido a su propuesta fresca e intensa que mezcla el virtuosismo con la brutalidad. Con una gran trayectoria bajo el brazo resumida en discos y giras mundiales es que la banda liderada por Tatiana, se presentó en un Teatro Caupolicán que nuevamente reunió a los fans nacionales que representan una gran cantidad en Latinoamérica. Si bien el recinto no se encontraba en un 100% como lo fue su última visita (abril 2025), factores hay muchos como el sobre stock de ofertas, precio de entradas entre otros factores, si logro atraer a los fans mas fieles quienes lo dieron todo durante el show completo, desatando el mosh y la locura en cada momento.En la previa de este gran show de los ucranianos se presentaron las dos bandas nacionales insanity Storm y los connotados All Tomorrows. La primera banda originaria de Concepción que solo conocía de nombre y que realmente fue una grata sorpresa.

El trio liderado por Elizafer(Me imagino que en homenaje a Lucifer) demostró un show oscuro y brutal que mezclaba el black con el death metal. Siempre tocado con mucha precisión y mucho oficio, entregando un sonido redondo a pesar del cambio de baterista que ocurrió hace no mucho. Sonaba como un proyecto que lleva décadas tocando, notándose una propuesta novedosa, profesional y muy blasflema. Este proyecto funciona desde el 2023 y ya cuenta con un álbum larga duración , un EP y dos sencillos lanzados. Todo lo puedes buscar desde las plataformas de streaming respectivas.

Era la hora de All Tomorrows a las 20 30 horas, con un cuarteto liderado por el musico y productor Pepe Lastarria quienes en 30 minutos lograron interpretar 7 canciones destacando «Ancient Spectres» y «Sol Agnates» destacando la labor del guitarrista Carlos Palma. A diferencia de la banda anterior, este proyecto se enfoca en interpretar un metal mas cercano al Groove y al Djent metal, mostrando que el virtuosismo es parte fundamental y núcleo del proyecto. En cuanto al sonido, por algún motivo este no estuvo con la mayor potencia, se escuchaba bien pero un poco bajo. Pero creo que en estos 30 minutos de show el grupo supo entregarse por completo algo que siempre se valora.

Había una expectativa evidente flotando en el ambiente, de las que no necesitan confirmación porque se sienten en la piel. Cuando las luces se apagaron a la hora exacta 21:30 , la aparición de Tatiana Shmayluk fue contundente, un hermoso vestido blanco, corset marcando la silueta por encima, y una presencia que exigía atención. Su voz dejó claro que vendría un show poco convencional. Limpia, controlada, casi etérea en un instante… y al siguiente, una descarga gutural que parecía romper desde dentro. Esa dualidad, belleza y violencia, define su registro vocal y toda su forma dehabitar el escenario.

El inicio con “Duél” y “Green Serpent” encontró a un público completamente entregado desde el primer golpe. En “Fast Draw” y “Vortex”, se hizo evidente algo más profundo, Tatiana canta e interpreta físicamente cada matiz. Sus movimientos oscilaban entre lo sensual y lo agresivo, como si cada gesto fuera una extensión de la música. Saltaba, giraba, atacaba el aire con el cuerpo, y al mismo tiempo sonreía, disfrutando la respuesta de un público que no bajó nunca la intensidad.

“Disclosure!” y “Tantrum” elevaron la temperatura con una violencia controlada. El doble bombo cayó como una estampida y el mosh se abrió de inmediato, furioso, girando sin pausa. Pero lo que hace especial a Jinjer no es solo la agresión, sino el contraste, en medio del caos, Tatiana cambiaba a una voz melodiosa, limpia, casi frágil, generando una tensión que atrapaba completamente. Era un juego constante entre extremos, perfectamente ejecutado. El bajo tuvo momentos de protagonismo absoluto, guiando transiciones hacia pasajes más atmosféricos, donde la voz volvía a tomar un carácter íntimo antes de que todo explotara nuevamente.

“Teacher, Teacher!” golpeaba desde lo musical y también desde lo visual, las pantallas mostrando figuras conectadas a cables, como marionetas de un sistema que inserta ideas directamente en sus mentes. La crítica era clara, y la banda la reforzaba con precisión. En ese mismo tema, Tatiana hizo participar al público con palmas, llevando el control del ritmo incluso en los momentos más suaves, como si dirigiera una ceremonia. Y cuando el canto de “Olé olé olé… Jinjer…” bajó desde la galería, quedó claro que la conexión ya estaba en su climax.

Con “Judgement (& Punishment)”, el groove se volvió protagonista. Los golpes de batería sincronizados con visuales de martillos cayendo reforzaban cada impacto, mientras Tatiana navegaba entre registros con una naturalidad desconcertante. Su cuerpo acompañaba cada acento, quiebre y tensión. Era hipnótico. Luego, “I Speak Astronomy” abrió un espacio distinto, más emocional, más expansivo. Su letra, que habla de trascender, de mirar más allá de lo inmediato, se sintió como una pausa reflexiva en medio del asalto agresivo que mantenía su música.

En “Perennial” la noche alcanzó uno de sus puntos más profundos. En las pantallas, una figura de hierro en forma de niña sosteniendo una rosa, metáfora visual de fragilidad y resistencia. La canción, cargada de simbolismo sobre la vida, la muerte y la continuidad, encontró a un público completamente conectado, probablemente no desde la euforia misma, sino desde algo más interno. Un momento donde la agresividad cedió espacio a la contemplación.

El tramo final fue una escalada sin retorno. “Pisces” es más que solamente una canción, es un hito en la historia de la banda, y se sintió como tal. Todo el teatro la cantó de principio a fin, como si cada persona supiera que estaba participando en algo que trasciende el show en sí. Su letra, que habla de transformación, de lucha interna, de identidad, encontró respuesta y acompañamiento en cada garganta del recinto. El Caupolicán estaba respondiendo y viviendo su música y su mensaje.

Y cuando parecía que ya no quedaba nada, el encore llegó como una última embestida. “Sit Stay Roll Over” desató el mosh más brutal de la noche. No quedaba espacio ni aire, pero nadie se detuvo. Fue el cierre perfecto para una presentación que en ningún momento bajó la guardia o la intensidad.

Lo de Tatiana Shmayluk es dominio total. De su voz, su cuerpo, del espacio y el público. Logra algo que pocas veces se ve con esa claridad, hacer convivir la sensualidad con la agresividad sin que una opaque a la otra. Y en ese equilibrio, en esa tensión constante, es donde Jinjer construye su identidad.

La noche terminó con una figura en blanco danzando entre sombras, convirtiendo sus contrastes en un lenguaje musical propio. El escenario quedó atrás, pero el eco siguió avanzando, como una corriente subterránea que encuentra grietas para manifestarse. En algún punto entre la melodía y el rugido, se abrió un espacio donde todo convivió en un equilibrio feroz. Y ahí, suspendidos en ese instante, la música se transformó en una fuerza que quedó desplazándose, y permaneció en nuestro interior.

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