BENEDICTION: EL GRAN NIVELADOR EN UN MUNDO DE CADÁVERES
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Escrito por: Equipo SO

Por Claudio Miranda

Sin pretender escribir estas líneas como una biografía más, resulta imposible hablar de Benediction sin referirnos, en primer lugar, a su lugar de orígen: Birmingham. No es solamente la cuna de los todopoderosos Black Sabbath y Judas Priest, también vio nacer a Napalm Death y Godflesh, ambos nombres angulares en el desarrollo y auge de la música extrema, incluso trascendiendo los terrenos del metal.

En el caso de Benediction, mientras sus colegas bebían directamente del hardcore-punk (Napalm Death) o encontraron su estímulo en los sonidos industriales y las corrientes ligadas al post-punk (Godflesh), la conexión con las primeras oleadas death metal con estética de cassette demo y fanzine en blanco y negro fue inmediata. Así fue como desde la ‘Tierra Santa’ del sonido pesado, el death metal como género en Inglaterra escribía con sangre su propia identidad respecto a lo que ocurría en EE.UU. (Death, Cannibal Corpse, Morbid Angel), Suecia (Nihilist, Grave, Entombed) y Países Bajos (Sinister).

La mención a Napalm Death en el párrafo superior tiene razón de ser. Su cantante original, Mark ‘Barney’ Greenway, completaba el cuadro entonces conformado por los guitarristas Peter Rewinsky y Darren Brookes, el bajista Paul Adams y el baterista Ian Treacy. La formación en cuestión hará su recorrido partiendo por el demo The Dreams You Dread, editado en 1989, el año que la banda señala como punto de partida en el calendario. Al año siguiente, y tras la consecución de su primer contrato, Subconscious Terror (1990) vuelve realidad la propuesta de una agrupación que no tiene empacho en abrazar la etiqueta death metal por un asunto de convicción. El desempeño vocal de Greenway, un músico con bastante carrete en el underground inglés a sus apenas 20 años, le vale ser reclutado por Napalm Death, por lejos la banda más importante del circuito local durante esos años.

Para hablar de Benediction con propiedad y sin caer en el fanatismo malsano, para quien escribe es menester remontarse a aquellas conversaciones con amigos y compañeros de carrera durante los años de liceano y estudiante universitario. Es referirse a aquellas conversaciones de hace más de 20 años, cuando llamaba la atención que los fundamentales Carcass, quizás la banda más importante del género en Inglaterra, sonara tan distinto a Death y Morbid Angel al otro lado del charco, siempre en el aspecto de sonido y carácter. O el desplante hardcore del primer Napalm Death, la huella de Dead Kennedys desde los primeros ensayos y lo que ocurrió con su identidad sonora cuando se despojó del hardcore inglés de sus inicios para adoptar el ropaje death metal hasta integrarse a la movida con epicentro en Tampa, Florida. En la misma línea, y originarios de Coventry, Bolt Thrower también tenía algo que decir, y no solamente en su sonido; guitarras con afinación brutalmente baja, tonos rugosos con distorsión semejante a un charco de lodo, voz gutural y podrida bramando letras sobre el horror de la guerra desde una óptica de documental histórico. Si bien los conceptos desde ambos lados del Atlántico eran similares, variaba en ambos lados del Globo la personalidad y el sentido de pertenencia. Muy parecido a lo que ocurría en los ’80s; Metallica y Slayer sonaban muy distinto a Kreator y Sodom, por mucho que la prensa y los fans englobasen las escenas de San Francisco y la hoy extinta Alemania Federal en un mismo ecosistema.

Es tentador hablar de los orígenes del death metal y las diferencias de estilo entre una escena y otra. Incluso sabiendo que uno podría hablar en estas líneas de un tema que los fans a ultranza conocen al derecho y al revés. Enfocándonos en el nombre protagónico de esta nota, el caso de Benediction es el de la banda que respira la misma lucidez creativa que toda una escena donde la muerte emerge hacia la superficie en cuanto a popularidad -o, al menos, lo que se entiende como tal en estos casos.

