Tool – Fear Inoculum (2019)
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Tool – Fear Inoculum (2019)

Tool – Fear Inoculum (2019)

lunes 23 de septiembre, 2019

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Escrito por: Matías Burgos

Fan de Tool o no, es prácticamente imposible no haber escuchado el clamor y la desesperación de sus seguidores durante 13 largos años, quienes rogaban por un nuevo álbum mientras la banda apenas deslizaba intenciones de hacer “algo”. Al fin, la espera terminó y salió a la luz “Fear Inoculum”, su quinto LP, alabado por la crítica y con opiniones mixtas de sus seguidores.

Aunque lo que parece ser la mayoría destaca esta obra como un magnum opus y un largo etcétera de expresiones de admiración, otros no pueden creer que se hayan tomado tanto tiempo en hacer “la misma hueá de nuevo”. Personalmente, no soy un auditor de Tool. Cuando niño, saqué de la repisa de mi hermana los cd’s de “Undertow” y “AEnima”, momento en el que quedé intrigado por su arte visual. Más tarde, fue el bajo y el video de “Schism” lo que captó mi atención de nuevo. Lo mismo me pasó cuando supe que uno de mis artistas favoritos, Alex Grey, ilustró de forma alucinante “Lateralus” y “10,000 Days”.

Después de eso, lo único que llegó a mis oídos eran los rumores y los chistes sobre la banda viniendo a Chile. Eso hasta ahora, en que me veo vencido por la curiosidad y cuando la posibilidad de un concierto en el Estadio Nacional (¿?) parece más cerca que nunca.

El corte que abre el disco, “Fear Inoculum”, se construye desde una tranquila pero inquieta base entre mística y eléctrica, con ciclos de tambores y guitarras en oleadas de volumen. Una especie de larga intro  antes de la figura monolítica de múltiples capas de acordes, matizados por la suave pero angustiante voz de Maynard James Keenan. “Pneuma” es más apretada y oscura, con grandes momentos rítmicos, aumentando su peso en cada golpe de forma inadvertida si es que uno se deja sumergir en la escucha. Los riffs son recatados, dejando más lugar para que brille el ritmo (y de paso, la maestra batería de Danny Carey), alcanzando un pináculo donde el conjunto deja salir todo como un respiro después del ahogo.

Luego de un primer y corto interludio donde juegan con la modulación de un sintetizador, llamado “Litanie contre la Peur”, sigue “Invincible”. A estas alturas, la dinámica “Tool” de hacer canciones queda bastante clara, aunque sí apuestan por algo más exploratorio con toques digitales que matizan las secuencias de metal pesado.

“Legion Inoculant” continúa donde “Litanie…” se fue, captando interferencias de ruido blanco y espacios vacíos (tan importantes como donde hay ruido). Más suave y triste, “Descending” da la primera luminosidad del álbum que se enarbola en una plegaria, lanzada en un espiral en descenso, mientras que “Culling Voices” es un ejemplo de que la banda tiene los seguidores con más paciencia del mundo, demorándose seis letárgicos minutos en resolver su explosión sabbáthica.

“Chocolate Chip Trip” es una de las gemas del disco, donde la habilidad de Carey va más allá de solo tocar bien ya que se nota que su música es algo espiritual, de trance y movimiento de energías. Bien enlazada, “7empest” es frontalmente agresiva y sin las largas secciones introspectivas, donde Adam Jones toma su turno de atención despachando riffs y solos impresionantes, desconcertantes, superando toda expectativa cuando se adentra de lleno al componente psicodélico que reside en el conjunto.

Después de la despedida con el canto de un ave robótica en “Mockingbeat”, uno se pregunta dónde se fueron los últimos 86 minutos, donde sería fácil referirse a las extensas partes que la banda dedica a la construcción de un escenario en cada tema. En realidad, “Fear Inoculum” también da cuenta de que Tool ya tiene un estilo muy definido, que podría causar la sensación de que sus composiciones suenan similares entre sí. Algo que salvan planteando obras que, mediante habilidad y dedicación verdadera a su arte, demandan la atención necesaria para revelarse como catarsis de diversas emociones. Ese es un poder que ni 13 años de silencio discográfico podrían eliminar.

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Matías Burgos
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