Sikario: anatomía de una venganza sonora
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Escrito por: Equipo SO

Por Pablo Rumel.

Desde el primer riff, Sikario te agarra del cogote y no te suelta: lo suyo no es solo tocar fuerte, es hacerlo con intención, con violencia medida y precisión quirúrgica. Cada canción de Re-elegant and merciless revenge (¡manso título!) está puesto ahí para que el respetable se lesione las cervicales, entre palancas asesinas, quiebres inesperados y una muralla de sonido que no deja espacio para el descanso.

Con «Apple of Discord» comienza esta venganza elegante e inmisericorde. Con teclados que evocan penumbras, a zonas neblinosas, son casi dos minutos de alta tensión, excelente frontispicio que nos propone ingresar a la psique de un trastornado mental, o acaso a la locura misma. La quietud se rompe con una descarga de acordes secos y golpes de platillos: de un momento a otro estalla una seguidilla de riffs de galope entrecortado y clásicas afinaciones bajas, con blast beats como el diablo manda, estamos ante un death metal más pestilente que la tumba del viejo del saco y Émile Dubois juntos.

Y eso es solo la intro. Tras el fragmento de algún film que desconocemos, en «Justification of a murder», nos llega por fin la hermosa voz de Alberto Arenas, sí, arenosa y cavernosa, como tráquea encementada con gusanos y perforada por clavos oxidados, en la línea de un Jason Netherto de Dying Fetus o un Frank Mullen (Suffocation), voz altamente entrenada y trabajada, eso se nota a la distancia, con tonos gravísimos y excelente vocalización. El ritmo es machacante, con secciones ultrarrápidas y quiebres sabrosos con armónicos que condimentan mejor esta preparación. Momentos destacables: las secciones veloces de tapping, los cambios de marcha y el arranque, abrasivo y contundente.

Ya llegando a «Destroy The Messiah» confirmamos una arquitectura rítmica sincopada. El trabajo del batero Tom García es soberbio, agregando polirritmia y caos a las partes de mayor locura, y control y técnica cuando los ataques de guitarras son medidos: Sikario suena a progresivo, pero ojo, a progresivo con un chaleco de dinamitas y un corvo de dos metros entre los dientes. Los acordes guitarrísticos se sostienen al borde del acople, y esta mala intención está ahí para potenciar los riffs más bangereables, puestos para que el respetable se lesione las cervicales del cuello.

Por lo demás, el torbellino de notas se amolda a la perfección a la voz de Arenas, quien además se encarga de hacer las guitarras junto a  Alejandro González: hay secciones melódicas y otras más descarnadas, a veces a puro palm-muteo y otras con despliegue veloz por el diapasón: acá la monotonía no existe, las figuras cambian pero la descarga de decibles no baja, siempre arriba y poderosa. Cabe destacar también la labor de Erick Martínez a cargo del sonido de este album. 

«Invoked Decadence» es un corte breve, guitarras arpegiadas y medio sucias, con unas líneas de bajo oxidadas y lentas: el compás rítmico del arranque es lento, y pese a que la melodía se mueve entre la lentitud y los medios tiempos, la batería le aplica doble bombo a toda máquina; eso sí, machacando las cajas, toms y platillos de forma calculada, entre los breves silencios, nunca abusando de la fuerza. Pieza breve que perfectamente puede servir como intro o breve descanso entre canciones de mayor aliento.

En «Judgement in the Purgatory» se percibe de inmediato un desarrollo diferente, con rasgueos rítmicos más espaciados al inicio, y secciones totalmente blackmetaleras tras un breve corte. Oiremos notables interludios con guitarras gemelas, resaltando una vez más el trabajo de la percusión: la maquinaria va a tope, no ensucia la canción abusando de ráfagas de cajas y bombos, la dirección y la ejecución son notables. Por lo demás, los Sikario en ningún momento caen en una monotonía hipnótica (que por supuesto per se no es negativa) decantándose por la progresión: el solo final, asesino, con palanca de trémolo a lo Jeff Hanneman (QEPD) y vibratos asesinos, ofician de cierre perfecto para un temazo que brilla por sí solo en este álbum.

«Odio Engendrado» es el corte clásico cantado en español. Se trata de una pieza cortita, que va directo al hueso, sin mayores interludios ni quiebres, pero eso sí con gran desarrollo de guitarras solistas al cierre, destacando las líneas de bajo, obra y gracia de Pablo Cabrera, las cuales son más audibles, esto debido a que las notas altas predominan con más intensidad.

«The End of the Aisle» es brevísima, menos de un minuto. Sintetizadores recrean una atmosfera de oscuridad macabra, con notas de piano y synths que emulan violines desafinados. Complemento perfecto para el siguiente track, «Rotten Head», canción donde predominan los tiempos medios, pero como hemos señalado, con quiebres de mayor velocidad. Sikario evita la monotonía a toda costa y lo logra a la perfección. Acá el diálogo de guitarras es más fluido, con riffs que rememoran al viejo Pantera (¡glorioso años) o de los antiguos Machine Head, con cierta cadencia levemente industrial, pero que no se malinterprete: son exploraciones que no terminan por traicionar el proyecto.

Ya en «Evil Glass», single de 2022 e interpretado en vivo, es una canción con una moldura mucho más trhashera, pero de ese thrash de bombas atómicas, desiertos desolados y gente más mala que el natre. Punteos estilo tremolo picking relentizados (joyas de oro puro), intercalados con compases ultra-acelerados, con fraseos vocales que son pura recitación poética macabra y aceleraciones tuca-tuca de toda la vida, complementan este corte con solos muy bien ejecutados. El uso del doble bombo resalta por lo atronador, y este recurso está bien medido; nunca es cansino, el baterista sabe cuándo cambiar de dirección y no abusar de los recursos. Las cuatro cuerdas no son especialmente audibles acá, pero ejecutan con solidez la densidad endiablada que el tema demanda. El segundo solo y los riffs finales tienen ese aire a Gotemburgo que los fans deathmetaleros de toda la vida aplaudirán a rabiar.

Y llegamos a «Judgement»… ¿de nuevo? Sí, pero interpretada en muerto y en diferido. Excelente ejercicio el de escuchar primero el registro de estudio y luego lanzarse a este registro. Un manjar oír los rasgueos o los silencios forzados de las guitarras, sin perder nitidez ni interpretación, demostrando ahí mismo, en nuestros propios oídos el poderío atronador de esta bandaza.

Con Re-elegant and Merciless Revenge, Sikario no solo firma su mejor entrega hasta la fecha: dispara una advertencia directa al pecho de la escena metalera. No vinieron a pedir permiso ni a rendir culto a las formas; vinieron a reventarlas. Este disco es un manifiesto: técnica sin frío, brutalidad con cabeza, caos con diseño. Lo suyo es guerra organizada, y si esto es venganza, que vengan más como esta.10 de 10.

 

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