Aura de Ilusiones y Slaverty convirtieron MIBAR en un templo del metal
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Escrito por: Equipo SO

Por Pablo Rumel
Fotos Rodrigo Damiani @SonidosOcultos

Cuando las luces se apagaron en MIBAR, dio arranque a un descenso a los reinos más teatrales y oscuros del metal chileno. La noche del sábado 12 de julio, Aura de Ilusiones y Slaverty ofrecieron más que una simple tocata, fuimos testigos de un ritual escénico de virtuosismo musical, dramatismo visual y catarsis emocional. En un escenario de dimensiones modestas, ambas bandas demostraron que la grandeza no se mide en metros cuadrados, sino en la potencia creativa de cada nota y gesto.

PRIMER ACTO: AURA DE ILUSIONES

A las 21:35 se descorrieron los telones y frente al respetable, apareció Aura de Ilusiones al completo, acompañados de unos synths gélidos que dieron arranque a los primeros acordes, de vocación metalcoresca, con rasgueos punzantes y sincopados.

La joven banda chilena prescindió en la performance del bajo, siendo un acierto si consideramos que el escenario de MIBAR es pequeño, centrándose en la interpretación de teclados, batería, guitarra y voz; su estética visual da para varios párrafos, pero de forma breve esos abrigos largos estilo victoriano, con correas y botas de cuero que rememoran al animé, al steampunk, y un maquillaje dramático que busca acentuar sus rasgos oscuros, sumado a una decoración con hojas verdes que rememoran a paraíso perdido, fueron elementos que reforzaron al máximo el sentido del espectáculo, tan carente en las bandas nacionales actuales.

«En mí obtendrás sobrevivir» fue la canción de entrada, articulada desde una voz desgarrada y cruda, obra y gracia de Enzarro Dañobeitía, con una interpretación ágil, con tonos medios y bajos raspados, y excelente técnica fry scream que se amoldó con la propuesta musical melódica con elementos death, góticos e incluso blackmetaleros, por las atmósferas y las secciones de ráfaga percusiva.

Precisamente, «Virtue» incluyó una interpretación neoclásica de apertura en los teclados, con una batería galopante y escalas rápidas en la guitarra, aportando nuevas capas musicales que bandas japonesas como Moi Dix Mois, Malice Mizer o Versailles, atronaron hace unas décadas con su particular estilo.

La sonoridad en «La Senda» subió varios decibeles, con un estilo definido que descansaba en los acordes sostenidos del teclado, obra y gracia de Matías Palma, y la participación directa del baterista Ian Huidobro, quien ofició de segundo vocalista, con un estilo de canto limpio e histriónico, rozando lo burlesco. Es necesario recalcar su forma de tocar, con el hi hat a su diestra, con una configuración para zurdos y una amplia gama de platillos en su arsenal: la estructura rítmica bombeó el poder que buscó la banda transmitir en cada acorde, pero también los constantes cambios en los parajes melódicos y atmosféricos, intercalando polirrítmicamente golpes de caja, doble bombo e incluso algunas secciones de blast beat, como pudimos oír en la poderosa «Your Soul in the Starlight».

Fuimos privilegiados al oír «Los Sueños Que Perdí», adelanto de su ya ¡segundo disco! Siendo que presentaban el primero, quedó en claro que Aura de Ilusiones es una banda llena de ideas en plena ebullición creativa y dirección ascendente, hecho que no podemos más que celebrar.

«Ya No Sabes si te Esperan» fue otro momento alto en el setlist de la noche. Con arpegios disonantes, armónicos artificiales y silencios remarcados, el guitarrista Nicolás Maldini aportó con su maestría: al no descansar en riffs tradicionales metálicos, el sonido de Aura de Ilusiones puso su énfasis en las atmosferas del teclado y la rítmica progresiva, con afinaciones bajas y con una séptima cuerda para aportar la máxima distorsión en los graves.

«The Vissible Essence» fue una prueba del talento de Maldini, con una apertura de cuerdas limpias arpegiadas, solos inspirados con rápidos barridos, slides y tappings, y un estilo de tocar acorde con la estética de la banda, carnavalesco y con movimientos espásticos. Matías Palma apoyó en los interludios dramáticos, y quizá lo único que podríamos sugerir para futuras composiciones es que pudiera integrarse de mayor cuerpo en la performance, quizá otorgándole mayor protagonismo en el escenario con solos de su autoría.

«Mientras Me Puedas Recordar» y «Bello Espejo Roto» marcaron la clausura, incluso interpretaron, fuera del setlist, «Aislado en La Nieve» a pedido del público, banda joven con catálogo en construcción, y que de seguro en un futuro podrá deleitarnos con un abanico mayor de temas.

