La primera vez que tuve la posibilidad de oír una canción de Paulo Ugarte llegó en un momento muy especial. Estaba frente a un gran examen y oí “Deja que te diga” 15 minutos antes de enfrentar a la comisión. El resultado del examen fue positivo, pero me quedó más en la retina la canción. Debo aclarar que me marcó y desde ese minuto empecé a informarme sobre la música de este artista chileno.
Ahora, después de un año, tengo la opción de disfrutar del disco “Blanco”. Y vaya que la he disfrutado ya que es un álbum realizado con mucha seriedad y demuestra una aplicación y persecución por el trabajo bien hecho. Las canciones están llenas de imágenes, historias, vivencias. Si, es un disco vivo, pero transparente. Blanco, limpio, honesto.
Sin mucho esfuerzo, a medida que pasan las canciones, el disco te va atrapando. Esta atrapada puede producirse por la música misma o bien, por las letras. Uno se queda pegado porque son, en algunos casos, historias muy ejemplificadotas que uno ha vivido o que ha visto directamente o a la vuelta de la esquina.
Las canciones demuestran todas las influencias de Ugarte. Desde el jazz hasta la cueca más arraigada en la zona central de Chile tienen su lugar de privilegio dentro del álbum. Lo más destacado es que aparecen naturalmente, fluyen y pasan tranquilas por los sentidos del oyente. Las letras rescatan, además de historias, imágenes y hechos puntuales muy sencillos (Amanecer, atardecer, niños, amor), pero llenos de “fuerza narrativa” si se pudiese definir de alguna manera.
Paulo Ugarte ha dedicado prácticamente toda su vida a la música. El disco es un reflejo blanco de aquella entrega. Cuando un músico se desvive, se nota. “Canto con el corazón”, recita en “Recuerdo de Estrellas”, una frase que suena como un buen resumen de su trabajo. Una labor blanca, transparente y empapada de honestidad.
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