Hidalgo – Kelmuya (2019)
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Hidalgo – Kelmuya (2019)

Hidalgo – Kelmuya (2019)

lunes 04 de noviembre, 2019

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Escrito por: Matías Burgos

Anticipado desde febrero de este año, “Kelmuya”, el cuarto LP de Hidalgo, se lanzó bajo la premisa de continuar por rumbos nuevos la senda trazada en las anteriores obras de la banda. Liderada por el guitarrista, Gabriel Hidalgo (Six Magics/Whitchblade) y con Pablo Stagnaro en batería, Mauricio Nader en bajo y Cler Canifru en la otra guitarra, además de las voces, la eximia formación sacó del estudio un disco de sonido potente y a tope, aunque cuidando los matices que se notan trabajado con esmero.

La partida es directa y desde el caos de redobles en “Kallisaya”, un vendaval del que emerge un riff hipnótico y repetitivo, entramado con la ocasional voz de Cler y elevándose en tonos de electricidad luminosa. Las cosas se ponen más interesantes con “Eukarya”, donde un ritmo infeccioso y siniestro se torna intrincadamente pesado, entre cuerdas limpias que se aprietan en distorsión.

“Whipala” lleva el álbum a rincones progresivos con puñaladas brutales de secuencias death metal, una muestra de alto tecnicismo y bien inspirado, que contrasta con el pulso optimista e incluso bailable de “Yakari”. Sonidos espectrales de alta tensión introducen la odisea guitarrera de casi 10 minutos que es “Upelafken”, un emocionante viaje sombrío sin paradas ni descansos.

El delay multiplica por mil las prístinas cuerdas en “Samka”, tema de hermosos colores que hacia el final rompe como una ola, removiendo el espíritu. La calma dura poco eso sí, porque “Weichan” llama con fuerza de metal a la lucha desde el interior, intensificado por la agresividad de los acordes que pasan incluso por el thrash.

“Maropeng” sigue concentrando esa vibra callejera y psicótica, rabia expresada de forma prolija a través del fiato que tiene la banda en sus golpes coordinados. Como el lento paso a un sueño luego de la tormenta, “Kelmuya” despide el disco de forma épica y alejada de la distorsión, devolviendo una claridad renovada después e una revuelta cerebral.

Sin solos flasheros, rimbombantes ni ultra rápidos, la última placa de Hidalgo se trata más de súper producidas pero creativas composiciones donde se siente la emoción, manteniendo en cada paso el oído atento y expectante. Algo difícil de causar en días donde la guitarra eléctrica se da por muerta en algunos círculos, especialmente cuando se trata de discos hechos por virtuosos del instrumento que suelen asociarse al ego o las ganas de brillar.

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Matías Burgos
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