Kahli – La Nave de Kahli (2018)
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Kahli – La Nave de Kahli (2018)

lunes 01 de octubre, 2018

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Escrito por: Álvaro Molina

Hace mucho tiempo que quería escribir algo sobre este disco. Hay algo en él, que súbitamente, lo hace sonar distinto a cualquier otra cosa preconcebida o formateada, de manera estándar, en el panorama musical actual. Los sonidos abren un abanico sensorial que va en la dirección de una psicodelia oscura, pero con brillos cromáticos. Experimentación libre, pero con las convencionales estructuras del blues. Una fórmula especial, que mezcla el rock, electrónica, música del mundo, krautrock y, en esencia, la libertad para crear música que entra en tensión con la sensualidad y la alucinación. Kahli es, en resumidas cuentas, parte de la interesante camada que se está haciendo un lugar en la escena, esta vez de la mano del sello porteño Acople Records.

Este es un trío formado por Carolina Aparici (voces, teclado), Gonzalo Navarro (batería) y Sebastián Cárcamo (guitarra en formato cigar box). Desde Valparaíso, los tres artistas conformaron un “equipo creativo de experimentación abierta” con el foco puesto en suscitar fantasías psicodélicas, las que incluyen imágenes y trances del vedismo hindú en diálogo intercultural con el blues crudo y experimental, dando forma a su estilo particular de viaje mental que ellos mismos denominan como “mantradelia”. Pero ¿qué diablos es eso?

El tema que da inicio (y nombre) al álbum ya tiene ese “olor a profundidad” mística que se traspasa hacia el resto de las canciones. En otras palabras, se instala lo que Kahli quiere buscar en estas cinco composiciones: el viaje mántrico, donde la voz de Carolina toma el rol de suma sacerdotisa para guiar entre los ritmos complejos y directos de Navarro y el sonido crudo que Cárcamo le saca a la cigar box. Así, la ceremonia se inicia con el mantra “En un horizonte de jade te veo/Con los ojos brillando miraste para olvidar/No ha salido el sol desde esta tarde/En el cielo caminos errantes se dibujaron”; metáforas que se repiten cíclicamente en estos primeros ocho minutos.

Pero Kahli, al mismo tiempo, es un trío esencialmente de rock. En “Cenizas”, la sensualidad musical recuerda al blues experimental de la era Captain Beefheart apiñado con Ry Cooder, o a la magia que traían los Beatles de la mano de George Harrison en sus años de turbulencia mística. Nuevamente, las letras son dueñas de un simbolismo casi religioso que fluyen libremente por la característica voz de Carolina Aparici. “Last Shiva’s Dance” funciona a modo de interludio, sincronizando las sensaciones de ambos “lados” del disco y las imágenes con las que el trío va entregando este viaje mántrico; cielo e infierno unidos alegóricamente, con los suspiros desde las profundidades que dan atmósfera a un culto o rito pagano, ya sea en clave psicodélica o krautrock-iana (se respiran algunos ecos de Ash Ra Tempel o Amon Düül en medio de la pugna entre luces y sombras, “la luz de la muerte” como dictan las letanías de “Las Fiestas”).

En fin. ‘La Nave de Kahli’ podría haber caído en el formato de ser un collage medio kitsch, donde la belleza de su sonido pudo ser sacrificada en función del olor a pachulí y esoterismo new age. Pero es un disco que, esencialmente, muestra a una agrupación que hace primar la originalidad por sobre la idea de querer hacer un registro en base a la formalidad o el reconocimiento. Como ellos mismos afirman, su música “quiltra” no se atañe a etiquetas o formatos preconcebidos. De esta manera, Kahli es un trío que vive para mostrar su experiencia mantradélica, de la misma manera que Hendrix le preguntaba la juventud sesentera si estaba “experimentada”. Quizás, ellos están apelando a lo mismo para esta generación. Habrá que ver. Pero, por lo mismo, el ritual de Carolina, Gonzalo y Sebastián está para quedarse y entregarse.

 

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Álvaro Molina
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