La salida de Greenway en 1990, deriva en el ingreso de Dave Ingram, quien será su voz más duradera. Y de las más distintivas en una escena donde la brutalidad, poco a poco, pasa del impulso natural a un estándar cada vez más proclive a la saturación y la uniformidad mientras corre la década. De esta forma es que The Grand Leveller (1991) y Transcend the Rubicon (1993), ambos trabajos fundamentales, terminan definiendo la esencia del género en Inglaterra. Mientras en EE.UU. la velocidad, el monstruismo y la pulcritud establecen un parámetro de calidad para vender discos, en las Islas Británicas se preserva la pesadez sofocante, la honestidad al momento de escribir y, sobretodo, la producción orgánica y cochambrosa. El último punto es tan determinante como los dos anteriores: Benediction, al menos en lo que respecta su catálogo clásico, busca encapsular en sus producciones la atmósfera industrial y plomiza de su ciudad natal, nutriendo dicho elemento de una claridad extraordinaria en creatividad y puntos memorables. Introspección y protesta feroz con ropajes de alegoría.

Los tres primeros LPs de Benediction fueron un aporte al death metal desde todo punto de vista. Hasta 1994, cuando los lanzamientos denotan la baja de fuerza en un mercado reventado, con el sello tomando decisiones artísticas que terminan mermando la coherencia de la propia banda. La banda se mantiene, nunca llega a disolverse. Pero el daño está hecho y Dave Ingram deja la banda en 1998 para dedicarse a otros proyectos, incluyendo una breve pero recordada estadía en Bolt Thrower, con quienes registra Honour, Valour, Pride (2001). Le tomará sus buenos años recomponerse a Benediction; tras un par de discos con resultados cercanos a la irregularidad, el regreso de Ingram en 2019 genera expectativas, las cuales se concretan en Scriptures (2020). Pese a las restricciones por causa de la pandemia que azotó a todo el planeta, el disco se levanta como un manifiesto de fidelidad a las raíces. No se queda en la promesa, sino que refleja el momento de una agrupación que entiende el significado de su trayectoria para un público que en su mayoría, y con mucha probabilidad, aún no nacía durante los años dorados de la banda y toda una escena. Y eso es lo que tanto en este disco como en el siguiente Ravage of Empires (2025) ofrece en señal de conformación: brutalidad en su justa medida, una inventiva que se actualiza sin transar un ápice de su personalidad, guitarras lacerantes y ritmos que aplastan cráneos en cada pasada.

Por supuesto, no se entiende la excelente forma en escritura y sonido de Benediction en su actualidad sin Dave Ingram. Una voz distintiva por su tono cargado de mugre y rabia, lo que requiere el estilo en estos días de optimización y prótesis digital. Y los dos lanzamientos recientes de los de Birmingham proyectan un elemento orgánico que denota la firmeza de las viejas formas,  sin descuidar las nuevas. Por algo no hay drama en abrazar el OS Death Metal como una causa. Y el aporte de Ingram, pese a su obligado retiro por temas de salud hace poco más de un año, va de la mano con el trabajo en las guitarras de los sempiternos Rew y Brookes. No es un tema de distorsión ni efectos, sino de la forma en cómo ambos violeros disponen sus habilidades respectivas a la cimentación de riffs con herencia del viejo crust-punk inglés. Y en el caso de Rew, su labor en los solos espeja en cada detalle un gusto melódico que asoma como sencillo, donde el talento bien graduado, lejos del lucimiento personal, ayuda a pulir una firma de búsqueda y expresión subterránea que se mantiene en pleno estado de gracia.

Aludiendo a uno de sus títulos más importantes, Benediction es una banda niveladora para el death metal. Es death metal que nace y pervive en base a comunicar una idea y/o contar una historia. No hay intenciones de revolucionar un movimiento o, usando una expresión coloquial, reinventar la rueda. Dave Ingram estuvo casi 20 años fuera, y su regreso a la banda se demoró lo necesario en despejar cualquier duda sobre qué decir en estos tiempos. De alguna forma, es una forma que pone equilibrio en un género hoy cada vez más cargado a la fórmula rentable y la suavización disfrazada de «novedad». Como reza precisamente una de las letras más memorables de toda la música violenta: «La decreación trae regocijo, despierta al sufrimiento. Cegado por una luz negra, nuevos dolores para deleitarse». Y en un mundo donde la muerte es el factor de equilibrio en un mundo que se arrastra sobre los cadáveres de sus hijos, Benediction seguirá escribiendo con letra escarlata la partitura del terror subconsciente.

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