Simplemente KISS
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Simplemente KISS

Simplemente KISS

miércoles 01 de junio, 2022

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Escrito por: Francisco Quevedo

En abril visitaron Chile prometiendo que esta vez es la gira final. KISS, el legendario cuarteto maquillado, es mucho más que un grupo. Es una institución, una que sentó bases en el mundo del rock and roll y que ha influido a innumerables músicos.

Al bajar del autobús que la dejó en el centro de la ciudad, quedó atónita tratando de comprender. Ante ella, un enorme poster promocional de un concierto de cuatro personajes con rostros pintados, disfrazados de quién sabe qué y que se hacían llamar KISS. “Esta sociedad de fue por despeñadero moral”, pensó Mary mientras observaba la imagen. Lo peor, recordó, es que sus dos hijos adolescentes le habían pedido permiso para ir al show. “Todos en la escuela los siguen y hemos sabido que sus conciertos son increíbles”. En ese momento, su cara reflejó incredulidad, espanto y preocupación no solo por sus hijos sino también por el devenir de los Estados Unidos.

Así me imagino una reacción maternal de la época y la multiplico por la que quizás tuvieron muchas madres que deben haber pensado que sus hijos estaban poseídos y seguirían, ya sin retorno, el camino del Mal. No es para menos: que de la nada aparezcan cuatro tipos pintarrajeados y se hagan llamar “Demon”, “Starchild”, Cat Man” y “Space Ace” da para pensar o siquiera sospechar.

De la desadaptación a la victoria

La historia de KISS comenzó en el año 1972. Dos jóvenes de origen judío, Stanley Bert Eisen y Chaim Witz, integraban un proyecto musical llamado Wicked Lester, banda que logró grabar un disco, pero que nunca vio la luz. Esto, por la renuncia de Eisen y Witz. “Las canciones eran un pegoteo de muchos sonidos y no tenían una identidad definida”, explicaría el guitarrista en el documental KISStory de A&E.

Con esa idea en mente, Eisen y Witz cambiaron sus nombres por Paul Stanley y Gene Simmons, porque “pegarían” más que sus anteriores nombres. Reaccionaron ante un anuncio publicado por George Peter John Criscuola, quien se convertiría en Peter Criss, el baterista clásico de la agrupación. Posteriormente, se integraría Paul Daniel Frehley, Ace Frehley, conformando el cuarteto. Tomando el nombre como base del antiguo grupo de Criss, llamado Lips, Stanley lo convirtió en KISS. Frehley diseñaría el logo con las SS simulando dos rayos.

Y aquí uno de lo mitos más añejos del grupo. Resulta que cuando KISS ya había logrado un considerable éxito, diferentes organizaciones religiosas (entre las que seguro había muchas Mary) difundieron el rumor de que las siglas de Kiss querían decir “Knights In Satan’s Service” (Caballeros al Servicio de Satán). Nada más alejado de la realidad. «Lo peligroso de esto es que algún predicador fundamentalista determine cuál es tu creencia moral y que tenga algún efecto en la legislación… Estos tipos están quemando discos; el siguiente paso es quemar libros y decirte qué puedes escuchar y qué no, a qué conciertos puedes ir, qué libros puedes leer, eso da mucho miedo», opinó Simmons (serie Bookazines de Rolling Stone dedicado a Kiss, mayo de 2020). El otro cuento es que las SS aludían al nazismo. Falso también. Si dos de sus integrantes son de origen judío.

Después de ver algunos shows del grupo, Bill Aucoin se acercó y les ofreció ser su manager. El grupo aceptó con la condición de que firmaran con un sello lo más pronto posible. De esa manera, comenzaron a grabar su disco debut homónimo a fines de 1973, trabajo que fue lanzado oficialmente a comienzos de 1974, iniciando también una gira por Estados Unidos. En aquel periplo, el grupo pasó miserias.

