Supertriste – Bloop (2025)
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Escrito por: Equipo SO

Por Fabian Escudero.

Con tres años de trayectoria, un par de sencillos y varias tocatas a cuestas, los iquiqueños de Supertriste publicaron Bloop, su primer álbum, y es… bueno, triste. Triste, pero no en el sentido de que el disco sea malo o que su obra “dé pena”,sino que es —como cualquier buen álbum de shoegaze y noise pop/rock— triste porque las letras hablan de la angustia, y la música, de la tristeza como tal.

De lo macro a lo micro: Bloop es un viaje a las profundidades —al abismo, según la misma banda— a través de nueve movimientos (nueve canciones) en los que el conjunto, digamos que no necesariamente innova en cuanto a la búsqueda de sonidos, pero hace lo que tiene que hacer bien: las guitarras son ruidosas y desgarradoras, con la mezcla justa entre fuzz y reverb, y el apartado rítmico aporta un pulso sofocante, con bajos que profundizan precisamente en ese abismo establecido por melodías que recuerdan a los mejores trabajos de bandas como Nothing o lo más reciente de DIIV.

Las voces son otro punto favorable en las canciones de Bloop. Canciones como Evasivo o la central Abisal (que viene a darle forma, en realidad, a todo el álbum) logran un balance genial entre la presencia marcada y ese sentido etéreo que acompaña al sonido popularizado a finales de los 80 y comienzos de los 90 por conjuntos como Ride, Chapterhouse o My Bloody Valentine. Incluso es posible captar unas pizcas de post-hardcore presentes en algunas piezas como Algo Siento, que destaca por un riff de guitarra bastante más juguetón para los estándares más apaciguados del género.

Y ya que estamos en esos terrenos, la mezcla del disco merece aplausos. Es fácil que algunas producciones de estas características caigan en la simplicidad de decantarse por muros de sonido burdos y uniformes, descuidando la posibilidad de ofrecer canciones potentes pero legibles. En ese sentido, Bloop (grabado por Matías Salazar en Black Flag Studio, mezclado por Daniel Velásquez y masterizado por Paolo Riffo), sin ser un álbum preciosista, ofrece nueve pistas muy bien curadas, potentes, precisas y concisas, distribuidas de manera perfecta, permitiendo a la audiencia ese recorrido submarino que, con tanta ansiedad, la banda propone desde el primer segundo; todo esto mirado desde una ventana sonora (la mezcla) que ayuda a distinguir con claridad cada una de las texturas propuesta por la instrumentación. Sí, es un disco denso en cuanto a sonido –y hasta temática–, y en sus momentos más álgidos puede sentirse como estar ahogándose en las profundidades abisales (volvamos a Abisal, la mejor canción del tracklist), pero siempre con una claridad envidiable gracias al trabajo preciso de ecualización y compresión de los encargados de las perillas.

El primer disco de Supertriste, publicado al alero del sello Joy Boy Records (que, por lo demás, está patrocinando una excelente camada de bandas nacionales), es un excelente puntapié inicial para la banda norteña. Tal como se dijo en un comienzo, hay angustia, tristeza y desesperación. Y esas son señales de un excelente trabajo de composición, expresadas de manera potente en los 28 minutos que dura el álbum.

Valdrá la pena seguir sus próximos pasos.

 

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