Por Pablo Rumel.
ETÉREOS MURALLONES DE MATERIA PURA
Tras su debut en 2017 con Who Cares, Blaxem siguió forjando su camino en el metal con una serie de sencillos y algunos cambios de formación. Ahora, con la máquina bien engrasada, regresan del estudio con su nuevo EP Ethereal, que según palabras de la banda, no es solo una declaración de intenciones, sino la llave que abrirá las puertas al vasto mundo del metal. ¿Será capaz de abrir esa puerta? Lo analizaremos a fondo a través de cinco cortes que suman veinte minutos y veinticinco segundos.
Unos acordes sostenidos y pedregosos encienden las llamas del primer corte, «Grey Summit», dando el arranque con la voz de Daniel Hidalgo, quien además de hacer las guitarras rítmicas se ha encargado de mezclar y producir, erigiéndose como una suerte de taumaturgo sónico de Blaxem. Los gritos son asesinos, como filtrados a través de capas de hielo, vocalizando unos tonos más graves en clave deathmetalera vieja escuela. Al minuto cuarenta y cinco oímos unos riffs como serruchos, con una ráfaga de sintetizadores atronados con el sonido de batería, obra y gracia de Robert Unger Burmeister, con un destacable juego de doble bombo y aceleradas a pura caja. La canción inicial se siente como un vértigo demencial, intercalando velocidad y medios tempos con la sabiduría de los que saben que la rapidez es solo una faceta del metal.
Ahora sí, del cabeceo saltamos al mosh, con un arranque a toda máquina en «Miscelleaneous», pero cuidado, no es una pieza de pura patada y combo, una batería de ritmos medios repleta de fills sabrosones, crean secciones melódicas donde la voz abandona el desgarro y se decanta por vocalizaciones limpias, sosteniendo las notas de manera magistral; una vez más, la canción toma otro rumbo y la voz se desgarra, creando esa atmosfera esquizofrénica que los chicos nos proponen, y es que la lírica trata sobre la posesión y la manipulación enfermiza; los Blaxem nos envían a rincones profundos de pura introspección, medios tiempos con riffs asesinos, y velocidades de alta metralla destructiva. La segunda mitad nos deja entre la quietud, pesada y afilada, con nuevas secciones rítmicas arrastradas, destacando el solo veloz de guitarra, a cargo de Guillermo Malatesta, con escalas de alto sentimiento blusero intercaladas con digitaciones veloces: lo hace en breve, sin exagerar, aportando mayor dramatismo.
Y llegamos al corte que da título al EP, «Ethereal»; unas guitarras serpenteantes dan paso a una sección con mayor predominancia de las cuatro cuerdas, ejecutadas por Marcelo Romanini, metiéndole unas líneas de bajo ásperas que dan mayor contundencia a la propuesta. La voz de Daniel se ennegrece, demostrando su elevada técnica al transitar de gritos agudos, como sacados del congelador, a tonos profundos y limpios, como si tuviera un switch incorporado en el diafragma. Las guitarras rítmicas aplican palm-mute y cambios de velocidad, con secciones llenas de deslizamientos por el diapasón y una base ultra sincopada que tensa las cuerdas. Esto da como resultado un sonido muy orgánico que, pese a los arreglos con sintetizadores, no cae en una factura industrial. Las cuerdas tensionadas se sienten vivas, lo que refuerza una propuesta moderna con una clara inspiración tradicional.
«Images of tomorrow»: Una vez más el señor Daniel Hidalgo sorprende con un registro de voz diferente, más melódico y limpio, en tonos medios, con un toque que recuerda a las viejas glorias del Grunge, ligeramente raspado. Unos arpegios melancólicos estructuran el inicio, una canción llena de sentimiento y nostalgia que habla de la insatisfacción y del afán de tener más y más. La base rítmica es lenta y espaciosa, el solo de guitarra es otro gran punto, con ligados veloces exquisitos y notas altas sostenidas que por un momento nos recuerda al bueno de Petrucci en formato power ballad. La sección final está muy lograda, la voz es puro sentimiento de desgarro, con un grito de lamento y un cierre acústico impecable.
Y llegamos a «Radiant Abyss», una canción que en efecto suena a abismo radiante, con un riff repetitivo que induce al trance hipnótico, articulando un esqueleto metálico del cual emergen como clavículas espinosas unos coros tipo soprano que nos dejan boquiabiertos, pues rompen toda la propuesta presentada por Blaxem hasta el momento. El fraseo vocal de nuevo es limpio, en una moldura sinfónica, nuevo territorio recorrido por la banda; el sentimiento sombrío impera como pájaro negro sobre las notas, convirtiendo la apuesta Groove en una resonante catedral de vidrios afilados: el solo final se arrastra con maestría sobre un puente construido por una poderosa base batería-bajo y sintetizadores atmosféricos, rematando esta joya con un grito final que nos atraviesa el espinazo. Mejor manera de cerrar el disco, imposible.
Creo que los chicos de Blaxem se quedan cortos con la metáfora de la llave: yo diría que Ethereal se trata de un ariete remachado con una cabeza llena de cuernos, listos para asaltar los infernales cuarteles del metal. En honor a la verdad, no sabemos aún como podría encajar todo este material en un larga duración, pero a media distancia es un disco-joya, disfrutable de principio a fin. Puntos bajos: ninguno. Puntos altos: ingeniería de sonido pulida, cada instrumento resonando en su propia frecuencia; trabajo vocal envidiable; percusión arrolladora; base rítmica impecable, no quedándose en el mero recurso de afinaciones bajas para simular más peso, al revés, acá nada es fingido ni basado en artilugios, todo es ejecutado con fuerza, profesionalismo y virtuosismo, en síntesis, Ethereal se trata de densos murallones etéreos de materia pura.
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