A pesar del impulso inicial, el disco no logró el éxito esperado y las ventas fueron menores. El mismo año, grabaron su segundo trabajo, titulado “Hotter tan Hell”, pero los resultados también fueron negativos. Era necesario una “vuelta de tuerca” para salvar el barco que se hundía anticipadamente. Ese giro lo dio el disco “Dressed to Kill” (1975) en que se “limpió” el sonido de la banda. Este disco tuvo mayor repercusión que sus predecesores y les reportó el primer mega éxito: Rock and Roll All Nite.

El contraste en KISS estaba en sus conciertos. Mientras sus discos no vendían lo esperado, sus presentaciones ganaban fama como verdaderos espectáculos, shows que incluían fuego, sangre, luces y pirotecnia, además de sus atuendos que funcionaban cuál armadura ante las masas. Toda esta parafernalia quedaría registrada en “Alive!” (1975), álbum que se convirtió en un fenómeno llevando a KISS a volar hasta alturas insospechadas hasta ese momento. De paso, fue el salvavidas que salvó a la disquera Casablanca de la quiebra. Con ese botín bajo el brazo, KISS se embarcó en el que sería uno de sus discos más ambiciosos: “Destroyer” de 1976. Bajo la producción de Bob Ezrin, la banda sumó más elementos a su sonido y el disco logró relativo éxito al comienzo, aunque después sus ventas se desplomaron. La difusión de “Beth” logró salvar las ventas del grupo. Esta se convertiría, sin dudas, en una de las canciones más reconocibles del cuarteto.

Después vendría una seguidilla de lanzamientos: “Rock and Roll Over” (1976), “Love Gun” (1977) y un segundo álbum en vivo, “Alive II”, editado el mismo año. Todos fueron exitosos y consolidaron la fama de KISS a nivel planetario. Para reforzar el suceso, los productos asociados a KISS se vendían como pan caliente. Los reportes monetarios del grupo estaban por las nubes.

Ícaro y el Sol

Sin embargo, las ganas de consolidar la marca KISS llevaron a la agrupación a dar pasos en falso. El primero fue el lanzamiento de cuatro discos, cada trabajo firmado en solitario por cada integrante del grupo. Si bien la idea era ambiciosa y se lanzaron todos el mismo día, las ventas no fueron las esperadas, logrando discretos resultados, siendo el disco de Ace Frehley el que lograría mayor difusión gracias al hit “New York Groove”. El segundo fiasco fue el proyecto de una película, fracaso que desencadenó el término de la relación comercial con el manager Aucoin.

Tras el paréntesis que fue el lanzamiento de “Dinasty” en 1979, las grietas internas entre los integrantes ya eran evidentes y públicas. Criss evidenciaba un deterioro en sus interpretaciones por culpa de los excesos. De hecho, el show final de la gira de Dinasty Tour fue el último de Criss con KISS hasta la gira de reunión a mediados de los noventa. Fue reemplazado por Anton Fig, que duró un suspiro en la banda, pero alcanzó a grabar “Unmasked” (1980). Finalmente, Paul Charles Caravello, más conocido como Eric Carr se quedaría con el puesto. Carr era un músico de New York que trabajaba arreglando cocinas, según el documental KISStory y que en la audición se la jugó el todo por el todo. Carr adoptó la personalidad de un Zorro en el maquillaje. En paralelo, los problemas de Frehley con el alcohol ya eran notorios y también habían mermado su compromiso con la banda.

En el citado documental, Stanley explicó que el alejamiento de ambos miembros, Criss y Frehley, había sido un momento complejo ya que él era de la idea de que “la banda era todos para uno y uno para todos”, pero ese principio lamentablemente no función en aquella oportunidad.

Aún con Frehley militando en el grupo, vino otro paso en falso: la grabación de Music from «The Elder”, fue un rotundo fracaso comercial; KISS se alejó del sonido que tanto éxito le había reportado y los fanáticos se lo hicieron saber en duros términos. Pese a que Simmons y Stanley creyeron en el proyecto, Stanley reconoció que al ver la portada con su mano y una puerta de madera simulando la época medieval, sintió “vergüenza” y al disco como “ajeno” (KISStory).

Este sonado fracaso fue el detonante para que Frehley decidiera abandonar KISS, cansado del rumbo musical que había tomado la banda y, esencialmente, porque ya “no era feliz”, estado de ánimo del que se dieron cuenta los otros integrantes. “Básicamente “Ace” se salió de la banda para salvar su vida”, reconocería Stanley en el documental.

