Por Claudio Miranda
Fotos de archivo: Rodrigo Damiani @sonidosocultos
Extracto de ANGRA EN CHILE: 30 AÑOS DE HOLY LAND Y UN REINADO QUE SE NIEGA A MORIR en Sonidos Ocultos – https://www.sonidosocultos.com/conciertos/angra-en-chile-30-anos-de-holy-land-y-un-reinado-que-se-niega-a-morir/
La noche del 28 de agosto en MiBar es la prueba de cuán indemne se mantiene Inquisición luego de más de tres décadas. Es complejo hablar de una institución a nivel local sin recurrir a los clichés propios del heavy metal. Mucho más cuando hay algo en el género que trasciende el aspecto musical y la destreza. Tiene que ver con la imaginería de fantasía oscura y ocultismo que la banda liderada por el guitarrista y fundador Manolo Schäfler proyecta sin discusión que valga. En la misma línea, el regreso a las pistas, tras un hiato de casi una década, adquiere tintes de celebración mientras estamos a la espera del lanzamiento de su próximo EP. Es decir, es un regreso con propósito concreto y a la vuelta de la esquina en términos de ideas.
A eso de las 21:50, y con el primer cañonazo a través de «Héroe», Acero Nacional da el puntapié inicial haciendo lo que mejor les va. En dos cucharadas y a la papa, el quinteto aplica sus toneladas de oficio y escenario sin mucha demora y con un despliegue sónico que rebate toda duda. Y es que los 16 años en la carretera se reflejan en cada flanco, donde cada pieza, cada patrón, cada riff golpea fuerte en un mismo engranaje. «La Red», «Santa Inocencia» y «Sangre de Metal», en ese orden, apenas dan espacio al respiro mientras el retumbe del rock n roll hace lo suyo gracias al orden que se edifica a medida que transcurre la noche.
En una banda donde sus cinco integrantes convergen en una misma unidad, es necesario destacar lo que se manda Javier Sepúlveda. Un baterista cuya pegada emula a próceres del calibre de John Bonham, Ian Paice y Cozy Powell. No es solamente un lugar común, sino una identidad que bebe del rock pesado como lo hace Andrés Fuentes, una especie de Rob Halford con estampa y desplante de hombre común. Las guitarras de Cristian Kowal y Darío Céspedes se entienden de memoria, mientras que el bajo de Jorge Fuentes ejerce como enlace entre resistencia y expresión. Es lo que le da a «Yo» una pisada fuerte que resuena como un latido. Y es ahí donde la metáfora deja de serlo en el directo; es un espectáculo que condensa actitud y habilidad en una misma fuerza natural.
Cómo se extiende «Libre» en dimensiones sin transar su identidad. Cómo te atropella y arrasa con todo «Acero Nacional», en medio la sección final de «Domination»; Judas Priest también puede ser Pantera. Y lo notas en lo que forja una banda que impregna sus influencias en su propia huella dactilar. Por eso es que Acero Nacional puede jactarse de preservar un distintivo atemporal y reconocible a la vez. El heavy metal, ante todo, es puro disfrute. Es rock n’ roll con distorsión y potencia de locomotora a vapor.
Cuando el reloj pasa de las 23 horas, «Innocent Sinner» echa abajo inmediatamente el recinto de calle Santa Isabel 350. Un público entonando el riff principal y fundiéndose en una sola voz junto a Freddy Alexis, quien aparece ataviado con túnica a la usanza de un médico de la peste en plena Edad Media. Le sigue «Pagan Rites», otra del fundamental Steel Vengeance (1996), y con eso basta para corroborar el excelente estado de salud en Inquisición durante estos últimos meses, con la máquina a toda capacidad y generando en cada presentación un despliegue de jerarquía.
De las recién salidas del horno, «No One to Blame» es la primera en desfilar y pararse de igual a igual a sus hermanas mayores, adjunto a su letra sobre quienes insisten en culpar al resto de sus propios errores.. Le sigue «Up the Metal Hammer» y su coro hecho para entonar con puño en alto, uno de los momentos más gloriosos de Metal Genocide (2004).
Impresiona la recepción en vivo, una muestra de cuán lozano se mantiene un grupo que, literalmente, se toma el tiempo para escribir material fresco y totalmente acorde a su distintivo. No hay trampa ni doble discurso aquí. Sus escritores e intérpretes asumen, incluso, el valor del cassette Demo 95 a tres décadas de su edición, del cual «Bats in the Belfry» y «Mayday’s Eve» relucen como cero kilómetro. Lo sabemos nosotros, lo sabe también Danilo Estrella, baterista titular en Criminal y confeso fanático de Inquisición desde aquellos días primigenios en los ’90s. No es solamente el tocar con la banda favorita de tu infancia, sino aplicar conocimientos y destrezas adquiridas en favor de una matriz histórica que se revitaliza a lo grande. Mientras que el bajista Rolando Jeldrex, integrante de la formación original, se las manda en las seis cuerdas con una precisión y consistencia propias de un veterano de mil batallas.
Así como «Diabolical Scheme» nos brinda otra muestra de lo que se viene para Inqusición circa ’26, también hay espacio para el homenaje de Manolo a Ritchie Blackmore y Deep Purple. Las secciones guitarreras de «Mistreated» y «Lazy», ambas denotan la devoción de Schäfler por la saga púrpura y, en especial, el sello inconfundible de The Man in Black. Encasillar a Inquisición como heavy metal clásico implica también estudiar las raíces y evocar a los padres fundadores. Un homenaje en vida que muta, de inmediato, a retomar la artillería pesada con «Army of Darkness», «Metal Genocide» y «Arde el Volcán». Las dos últimas corresponden al mencionado álbum Metal Genocide, y en la voz de Freddy Alexis caen como anillo al dedo, nada forzado y dejando en claro que mucho de aquel material, hoy pasando las dos décadas, ya se estaba curtiendo a fuego lento antes de la llegada de Paulo Domic.
Con MiBar viniéndose abajo mediante la descarga final de «Dragonslayer», Inquisición cerró un show que dejó postales imborrables. Una de ellas captura a Manolo Schäfler en llamas con su Explorer Flying V. En la misma galería, Freddy Alexis exponiendo sus credenciales como voz y personaje de mil kilómetros en el escenario. Así se trazan los esquemas de sangre que la banda más importante del heavy metal chileno logra trazar con la misma vitalidad de hace tres décadas.
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