Foltzone – Electric Mischief/Second Hand Dream (2019)
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Foltzone – Electric Mischief/Second Hand Dream (2019)

Foltzone – Electric Mischief/Second Hand Dream (2019)

martes 10 de diciembre, 2019

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Escrito por: Álvaro Molina

Luego de irrumpir el 2017 con su EP ‘Manual’, los Foltzone volvieron este año ampliando su catálogo y fronteras sónicas con dos sencillos nuevamente al alero del Sello Armatoste Brazo Discográfico. Si en su EP debut el garage de raíz stoner y psicodélica los mostraba como una agrupación coherente con la estética musical y colorida producción – no era necesario pasarse el rollo de sacrificar pulcritud por «actitud» -, en los sencillos ‘Electric Mischief’ y ‘Second Hand Dream’, la banda santiaguina exorciza los elementos más predecibles de su música. Volviendo a reafirmar la alianza con el productor Maxo Soublette en grabación y mezcla (e incluyendo a Pablo Orellana de Blosqui Música en producción y a Francisco Holzmann de Clio en la masterización), ahora la apuesta de Foltzone está en favor de explorar nuevas capas entramadas en la velocidad, las guitarras y los teclados y sintetizadores, sin necesariamente decirle adiós a su espíritu rabioso y dentado en el garage.

Con una incendiaria introducción, ‘Electric Mischief’ – lanzado en agosto de este año – obliga a salir inmediatamente de la zona de confort. Algo que podría haber sido más de lo mismo, engatusa la oreja espontáneamente. La amalgama de «psych-garage» se refuerza con la furia del noise y la distorsión (algo así como Queens of the Stone Age estrechando la mano más «amable» de Sonic Youth). Los bramidos descarnados y agitaciones guitarreras de Matías Vásquez se elevan por encima de la intensidad del resto de la banda, quienes recorren a toda velocidad esta carretera sónica de «erotismo y liberación mental». Hay un tono de lascivia y lujuria en los ritmos y colores de la canción, perturbadores en algunos momentos, con el piano de Matías Fuentes adornando de forma ominosa momentos precisos de la canción. Un sencillo que va directo al choque, sin rodeos y ahorrándose cualquier digresión en sus casi tres minutos de duración.

Por su parte, ‘Second Hand Dream’ apareció a fines de noviembre, deslizando ciertas coincidencias sociales y temporales. Según la banda, la canción «es como un carrusel emocional: una invitación a cuestionar nuestros sueños y objetivos, a evitar el carril de los sueños usados y de segunda mano. Un llamado a escuchar nuestra voz propia». Sueños y objetivos que, para muchos, hoy (y desde hace rato) se encuentran decaídos y provocan un picor nervioso sobre el futuro. Sin embargo, la música es punto de encuentro y reflexión, jamás deshumanizada ni despojada de su conmovedora esencia. Y menos en este caso. El «carrusel emocional» del tema se mueve por una atmósfera exuberante de ritmos, matices y pulsos que continúan las exploraciones hacia las profundidades psicodélicas de Foltzone. ¿Quizás una vocación más progresiva? Quién sabe. Lo cierto es que no hay ideas «de segunda mano»; quizás algunos puntos en común con la escarpada voz de (Matías) Vásquez que ya es como su marca registrada. Pero la batería de Ismael Vásquez palpita, acelera y desacelera a lo largo de la canción, a ratos de manera impredecible, estimulando su propia originalidad y evitando la autocomplacencia.

Ahora la tarea es no perder el rumbo ni las ganas. Quizás ambos sencillos prometen un nuevo camino para Foltzone. Ojalá.

(Reseña en inglés)

After bursting in 2017 with their ‘Manual EP’, Foltzone made a comeback this year broadening their catalog and sonic frontiers with two new singles via Sello Armatoste Brazo Discográfico. Through a fierce garage rooted in stoned, bluesy textures, their debut EP showed them as a cohesive outfit, in tune with sixties-meets-modern age aesthetics and an overt colorful production – not giving a shit about giving up neatness in favor of “attitude”. Drawing from these same principles, new singles ‘Electric Mischief’ and ‘Second Hand Dream’ exorcize the most predictable elements of their music. Reaffirming the alliance with producer Maxo Soublette for recording and mixing (and bringing in Pablo Orellana of Bloqui Música for production and Francisco Holzmann of Clio for mastering), Foltzone raises their stakes for exploring new layers in a lattice of speed, guitars and synths, without giving a farewell to their (now) idiosyncratic vim and jagged garage spirit.

An incendiary intro welcomes you to ‘Electric Mischief’ – released in August -, kicking you out of any comfort zone. Something that could’ve been more of the same, engages the ear right away, spontaneously. The psych-garage amalgam reinforces with a noisy fury and distorted melodies à la Dinosaur Jr. (or, maybe, think of Queens of the Stone Age stretching Sonic Youth’s most “friendly” hand). The gritty roars and churning guitars of Matías Vásquez soar over the exhilarating intensity of Ismael Vásquez (drums) and Matías Fuentes (synths/keys), picturing a full-throttle runaround through this unbridled sonic highway of “erotica and mind liberation”. And, yeah, that’s kinda true; there’s a lavish-y and lusty tone on the rythms and colors of the song, even considering the ominous moments where Fuentes’ piano glides in on the most precise instants. A sheer 3-minute-straightforward single, that avoids beating around the bush and keeps clear of any stinking fly of digression.

On the other hand, ‘Second Hand Dream’ made its debut on the latter November days, sliding some conceptual and timing coincidences with the Chilean social unrest. According to the band, the song is all about “an emotional carrousel: an invitation to question our dreams and goals, to avoid the lane of used and (you guessed it) second hand dreams. A call for listening to our own innervoice”. Dreams and goals that, for many (and since way too long), are crestfallen and cause some sort of itchiness about the future. However, let’s not forget that music is a meeting point for reflection, never dehumanized nor shattered from its poignant impact. The song’s “emotional carrousel” goes circling around a lush atmosphere of rhythms, nuanced melodies and a propelling, driving force that delve deeper into Foltzone’s enthusiasm for psychedelic soundscapes. Maybe a progressive allure? Who knows. Truth is, there are no “second hand” ideas; maybe some commonplaces with (Matías) Vásquez’ bellowing vocals, but that’s kinda his trademark by now. Still, Ismael’s drum kit keeps on throbbing on forceful rhythms, hitting the gas and slowing down throughout the song, sometimes even in a surprising and unpredictable way, stimulating his own originality and kicking out any self-indulgent feeling.

So, what comes now? Hopefully, not losing the course nor the urge. Maybe both singles are promises for a new album. Hopefully.

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