En paralelo a estos cambios, la banda había decidido dar su giro más radical en cuánto a imagen se refería: abandonar el maquillaje, decisión que mantuvieron desde 1983 a 1996. Su primera aparición a rostro descubierto fue en MTV y fue un suceso. La primera presentación sin maquillaje fue en Lisboa y resultó mal ya que el concierto fue promocionado con un afiche en que salían pintados, hecho que produjo extrañeza en el público y en la banda. “Era como si hubiésemos estado haciendo una prueba de sonido”, confesaría Simmons en KISStory. Finalmente, la audiencia prendió y el concierto concluyó bien.

La salida de los dos históricos miembros significó el comienzo de una nueva etapa, graficada en el despojo del maquillaje, pero también en un detalle más profundo: tanto Simmons como Stanley se dieron cuenta de que KISS era de ellos y, bajo esa premisa, tomarían las decisiones a futuro.

Pese a que en términos de ventas los discos habían funcionado, KISS se enfrentó a una crisis de identidad durante los ochenta. El surgimiento y apogeo de las bandas glam fue uno de los factores que hizo tambalear los cimientos de KISS. Según relata Simmons en el documental KISStory, “trataron de demostrarle a todos esos grupos que ellos podrían hacer lo mismo”, pero que, al verse, en su caso en los videos, la idea no había resultado, principalmente porque “era gordo y medía 1,90”. El mismo Simmons se alejó mentalmente del grupo y Stanley tomó el timón creativo de la banda, hasta que la situación fue abordada por el guitarrista, quien hizo recapacitar a su socio de toda la vida.

Aviso: se busca guitarrista

La guitarra se convirtió en todo un tema para KISS a lo largo de su historia. Tras el alejamiento de Frehley, varios han tomado el lugar y ha sido el integrante que más ha rotado. Vincent John Cusano, alias Vinnie Vincent, tomó la posta a comienzos de los ochenta. Su maquillaje aludía a un “Mago” o a un “Guerrero Egipcio”. Vincent era un virtuoso guitarrista con una difícil personalidad, que chocó con los egos de Simmons y Stanley al punto que tuvo idas y venidas durante 1982 y 1983 (época en que editaron “Creatures of the Night” y Lick it Up”). Finalmente, las tensiones fueron más y Vincent fue echado de la banda tras terminar la gira de Lick it Up. Su ego y los extensos solos de guitarra fueron las excusas que usaron para justificar su despido. Su lugar fue ocupado por Mark St. John (de nombre Mark Leslie Norton) durante casi toda la temporada 1984, año en que lanzaron el disco “Animalize”. Debido a problemas de salud que mermaron sus opciones de seguir tocando, St. John fue reemplazado por Bruce Kulick. Como dato, “Animalize” se convirtió en el álbum más vendido de KISS en esa década.

Con Kulick, la banda logró la estabilidad que necesitaba y la publicaron más discos durante la década: “Asylum” de 1985, “Crazy Nights” de 1987. Para cerrar aquellos ochenta, lanzaron Hot in the Shade (1989). Finalmente, Kulick militó en KISS por 12 años, siendo uno de sus miembros más estables. Aunque Frehley volvió a ocupar su sitial durante parte de los noventa, desde el año 2002 a la fecha, el rol de guitarrista está a cargo de Tommy Thayer (Thomas Cunningham Thayer), quien además retomó el personaje de “Space”, famoso maquillaje de Frehley.

La gira sin fin

Los noventa comenzaron de manera trágica con la muerte de Eric Carr, quién murió de cáncer a los 41 años. La pérdida de Carr fue un mazazo para KISS, ya que se había convertido en un miembro importante y reconocido por los fanáticos, además de haber demostrado con creces ser un músico más que competente. Para poder completar la gira, fue reemplazado por Eric Singer (de nombre Eric Doyle Mensinger), actual baterista de la banda. Pese al fuerte golpe anímico, KISS lanzó “Revenge” en 1992, iniciando una gira promocional que quedaría registrada en un disco, titulado “Alive III” (1993).

