BENEDICTION – RAVAGE OF EMPIRES (2025)
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Escrito por: Equipo SO

Por Cristian Salgado Poehlmann

Para los que conocimos a Benediction en los noventa, su death metal era sinónimo de masacre pura. De cabezazos contra el suelo y la tarima, stage diving y mosh infinitos, sangre, tablas y dientes volando. Y por supuesto trago. Y mucho. Estábamos influenciados también por el que probablemente sea el mejor concierto envasado de la historia del metal y el grindcore: el Live Corruption, de Napalm Death (1992). Y aunque estos últimos eran famosos por la invención del grindcore, ya en los noventa habían escalado hacia una estética más death metal, bastante familiar a la que también cultivaban los Benediction en sus dos primeros lanzamientos: Subconscious Terror y The Grand Leveller, de 1990 y 1991, respectivamente. Un sonido bastante único para ese entonces, pues, si bien los grupos de death metal inglés de fines de los ochenta y principios de los noventa –por ejemplo, Cancer y Bolt Thrower, aparte de los ya mencionados– se caracterizaban por tener un estilo composicional más directo que los estadounidenses, Benediction y Napalm Death gozaban de un toque especial, el de su ciudad: Birmingham, famosa por ser el espíritu industrial de Inglaterra, con problemas cotidianos, la famosa coyuntura, alejada de la fantasía. El concepto que se armó tras Benediction, en consecuencia, trataba sobre lo palpable, es decir, de lo que pasa en el barrio, de lo que sale en el periódico y de lo que ha legado la Historia. No hubo cabida para el satanismo ni la fantasía; sí fueron bienvenidos el horror y la podredumbre de la psicología del ser humano y lo que los rodea.

Esto también se traspasó a la música, a la estética composicional, volviéndola menos épica, menos enrevesada y más directa: un simple y eficaz cornete en el hocico. Así, los Benediction establecieron un tipo de death metal chorizo y callejero, al callo, sin medias tintas. Dato rosa: GBH, la legendaria banda punk inglesa, también perteneció a la misma ciudad.

Con el correr de los años, Benediction experimentó. Se volvieron algo más técnicos, probaron con otras influencias e incluso en 2008 sacaron un discazo que tiene mucho de hardcore punk y una producción completamente distinta a lo que históricamente habían hecho, el Killing Music. De ahí en más, el grupo desapareció. Eso hasta 2020, cuando volvieron con el aclamado Scriptures. Ravage of Empires se presenta como una continuación de esta nueva impronta. Aunque el resultado es mediano.

Ravage of Empires consta de once cortes y su partida es excelente. “A Carrion Harvest”, “Beyond the Veil” y “Genesis Chamber” hacen honor al Benediction más clásico. Death metal de Birmingham de la vieja guardia, con una producción cercana al Scriptures, claro está. Mucho tuca-tuca, riffs rapidísimos a una cuerda intercalados con otros a medio tiempo y violencia calleja en exceso. Probablemente “Genesis Chamber” sea el punto más alto del álbum. Y es que realmente dan ganas de reventarle los dientes al próximo que se te cruce por delante cuando escuchas esta canción.

No obstante después la caída es grave. La siguiente sección de Ravage of Empires resulta lamentable. Y si bien es cierto que en “The Finality of Perpetuation” aparece –y de buena forma– el Benediction del Grind Bastard (1998), “Deviant Spine”, “Engines of War” y “Crawling over Corpses” parecen hechas para escucharlas mientras conduces y no para hacerte pedazos en un mosh. Entonces planteo lo siguiente: ¿vale la pena escuchar a Benediction cuando algo así sucede? Pienso que no. Las canciones de este bloque suenan apagadas, sin energía ni fuerza. Demasiada meseta y medio tiempo. Lo que siempre ha hecho glorioso a Benediction aquí desaparece por completo: ese elevarte hacia lo más alto para luego dejarte caer y despedazarte con el impacto y luego repetir y repetir el ciclo aquí no aparece jamás. El desastre lo completa “Psychosister”, lo peor del Ravage of Empires, una canción que suena “graciosa” bajo el tenor histórico de los ingleses.

Ahora, hay dos cortes diferentes en este disco y que funcionan bastante bien, aunque de un modo distinto a como lo hacen los que destaqué primeramente. Se trata de “In the Dread of the Night” y “Drought of Mercy”. Los de Birmingham aquí sí que proponen, muestran una faceta más novedosa. Aunque jamás drásticos, pues las reminiscencias del Benediction clásico se respetan, sí incorporan más variaciones de bloques en las canciones, cambios más arriesgados de acentuación, fraseos de guitarra inesperados y por ahí una sonoridad “blackera” al tocar un riff a cuerdas abiertas. De esta forma, Benediction consigue sonar duro, pesado y contemporáneo.

La canción “Ravage of Empires” cierra el disco de manera diplomática. Como institución del death metal británico que es, no es ético medir a Benediction con la misma vara que a un grupo que recién da sus primeros pasos, o que tiene una carrera a medio recorrer. Un poco más del cincuenta por ciento de este nuevo disco está a la altura de la carrera de los ingleses. El resto, por ningún motivo. Y si bien Ravage of Empires puede entretener durante las primeras escuchadas, en caso alguno quedará grabado a fuego en tus oídos, pues su combustión es rápida. Ahora, ¿en qué radica su importancia y función? La respuesta no es poco relevante: que Benediction salga de gira. Una cosecha de carroña nueva más.

 

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