CYNIC Y “FOCUS”: EL DEATH METAL QUE SALTÓ DE ESPALDAS
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Escrito por: Equipo SO

Por Pablo Rumel.

En el marco del regreso de Cynic a nuestro país, show agendado para el 15 de enero en la Blondie, quisimos referirnos a la originalidad de su sonido, proceso creativo que culminó con el seminal Focus, disco que marcía un nuevo sendero compositivo a la banda.

Cynic es la clase de banda pesada y compleja que puedes oír tranquilamente junto a tu madre. O a tu abuelita. Estos oriundos de Florida lideraron la primera oleada de ese invento tan feroz y alucinante como lo fue el death metal técnico, el cual incorporó en su arquitectura sónica elementos dispares como los ritmos latinos, el jazz y el rock progresivo, sin llegar a diluir una base de hormigón más dura que el acero. ¿Cómo fue posible esto?

Recordemos que en esa primera avanzada de death técnico, tuvimos a los inspirados e inimitables Death, en su última fase, a los intrincados y filosóficos Atheist, y a los futuristas Nocturnus, quienes incorporaron elementos de la ciencia-ficción, desterrando para siempre el imaginario de cadáveres y putrefacción en el cual descansaba “obligatoriamente” cualquier encarnación deathmetalera.

Pese a la expansión sónica y estilística comandada por las bandas ya mencionadas, el mundo aún no estaba preparado para lo que vendría de la mano de Cynic. Cuando debutaron en 1993 con Focus, su primer larga duración, los cínicos, de la mano del mítico productor Scott Burns, habían creado un disco que no cuajaba con nada: eran la vanguardia al interior de la vanguardia, y la elección de los instrumentos no tradicionales en el metal, como baterías electrónicas, el Chapman stick, un instrumento que fusiona cuerdas y percusión pudiendo crear melodías de bajo y líneas melódicas, o el uso de voces robóticas a lo Daft Punk, no hacía más que aumentar la brecha creada entre el banger tradicional, acostumbrado a la furia y a la carnaza, y al oyente de música más docta, que era como si le pusieran a Pat Matheny con guturales.

DESDE EL THRASH AL URÓBOROS: LA EVOLUCIÓN CÍNICO-SÓNICA

Ciertamente que para ese lejano 1993, Cynic no había saltado desde la nada hasta la configuración de ese sonido; llevaba fraguando su carrera desde 1987, con varios demos que siendo metal en estado más puro, ya dialogaba de cerca con el crossover, el thrash y el death: ya están ahí esos riffs espiralados y esos quiebres en la rítmica de manera latente, la búsqueda por el fraseo intrincado, tratando de evitar los lugares comunes del género.

La influencia de Chuck Schuldiner fue capital para la banda, pues dos de sus integrantes, Paul Masvidal y Sean Reinert habían integrado parte del staff de Death, entrando juntos a grabar el mítico «Human», disco a la postre bisagra, entre un estilo más bruto y otro más refinado y pulido.

Focus fue la prueba patente de que el death no iba solo de latiguear la cabeza a máxima velocidad con líricas de cadáveres: podía hablar del velo ilusorio de maya, de viajes celestiales o de ¡formas urobóricas! Haciéndolo a través de pasajes limpios, incorporando voces femeninas, o robóticas de las cuales ya hemos hablado.

El Uróboros, no nos olvidemos, es aquella serpiente que se muerde la cola a sí misma formando un círculo, dejando patente que forma y contenido se aúnan: ¿qué es una forma urobórica en la música? Texturas, sí, sentimientos, también, pero la pregunta no demanda solo una respuesta técnica, no se trata de entrecruzar escalas precisas, se trata de inventar algo que no había, pero que ya tenía sabores y colores en otras propuestas musicales, como el «Close to the Edge» de Yes, esa hermosa canción que trata de abarcarlo todo y que contrasta muy bien con «Textures», entre rítmicas sincopadas, fraseos repetitivos que luego avanzan y retroceden, líneas de bajo ascendentes y descendentes.

«Uroboric Forms» es otra canción señera de la banda. Ya hay una versión previa en su demo de 1991. Contrastarlo con la versión de Focus es casi un ejercicio arqueológico: la versión original parece interpretada por el Death de la época del Scream Bloody Gore. La versión de 1993 contiene esos fraseos como relámpagos del original, que van y regresan a su sitio, en medio de quiebres en las marchas, pero ahora la voz gutural comparte los versos con la voz robótica de Masvidal ¿cuál de las dos es mejor? Objetivamente, la segunda está mejor grabada, pero la de 1991 encuadra mucho mejor con el sonido sueco de Gotemburgo, antecediendo a Children of Bodom, In Flames o Amorphy.

