Si fuésemos chaqueteros, podríamos partir este review haciendo énfasis en el atraso de media hora y luego, desde la absoluta ignorancia, hacer una crítica destructiva de lo que fue la primera versión de #LaLlama en el Teatro Caupolicán. Sin embargo, el retraso y la larga espera, bien valió la cuando el encuentro latino de música popular se vivió, fue real y gustó mucho.
La audiencia lo sintió así. Poco a poco se retroalimentaba el público con la energía depositada en esa llama, la cual iba creciendo a medida que pasaban las bandas. También podríamos decir que la venta de alcohol mantuvo el ambiente prendido y la euforia se desataba exponencialmente luego de cada presentación.
Ángelo Pierattini tuvo el placer de encender los fuegos y su presentación fue impecable sonando potente con su banda perfectamente afiatada, acompañado por sus músicos, entre ellos su partner, Marcelo Da Venezia (Weichafe) en el bajo. No había tenido oportunidad de ver a Pierattini en su formato solista y puedo asegurar que su rock sigue presente y evoluciona coherentemente con su manera de pararse en el escenario.
Ángelo pasa rápido entre tema y tema. Sabe que el grueso de la fanaticada está esperando a sus compatriotas extranjeros, pero no se amilana y termina ganándose a gran parte de la cancha del Teatro Caupolicán que a eso de las 17.30 ya comienza a llenarse. Dos afortunados tuvieron la suerte de agarrar copias de su nuevo disco “Baila Dios” en un formato muy diferente (ver fotos). Show redondito. Muy bueno, cerrando con una conmovedora versión de “Manifiesto” de Víctor Jara.
Catupecu Machu, es una banda trasandina que conquistó a una buena cantidad de chilenos durante estos 20 años de trayectoria. Aparecen en escena a las 18.40 y la cordillera terminó de venirse abajo. El coro del público termina por cambiar su acento definitivamente y ya nos cuesta distinguir dónde están los chilenos, pues la presencia de uruguayos y argentinos se respira.
Fernando Ruiz Díaz, en los shows importantes, se encarga siempre de invocar a su hermano Gabriel y a otros grandes músicos dormidos como Gustavo Cerati y el sábado 9 de agosto no fue la excepción. Punto altísimo de la presentación; “Plan B: Anhelo de Satisfacción”. Intensamente emotiva esta vez, con un solo bastante más largo de lo común. Los éxitos no se echaron de menos y la cancha, palco y tribuna cantaron fuerte por primera vez en la jornada.
La Vela Puerca acercó el fútbol al Caupolicán, esa pasión que desborda lo peor y lo mejor de nosotros. Don Jorge Sampaoli llegaba a ver a una de sus bandas favoritas y los hinchas no dudaron en pedirle una foto. Tras una fuerte discusión, un guardia sacó a golpes a los primeros hinchas que pidieron foto con el entrenador. Violencia innecesaria. ¿Reclamos? A la FIFA, lamentablemente.
Tras la gresca incómoda, volvimos al show y las banderas flameantes se alzaron entre chicas de remeras arremangadas en hombros de sus pibes alentando y asumiendo lo que venga, sea para bien o todo mal. Pasadas las 21.30 de la noche, #LaLlama nos invita a conocer Uruguay a través de canticos y letras rockeras de la vida charrúa en lo que se establecía como un festival multicultural lleno de pasión futbolera. Muy bien encaminada la programación del festival. Aquí era imposible quedar ajeno al festejo.
Tomó Como Rey enfrenta la difícil salida de la fanaticada de la Vela Puerca. En pocos segundos, la cumbia chilena conquista brazos y piernas. Todos revolotean y se desordenan en la cancha, incluso la fiesta llegó hasta aquellos fríos pasillos del teatro. Algunos bailan mientras hacían fila para comprar algo que saciara el hambre a esa hora.
Las sorpresas de su show no pararon e hicieron evidente la unión entre las bandas de la nueva cumbia chilena apañando y pidiendo aplausos para sus colegas de Villa Cariño, Chico Trujillo, Juana fe, Guachupé, entre otros. El verdadero carrete no llegó hasta que don Rorro (Sinergia) se subió para interpretar “Carrete”, pero como no bastaba con eso, el gran final fue con más de 25 músicos sobre el escenario cuando invitaron a la banda chilena Rim Bam Bum. Notable.
No Te Va a Gustar aparece como el plato fuerte del Uruguay. Y tal vez, la gran fanaticada uruguaya viajó exclusivamente para esto. Al público chileno-uruguayo-argentino, se le suman distintas lenguas de otros países del cono sur y la noche fría no se siente en el recinto. Aquí se siente la joda y el que no la entiende se jode.
El rock uruguayo celebra también otros 20 años de trayectoria y Becaccece llega entonces para cantar junto a don Sampa. Hay tanto de fútbol en las letras de No Te Va a Gustar. Y ¿cómo chucha no me iban a gustar? Si la vida misma es una enseñanza que se refleja en un juego apasionado o en un concierto de rock bien elaborado. Increíble cierre de show junto a integrantes de la Vela Puerca casi a la una de la mañana. Y eso que aún falta la argentinidad al palo.
Poco me importó la hora a mí, pero mucha gente se fue antes de que Bersuit Vergarabat iniciara su presentación en La Llama 2014. Una pijamada mucho más canosa que la última vez que los vi, pero es imposible negar el talento de estos críticos de la sociedad argentina. Bersuit realmente te deja pensando de cabeza con su presentación.
“¡La puta madre! ¡¿Qué pasó con mi caramelo, un pacto para vivir y el estallido?!”. Escuché muchas críticas así. Y quizás también lo sentí, pero, ¡no me vengan con chorizos! La Bersuit sigue fuerte y en pié luego de que el pelado Cordera los dejara. Las armonías que hace Dani Suarez con el cóndor Sbarbatti, el show bluesero de Tito y su guitarra, esa versión diferente de Señor Cobranza, en fin. Tremendo show.
Buenísimas las casi 9 horas de festival. Ojalá no sea el último y felicitamos a la enorme cantidad de personas que trabajó para esto. Vamos a estar nuevamente con Sonidos Ocultos en el próximo y con la mente abierta, no solamente para tomarnos la foto pal instagram. Eso sí, esperamos que entre una banda y otra haya más agrupaciones aparte de Rage Against The Machine (aún cuando los RATM nos gustan mucho), pues pareciera que era lo único que había disponible en el primer encuentro latino de música popular realizado en Santiago.
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