Dos años más tarde, lanzaron el MTV Unplugged, disco relevante no tanto por el resultado en sí, sino porque Simmons y Stanley invitaron a Frehley y Criss a sumarse para la interpretación de algunos hits. Este sería el comienzo de lo que, un tiempo después, se convertiría en la mediática gira de reunión de KISS. Antes de aquel encuentro que incluiría más de 190 presentaciones alrededor del mundo, la agrupación lanzó el álbum “Carnival of Souls: the final sessions” (1997) con Kulick y Singer en la formación.

Con el éxito de vuelta, estadios vendidos y cada estación siendo un espectáculo, KISS volvió al estudio. El resultado fue “Psycho Circus” (1998), primer disco con la clásica formación, aunque los aportes de Criss y Frehley fueron casi nulos. El disco fue bien recibido y, para capitalizar el momento, la banda anunció que realizaría una gira de despedida que, como ya habrán podido intuir, nunca fue una despedida como tal. En medio de tour, Criss fue reemplazado por Singer (Criss fue miembro de KISS hasta el año 2004).

Frehley dejaría definitivamente la banda en el año 2002, siendo reemplazado por Tommy Thayer y Singer se adueñó de la batería hasta hoy, formando el cuarteto que ha dado vida a KISS desde entonces. Se sucedieron giras y viajes que confirmaron que para KISS nunca ha existido una gira final, de despedida, adiós o como la quieran bautizar. Ni siquiera sabemos si la última visita del grupo, recién en abril de este año, será la última visita. Si para Jesús hubo última cena, para KISS no…por ahora.

KISS es una baja de pandora. Pese a que se habían negado a volver a los estudios para grabar nuevo material, Simmons y Stanley decidieron dar un giro e ingresaron a trabajar en una nueva placa. “Sonic Boom” (2009) tuvo una buena cogida y fue un digno regreso del grupo en la arena de los discos de estudio. Y no se conformaron con eso. Entre gira y gira, lanzaron “Monster” en 2012. Desde ese lanzamiento a la fecha, KISS ha seguido en lo suyo: giras, vueltas al mundo, presentaciones, inducciones a salones de la fama, más giras, más shows, más merchandising del universo KISS, más conciertos anunciado como el final, más kilometraje…KISS en estado puro.

A la eternidad

Con 50 años arriba del lomo, KISS es mucho más que una banda. Su estética, sus canciones, sus conciertos ha sido influencia para muchos músicos. Tom Morello y Dave Grohl, por citar un par, han reconocido que KISS es mucho más que “una banda de rock and roll”.

El universo que rodea al cuarteto los convirtió en una institución, una marca, un imperio. Atacados o tildados de nazis o satánicos, el grupo ha sabido sobrevivir a los innumerables cambios de la industria. Vale decir que algunos de esos cambios fueron impuestos pro KISS, en especial si hablamos de shows en vivo, ítem en que los de New York son geniales. La persona que ha ido a un concierto de KISS lo sabrá: da lo mismo si te gustan o no, si conoces su discografía al revés o al derecho o si apenas conoces “Beth”. Lo realmente importante es que el show que sumerge en un mundo único en el que sabes lo que verás y KISS lo hace realidad. “Quiero ver al vocalista volando”. Ahí lo tienes en “Love Gun”. “Quiero fuegos artificiales”. Ahí lo tienes en “Detroit Rock City” al inicio de cada noche. Y así sucesivas peticiones del imaginario rockero, KISS las hace reales.

Para Simmons el “rock se trata también de la imagen”. Eso es precisamente lo que KISS ha entregado a lo largo de su carrera. Los fanáticos no solo experimentan con la música, sino que disfrutan con lo que ven. He ahí una de las gracias de KISS: no se trata solo de escuchar.

Ahora en más, queda saber cuáles serán los próximos pasos del cuarteto. De seguro anunciarán pronto una nueva gira de despedida, prometiendo, como siempre, que esta vez si será la gira final. Dudo que haya alguna gira final puesto que KISS no tiene final. Solo espero que pillen a Mary confesada.

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