The Kovenant en Chile: Los dragones del sexto sol
Cargando
Escrito por: Equipo SO

Por Claudio Miranda
Fotos por Rodrigo Damiani @SonidosOcultos

El debut de The Kovenant en nuestro país tenía un ingrediente especial, más allá de lo memorable que sería el primer cara a cara con el público chileno. Cuando anunciaron el regreso a los escenarios, el repaso completo su obra maestra «Nexus Polaris» (1998) conformaba un pasaje imperdible, sobretodo para quienes en 1998 descubrieron en dicha placa una apertura de posibilidades impensadas. Hablamos de una época en que el metal extremo estaba saturado de «la enésima copia de…», y el cambio de milenio priorizando tendencias como el nü-metal y la producción con sonidos electroindustriales. Para los nórdicos, quienes respiraban la misma biósfera creativa y sonora que los suizos de Samael y los fineses de …And Oceans, fue un punto angular y, a la vez, un objeto de culto entre los amantes del metal más orientado a la vanguardia y la fusión de estilos antes imposibles de concebir en el género.

Podríamos extender párrafos completos acerca de lo que la bestia espacial del ’98 forjó para las siguientes generaciones, así como de la convocatoria generada en un público que, en gran parte, promedia los 40 años y eran adolescentes durante el atardecer de la década del ’90. Y precisamente el segundo elemento mencionado es lo que se hizo notar en un cariola que se repletó de a poco en cancha y palcos. Si la reunión durante la temporada anterior daba la posibilidad de soñar con una visita a nuestro país, era cuestión de tiempo para que el anuncio de la fecha nos pasara del júbilo a una larga espera que llegó a su fin anoche en el recinto de calle San Diego.

En una jornada con los tiempos cumpliéndose con precisión absoluta, Aisthesis dio el puntapié inicial como primer representante del binomio nacional. En base a un black metal con vocación melódica, hubo un espectáculo consistente a nivel de sonido, adjunto a la caracterización visual de sus integrantes, muy al estilo de los sempiternos Immortal. A lo que vinieron, proyectando solidez en un estilo que expone la convicción de sus ejecutores ante un público que de a poco ingresaba al recinto.

Si hablamos de bandas nacionales con propuestas tan enormes como inclasificables, lo de Born in Saturn es un deleite para todos los gustos dentro de su propio universo. Una banda que no se queda en su raíz de death metal, sino que lleva el asunto hacia lugares ignotos, dotándose en el escenario tanto de una actitud vigorosa como la destreza instrumental y su expansiva paleta de arreglos sonoros. Y es que el desfile de pasajes como «Missing Time», «Upon», «Pazuzu» y «The Fool», en el directo se siente como una fuerza imperial que arrasa con toda convención establecida, siempre favoreciendo la construcción de su propia matriz creativa. En cortes inéditos como «I Don’t Know», por ejemplo, hay señales de un futuro donde el fulgor creativo de su propuesta refina su escritura, no sin antes pasar la prueba de la blancura en el directo. Todo lo que le da a Born in Saturn un sitial de honor en la primera división local, a punta de un objetivo que incursiona donde pocos se atreven a ir y regresan para contarlo.

Con el reloj marcando las 22 horas en punto, y tras una intro atmósferica que nos situaba de inmediato en órbita. el sueño de Covenant en Chile – así, a secas como los conocimos hace casi tres décadas- se volvió un hecho. A lo que fuimos, al viaje por Nexus Polaris en su totalidad, con el arranque de «The Sulphur Feast» como la primera descarga en una presentación brillante en todos sus flancos. Con Nagash al frente en voces y bajo, los de Hamar desplegaron toda su artillería sin pausas ni discursos para la galería; saben a lo que van, lo que esperan los fans. «Bizarre Cosmic Industries» y «Planetarium» le siguen igual de supremas y contundentes, con una Sara Jezebel deva pletórica en su desempeño como voz soprano en plena metralla de intensidad. Tan enorme como la estatura de Nexus Polaris registrada en el estudio, lo es el despliegue en vivo de una agrupación que se basta de lo justo y necesario para levantar una construcción monumental.

El viaje a través de Nexus… es raudo y profundo a la vez. Tal como en el disco, «The Last of Dragons», «Bringer of the Sixth Sun» y «Dragonheart» exponen al 100% la anatomía de una antología de relatos sobre el misterio del cosmos, donde el metal y los arreglos electro.sinfónicos conforman un equilibrio tan abrumador ayer como omnipresente hoy. Al mismo tiempo, las melodías cantadas a coro por todo el Cariola son la prueba irrefutable de lo que pudo haver sido Covenant si hubiese acatado las reglas del juego para ingresar a las grandes ligas. Es cosa de preguntarle a quienes dejaron la voz en «Planetary Black Elements», un pasaje con pinta de clásico indiscutible para todo amante del metal de vanguardia. De la misma forma, «Chariots of Thunder» clausura el viaje por Nexus Polaris y, lo más importante, demuestra la importancia de un buen trabajo discográfico en su aspecto orgánico desde el fondo conceptual. Lo que le da al álbum celebrado en vivo un carácter de experiencia liberadora, lo que nos hace sentir tanto grandes por el conocimiento adquirido como pequeños ante la infinidad de un universo aún desconocido.

La segunda parte del show nos transporta de inmediato hacia un territorio donde predomina la fusión electro-industrial que hizo de The Kovenant una agrupación totalmente ajena a la ortodoxia de turno. «Jihad», «New World Order», «Mirrors Paradise» y la elocuente «In the Name of the Future», todas aprovechando su turno en un espectáculo tan aplastante como purificador. Y eso lo sabemos quienes vimos a The Kovenant en su momento como un bicho raro de proporciones descomunales en su propuesta artística. Aún con todo el rollo vanguardista en cuestión, hay un momento especial para el primer LP «In Times Before the Light» (1995), cuando «Towards the Crown of Nights» comparte lugar con sus ‘hermanas menores’. Ahí donde empezó todo, de donde también reluce su potencia en vivo «Monarchs of the Mighty Darkness», la que culmina tanto la placa mencionada como lo que será recordado como uno de los shows más memorables y rutilantes que haya pasado por nuestro país.

Poco que agregar respecto a lo que nos deja el primer encuentro cercano con una banda que abrió el vórtice hacia la galaxia del sexto sol. Un mundo regido por los últimos dragones, donde la verdad oculta y la expresión desolada forman parte de una naturaleza sulfurante. En fin, qué sería de nuestra imaginación sin la Dimensión de Desconocida de Covenant. The Kovenant. The True Kovenant…. Da igual cómo le llamemos, mientras el caos dimensional y la estupidez renovada se mantengan en perfecta armonía.

Galería completa acá 

Este artículo ha sido visitado 284 veces, de las cuales 1 han sido hoy

Equipo SO
Director/Columnista
Más del autor