SEGUNDO ACTO: SLAVERTY

Eran las 23:10 y un Slaverty al completo ya estaba sobre el escenario; casi, porque faltaba su líder y fundadora. Con dos guitarristas armados con siete cuerdas, un bajista con cinco, un tecladista con dos instrumentos sobre atril y uno extra, y el baterista más atrás, dejaban en claro que la presentación no iba a descansar en pistas grabadas o recursos anexos para recrear en vivo el sonido: viviríamos una homilía metalera de cuerpo y alma presentes.

Tras la marcha baterística marcial, llegaron los primeros riffs de «Dreamcatcher», pesados y de afinaciones bajas, amalgamados con los teclados que aportaban el elemento sinfónico: y ahí se materializó Karin Montt, vistiendo un riguroso traje de negro, como de viuda negra, y una hermosa cruz griega aturquesada; llegó hasta nuestros oídos la primera estrofa, cantada en impecable estilo lírico soprano, con oscilaciones en su timbre que darían para llenar una biblia con anotaciones; su estilo es limpio pero con ornamentaciones pulidas, con vibratos breves y melismas, aportando variaciones melódicas veloces y rápidas variaciones.

«The Biggest Mistake» fue la segunda descarga metálica: abriéndose entre figuras melódicas y líneas de bajo profundas, la voz de Karin se levantó como un estandarte sobre una rítmica lenta y a ratos galopante; es verdad que la alta presencia de músicos en un escenario dificultó la visibilidad y el movimiento de los mismos, y fuera de algún acople, o un error de algún guitarrista en utilizar su pedalera de efectos, la performance descansó en la espigada figura de su vocalista y en la presencia imponente de sus músicos, que ejecutaron de manera impecable las canciones, no como meros comparsas, sino como parte íntegra de un estilo vivo y orgánico, que si fuera cantando con música envasada sonaría hueco y deshumanizado.

«Fairyland» escenificó ese componente folclórico de la banda, de cuento de hadas oscuro surgido desde las tinieblas, con Alejandro Elgueta como guitarra rítmica (miembro también de Desire of Pain ¡vayan a escucharlos) , entregando unos guturales de factura deathmetalera, voz profunda y cavernosa, alternando con la voz de Karina, entre parajes atmosféricos y rítmicas pesadas, con juegos de solos lentos y melódicos, de notas sostenidos y vocación heavy, dirigidos en su mayor parte por Alejandro Elgueta, quien entregó barridos y escalas inspiradas al mando de su filosa espada de siete cuerdas.

El momento más emotivo estuvo en «Blue», interpretación que su vocalista Karina Montt dedicó a su reciente fallecido abuelo, una power ballad que horadó hasta lo más profundo de los asistentes, canción lenta y melodiosa que dialogó con los clásicos del estilo gótico, como The Gathering o Within Temptation.

Con «The Beauty of Life» se ingresó a una veta más rock and rollera, con una estructura percusiva más movida, sin dejar los pasajes intensos en los puentes y estribillos, power chords fusionados con capas melódicas del teclado, con Marcelo Oyanedel a las cinco cuerdas, de técnica pulida y contundente, llevando las marchas y los cambios, e incluso creando figuras más complejas, con acordes e incluso slaps, dándole mayor sabor a una propuesta sónica con marcados referentes góticos y neoclásicos.

En «Be Free» se corrigió el problema del volumen bajo de su tecladista, Matías Schwartz, un intérprete sobresaliente que no falló en ninguna nota (y si lo hizo nadie se percató); fue un momento íntimo en que solo estuvo él con la cantante, convirtiendo al MIBAR en una pequeña catedral de tonos carmesíes, y dejando en claro que el metal también puede ser música de cámara, no todos son tachuelas, puñetes y motos, señoras y señores.

La fase final vendría con «Appreciate», una canción con toques speed-sinfónicos; entremedio hubo una broma de su guitarrista con You Suffer de Napalm Death, una enorme canción que sólo dura cuatro segundos; y es que el público pedía más y más, y las antorchas ya se apagaban.

Y precisamente, en esa línea nocturna, de velas falleciendo, fuimos testigos de «Dementia», una canción dark, con toques dungeon-syntheros, y guitarras en bajas afinaciones, amalgamados por la voz magistral de Karina Montt; una canción que tiene atmósfera y pasajes intensos y pesados, tema magistral que -estamos seguros-será el caballo de batalla de la banda, tanto para abrir como para cerrar sus conciertos.

ACTO FINAL: CONCLUSIONES

Aura de Ilusiones y Slaverty no vinieron a pasar desapercibidos, sino a clavar su bandera en el alma del metal chileno contemporáneo. Ya no es necesario viajar a Oslo o a Bruselas para oír en vivo metal de primer nivel. Con estéticas propias, ejecuciones impecables y una entrega total, ambas bandas recordaron al público que la escena local está más viva que nunca. Si algo dejó claro esta noche en MIBAR es que la teatralidad, el riesgo y la devoción artística siguen siendo armas legítimas para estremecer cuerpos y espíritus por igual. Y si Sonidos Ocultos miente o exagera, que el diablo nos lleve.

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Equipo SO
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