Por Pablo Rumel
Hay músicos que fundan bandas, otros que levantan imperios y unos pocos que terminan convirtiéndose en capítulos enteros de la historia del rock y el metal. Tras décadas de carreras, discos y giras, muchos acaban en un territorio distinto: ya no necesitan demostrar que pertenecen a una escena, porque son parte del paisaje mismo. Masters of Voices, el proyecto que llegará por primera vez a Chile el 5 de julio en el Teatro Teletón, nace de esa idea.
La reunión de Eric Martin (Mr. Big), Edu Falaschi (Angra/Almah), Tim “Ripper” Owens (Judas Priest, Iced Earth, KK’s Priest) y Jeff Scott Soto (Talisman, Journey, Yngwie Malmsteen) no responde a la lógica tradicional de una banda nueva que busca abrirse camino. Aquí ocurre lo contrario: son cuatro trayectorias consolidadas que convergen para interpretar las canciones que ayudaron a definir distintas generaciones del hard rock y el heavy metal.
Y eso tiene algo de extraño y fascinante, pues los supergrupos suelen nacer desde la promesa de “juntar estrellas” para crear algo más grande, Cream, con Clapton, Jack Bruce y Ginger Baker, suele citarse como el primer gran supergrupo de la historia; Asia logró convertir la suma de virtuosos en éxito masivo; Traveling Wilburys, con Dylan y Harrison a la cabeza, transformó una reunión de leyendas en una obra entrañable e irrepetible. Pero también existen proyectos cuya verdadera gracia no está en inventar un nuevo sonido, sino en colisionar mundos separados para ver qué nace de esa colisión.
LA FORJA Y EL REINO DE LAS CUATRO VOCES
Masters of Voices tiene más vocación de selección que de meras super estrellas: no se reúnen cuatro cantantes al azar, sino cuatro maneras distintas de entender el oficio. Y cual maestros de sus disciplinas, coloquemos la lupa y hagamos zoom sobre cada carrera:
–Eric Martin representa esa escuela del hard rock melódico donde la técnica nunca eclipsa a la canción. Mr. Big pudo exhibir a músicos descomunales como Paul Gilbert y Billy Sheehan, pero el puente con el público siempre fue la voz cálida y cercana de Martin, capaz de convertir una balada en himno sin perder elegancia.
–Edu Falaschi, en cambio, encarna la tradición épica y progresiva de Angra, una banda que demostró que el metal sudamericano podía dialogar de igual a igual con Europa y Japón. Con él aparece el virtuosismo, las armonías grandilocuentes y esa mezcla de técnica y emoción que convirtió discos como Temple of Shadows en referencia obligada del power metal.
–Tim “Ripper” Owens es otra historia. Pocos cantantes han vivido un relato tan improbable: pasar de cantar en una banda tributo a convertirse en la voz de Judas Priest, ocupando el lugar que dejó Rob Halford. Su trayectoria recuerda que el heavy metal también se alimenta de accidentes, riesgos y reemplazos imposibles. Owens no llegó a sentarse a un trono para dirigir con corona puesta y cetro en mano; tuvo que sobrevivir dentro de una de las instituciones más exigentes del género.
-Y finalmente Jeff Scott Soto, el gran puente entre todos los mundos. Ha transitado por el AOR, el hard rock, el metal neoclásico y el rock melódico con una naturalidad poco común. Su nombre conecta con Journey, con Yngwie Malmsteen y con una larga lista de proyectos donde la versatilidad fue siempre más importante que la etiqueta.
LOS HEREDEROS DE UNA TRADICIÓN
Lo interesante es que el rock ya conoció reuniones similares. Desde Hear ’n Aid en los años ochenta hasta proyectos modernos como Avantasia, la idea de juntar grandes voces siempre tuvo algo de celebración colectiva, casi como un consejo de veteranos alrededor del fuego. Sin embargo, pocas veces coinciden sobre un mismo escenario representantes tan claros de cuatro tradiciones distintas: el hard rock americano, el power metal brasileño, el heavy metal británico y el rock melódico de estadio.
Por eso este concierto sube un peldaño la apuesta y lo acerca a la excelencia: no es escuchar canciones de Mr. Big, Angra, Judas Priest o Journey, así nada más; se trata de observar y oír cómo dialogan cuatro historias que, durante décadas, pertenecieron a mundos paralelos.
Y ahí reside la verdadera gracia de Masters of Voices.
Los supergrupos clásicos intentaban responder una pregunta: ¿qué pasa cuando juntamos músicos famosos para crear algo nuevo? Este proyecto formula otra, mucho más al hueso y brutal: ¿qué ocurre cuando se reúnen cuatro voces que ya forman parte de la memoria del rock y el metal, no para competir entre sí, sino para recordar por qué estas canciones sobrevivieron al tiempo?
La respuesta comenzará a escucharse en Santiago el próximo 5 de julio, cuando el Teatro Teletón reúna, por una noche, a cuatro hombres que representan décadas de escenarios, discos y batallas musicales. Y en una época donde todo parece durar apenas unos segundos, no deja de ser significativo que todavía existan voces capaces de convocar historias enteras con solo abrir la boca.
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