ROBERTO TIRANTI: «CANTAR ES UN GESTO ATLÉTICO QUE SE ENCUENTRA CON EL CORAZÓN»
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Escrito por: Equipo SO

Por Pablo Rumel

Probablemente el power metal sea uno de los géneros metaleros que más preparación técnica y control del instrumento vocal exige. Sin desacreditar otros estilos, que exploran la excelencia en el aullido, el desgarro o los fraseos agresivos y ásperos, el power metal suele tener mucho de disciplina competitiva: el canto exige dinamismo escénico, dominio técnico y conexión emocional, tres pilares capaces de sostener y disparar una carrera o, por el contrario, limitarla.

El vocalista power metalero tiene mucho de los castrati, aquellos cantantes que desde finales del siglo XVI y especialmente durante el Barroco, eran castrados antes de la pubertad para conservar una voz aguda que, combinada con el desarrollo físico adulto, producía un instrumento vocal extraordinario ¿Por qué? No, desde luego, por una cuestión anatómica, sino por la naturaleza excepcional que adquiere su instrumento vocal. Como los cantantes de ópera de los siglos XVII y XVIII, el vocalista de power metal debe convertir su registro agudo en una demostración de virtuosismo, potencia y expresividad.

Cuando a fines de los 90 un tal Joe Terry abandonaba Labÿrinth, la escuadra comandada por el guitarrista Olaf Thörsen se vio en la obligación de buscar un reemplazante. El problema estribaba en que detrás del nombre de Joe Terry se escondía Fabio Lione, y encontrar una voz que pudiera igualarlo en talento y destreza resultaba desafiante.

Salir del laberinto para Labÿrinth implicaba encontrar destreza y un sello personal que permitiera marcar un punto de continuidad con su anterior «No Limits», un LP debut que fue recibido con entusiasmo por parte de la crítica y que dejaba la interrogante abierta: ¿hacia dónde evolucionaría la banda?

Return to Heaven Denied fue el arranque y la prueba de fuego. Desde la emotiva «Moonlight» se percibe un protagonismo de la voz, quien va planeando sobre una base rítmica con una presencia absoluta de los teclados, con solos arpegiados y barridos veloces, hasta la speed neobarroca y frenética «Thunder», con ráfagas como metrallas que recuerdan a la Thundersteel de Riot, con interludios veloces en los teclados y a un Tiranti en plenitud, quien además de estirar las vocales ornamentando sus frases con un timbre sonoro y firme, también era capaz de alternar fraseos rápidos y breves con entonaciones propias de la ópera.

Y Tiranti, sin poseer la fama de algunos de los grandes nombres del heavy metal ni la trayectoria titánica de un Rob Halford o un Ronnie James Dio, tiene una habilidad vocal que podría ponerlo al frente de cualquier proyecto. En el reino de la cantidad, el reconocimiento suele confundirse con el talento; pero en el reino de la calidad, la maestría no se compra con tickets vendidos ni con giras mundiales en estadios repletos.

Lo verdaderamente extraordinario está en conseguir que semejante despliegue técnico no se agote en la demostración de destreza. Porque cantar de esta manera supone un esfuerzo físico considerable: administrar el aire, sostener la afinación, dominar los registros y resistir la exigencia de un repertorio que no concede demasiadas treguas. Sin embargo, toda esa preparación tendría poco sentido si detrás no existiera una conexión emocional capaz de darle humanidad al ejercicio.

Y ahí está  el atractivo de Roberto Tiranti: entender que la voz puede ser un instrumento de competencia atlética sin renunciar a su condición expresiva. Que detrás de cada nota sostenida, cada fraseo vertiginoso y cada agudo que parece desafiar los límites de la anatomía, existe también una intención, una emoción y, finalmente, un corazón.

Este miércoles 4 de noviembre, el público chileno tendrá la oportunidad de comprobarlo en vivo. En Sala RBX, Santiago, Tiranti protagonizará una presentación centrada en Return to Heaven Denied, aquel disco de 1998 que marcó un momento fundamental para Labÿrinth y para el power metal italiano. Será una ocasión para reencontrarse con un repertorio que exige muchísimo de quien lo interpreta, pero también para apreciar a un cantante que ha hecho de esa dificultad una forma de expresión. Porque, después de todo, cantar no consiste solamente en alcanzar una nota imposible: consiste en tener la capacidad de hacer que alguien, al otro lado del escenario, sienta algo cuando esa nota finalmente llega.

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Director/Columnista
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