Benediction en Chile: Cuervos en plena tormenta
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Escrito por: Equipo SO

Por Claudio Miranda.
Fotos Rubén Garate.

Una de las bandas más especiales en el ecosistema de la muerte. Con fecha de fundación datada en 1989, Benediction se bastó de un demo –The Dreams You Dread,1989- y un LP -Subconscious Terror, 1990– para llamar la atención del death metal en los dos lados del Atlántico. Originarios de Birmingham -la cuna de los imperiales Sabbath y Priest-, los ingleses incorporaron a Dave Ingram como vocalista en reemplazo de Barney Greenway y, con The Grand Leveller (1991) y Transcend the Rubicon (1993), su propuesta con estructura consistente y melodías oscuras se ganó un lugar de culto para los amantes del género en su forma más pura. Bebieron sin empacho del crust-punk y el hardcore, lo que se nota a kilómetros en el sonido mugriento de las guitarras y los ritmos acelerados con sangre D-Beat. Inaugurando la década actual, y con el envión que le dio Dave Ingram a la banda tras su regreso luego de dos décadas ausente, Scriptures (2020) y el más reciente Ravages of Empires (2025) extendieron su catálogo preservando la integridad del death metal como lo que es antes de la etiqueta y el lugar común: un impulso natural.

El regreso a nuestro país, luego de su show en el marco del hoy extinto Metal Fest (2023), fue extraño pese al gran momento creativo. Dave Ingram (57) tuvo que dar un paso al costado por causa de sus problemas de salud, tomando su lugar como invitado el entrañable Kam Lee. Y en plena excursión sudamericana, el baterista italiano Gio Durst tuvo que abandonar debido a una situación familiar de extrema gravedad, por lo que hubo que recurrir a un sustituto que se aprendiera el repertorio en cosa de ¡dos días! Sorteando los estragos propios de una baja desafortunada, la fecha en suelo chileno se llevó a cabo contra viento y marea. Una metáfora recurrente que, en este caso, deja de serlo si consideramos que Benediction, como nombre, carece del mismo retumbe que poker de ases impreso en los libros de historia. El metal, sobretodo en las corrientes más extremas, no paga cuentas ni permite darse lujos millonarios. Es darlo todo y brindar un show de la mejor calidad, incluso ante el contratiempo más desgraciado.

La noche del 28 de octubre en la sala RBX tuvo el puntapié inicial con el grupo nacional. Un super grupo, si consideramos los nombres que integran su alineación, casi todos metaleros viejos que, digámoslo, se juntan a componer y tocar death metal a la antigua usanza. Tienen un EP, Rites of Consecration (2020), el cual proyecta las ideas de una banda que respira el mismo hedor sónico del cassette demo y el fanzine impreso en blanco y negro. Es una banda que entusiasma a la gente porque su material, sin pretender reinventar nada, exhala identidad y, a la vez, espeja una naturaleza incorruptible. Incluso se permiten que «Deceiver Christ» y «Sick of the Cross», dos adelantos de lo que será su siguiente trabajo -aún en proceso-, reluzcan con brillo propio a falta de su paso por el estudio. Desde los ladridos de Claudio Carrasco hasta la batería del más joven Ian Huidobro, pasando por las guitarras de Sergio Aravena y Rolando Castillo, y el bajo de Felipe Vuletich. Todos dueños de un trayecto con el mismo kilometraje del oficio requerido para tocar música salida desde el lugar más subterráneo y entregarla en un show tan demoledor en sonido como atrapante en la química de sus componentes en movimiento.

Bajo la máxima de ‘la función debe continuar’, Benediction puso a prueba su propio sentido del oficio. Es una banda legendaria, pero sin las luminarias del consagrado de turno. De ahí que «Engines of War», del laureado Ravages of Empires, arranque el show con la potencia propia de los que saben. Y en un set que perfectamente podría generar reparos por la ausencia del material más antiguo, el que les valió un lugar de honor para los amantes más férreos del estilo, queda claro de lo que es capaz una banda que confía en su propia inventiva. Lo que la siguiente «The Crooked Man», del anterior Scriptures, termina confirmando a pura jerarquía. Poco usual que una banda veterana, con todo un catálogo detrás, se vea apremiada en instancias de gira. Al menos en esta parte del mundo. Y es acá donde Benediction expone sus credenciales, priorizando tanto la entrega hacia la gente como el material que compone su repertorio. Por algo es que «A Carrion Harvest» funciona y devasta como si fuera un clásico del género en sus años fundacionales. Es metal tocado por músicos que todavía escuchan metal. Es cosa de preguntarle a Rew, quien viste una polera de Green Lung. Una persona seria en estas lides.

«Stormcrow» y «Progenitors of a New Paradigma» suben la temperatura en el recinto de Vicuña Mackenna 1220. Levantan entre ambas un remolino humano que define la comunión entre la música para gente enojada y quienes se entregan a la catarsis de la negatividad. Al mismo tiempo, Kam Lee se mueve y expresa con un desplante que no se encuentra en una aplicación para celulares. Es un tipo que sabe lo que es romperse la espalda. Tal como lo viene haciendo desde sus días en Massacre, banda a la cual le rinden homenaje con una matadora versión de «Biohazard». Y adjunto al protagonismo de Lee, las guitarras de Peter Rew y Darren Brookes se entienden con la misma complicidad que vienen forjando a sangre y sudor desde 1989. Son músicos excepcionales que no necesitan ser descubiertos ni ser objetos de análisis para la musicología. Ambos enfocan sus destrezas en lo que mejor saben hacer. Es talento elevado al cuadrado, siempre dispuesto al servicio del conjunto. Quizás eso nos haga una idea, en medio de la refriega, de porqué Benediction, una banda angular para los entendidos en la material, suele ser un nombre infravalorado en una época marcada por la matemática y el exceso de maquillaje en la producción.

Debido a la urgencia previa al show, la banda se permitió repetir tres canciones en el set. «Engines of War», «A Carrion Harvest» y «Stormcrow», pese a la situación interna y lo raro que puede parecer viniendo de una banda con recorrido de décadas, obtuvieron una inédita recepción calurosa. Es el poder de las canciones con estatura memorable, incluso contando con menos edad que el material clásico. De alguna forma, Benediction privilegia, y con todo derecho, un presente fructífero. No es un mero capricho, sino una muestra de atención hacia las nuevas formas, en la misma línea aferrándose a su naturaleza orgánica. Es el gusto que se da una banda que se debe a su propia integridad. Entre medio, las más antiguas «The Grotesque» y «The Dreams You Dread» caen como misilazos para quienes esperaban algún clásico de la cepa más fina. Un premio a la paciencia, una muestra de gratitud si consideramos que la banda perfectamente pudo haber cancelado la fecha. Y las palabras de Kam Lee al público local, lejos del relleno y el discurso para la galería, le brindaron al show un sabor especial.

Como navegantes experimentados, los ingleses le dieron cara al mal tiempo y lograron evitar el naufragio de un show que se anunció hace poco más de un año. Cuervos volando en plena tormenta; en Benediction la convicción es fundamental. Las máquinas de guerra británicas resistieron los embates de la baja de último momento, y lograron nivelar su propio paradigma de muerte. Es el mundo del que habla Benediction, el que describe en sus propias escrituras; un mundo tan corrupto como sus gobernantes. Y el efecto purificador en vivo es lo que le da un lugar de distinción entre quienes sabemos de dónde proviene la mejor música.

 

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