EL ARTE DE TOCAR JODIDAMENTE BIEN

Desde las baterías iniciales, fusionadas con ritmos latinos y jazzísticos, más el uso de secuencias electrónicas, teclados sintetizados, y los ataques guitarrísticos crudos, que atravesaban parajes desolados y acústicos, como los que propone la canción de cierre, «How Could I», ejemplifica lo que es un arte bien ejecutado, bien mezclado, con una concepción unitaria que no improvisa frente al caos, lo redirecciona creando ramificaciones al interior de las ramificaciones ya creadas.

Aquello no nace por un arte de combinatoria, ni arrojando trozos y pedazos al azar, como el action painting de Pollock, quien arrojaba botes de pintura sobre un lienzo. El arte de Cynic es una confección de arte mayor, que rehúye a la pura improvisación: no es un arte espontáneo, es un arte pensando, evidenciado por las extenuantes horas de trabajo del productor Scott Burns en el estudio, promediando las 18 horas diarias, quien fue el artífice de que el sonido se escuchara pulido, bien mezclado y ordenado en el caos que proponía. Para más inri, el sello Roadrunner no quería un álbum experimental sino algo tradicional, por lo que la presión en el trabajo era mayor.

Un dato no menor, es que Masvidal abandonó las vocales por temor a perder la voz debido al estilo gutural, y ese lugar fue ocupado por Tony Teegarden, quien provenía de la banda death thrash Epitah, resultando ese particular dúo, robótico y suave, y áspero y salvaje.

En la actualidad a nadie se le ocurriría decir que Focus es una basura, no obstante, esta apreciación guarda una trampa, y se llama “peso del tiempo”. ¿Qué queremos decir con esto? Las obras se gestan y se conciben para un mercado específico, y es natural que algo que no encaje bien con la serialización, con la etiqueta, sea marginado o desechado, en un inicio. Si un disco o una obra necesita explicarse para llegar a su destinario, es porque algo no cuaja, como esa jalea viscosa que por más que la voltees no sale de su molde.

RECEPCIÓN INICIAL: POBRE, TIBIA, DESASTROSA

Y sí, señoras y señores, cuando salió Focus, la banda no solo fue objeto de malas críticas, sino también de burlas y agresiones en vivo, como ocurrió con su gira con Cannibal Corpse, donde les tiraron de todo y lo más suave que le gritaron fue posers. Había una escena metalera, que en su avidez por realismo y compromiso con la escena misma, no toleraba que unos tipos con bermudas, chancletas y poleras blancas crearan música extrema: si el metal no se uniformaba, como una milicia, entonces valía callampa.

En Chile pasó algo parecido: ¿alguien de la vieja guardia recuerda que pasó con el Romance de Dorso en su momento? Algo similar, no era un álbum asimilable por un público metalero genérico, y era común oír durante los 90 que Dorso había tropezado con ese álbum, pero que ya habían enmendado el rumbo con un metal más pesado y cañero.

El tiempo no es un juez, pero suele ser benévolo con las bandas rechazadas en un inicio: tras las voladuras que acumula el polvo en el espacio, con los vaivenes de la experiencia, logramos apreciar mejor las figuras, y de pronto esa punta de hielo que asomaba sobre la horizontal del mar, escondía un témpano robusto, vertical, un portento que nos esperaba calmo, entre las aguas tempestuosas.

A veces la originalidad depende de tomar algo ya hecho y ponerlo patas para arriba. O de saltar de espalda en vez de frente, como lo hizo un lejano 1968 en las Olimpiadas de México el atleta estadounidense Dick Fosbury. Antes de Fosbury, todos los atletas saltaban de frente en la competencia de salto de altura, pues saltar de espalda se desaconsejaba por lo peligroso, ya que supuestamente podías romperte la espalda. A Fosbury le dio lo mismo: saltó de espaldas, consiguiendo ganar la medalla de oro. No solo no se rompió la espalda, sino que inauguró una nueva forma de saltar que se volvió canon.

Cynic es de esas bandas que saltan de espalda, que en vez de jugar como establecen las reglas, se inventan las propias. Y por eso decimos que son innovadoras, originales, arriesgadas, porque en vez de saltar como se debe saltar, de un día para otro nos sorprenden con un movimiento imposible. Y la terminan rompiendo.

Post Scriptum:

El 3 de octubre de 2025, Cynic liberó el Focus de toda la vida, pero solo con las pistas de bajo y batería, bajo el nombre de Focus – The Official Drum and Bass Tracks, creando una experiencia sonora no solo alternativa, sino que satisfactoria, muy acorde con el consabido “menos es más”. Escucharla es otro salto de espaldas, una mutación que siempre estuvo ahí, sólo había que eliminar un par de pistas y ¡zaz! El milagro frente a nuestros oídos.

 

 

https://cynic-alliance.bandcamp.com/album/focus-the-official-drum-and-bass-tracks

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